El papa León XIV advirtió este sábado en San Marino de que ciertos proyectos políticos y económicos invocan la libertad mientras reproducen nuevas formas de sometimiento al poder y a sus intereses.
El pontífice formuló esta reflexión durante el discurso pronunciado ante las autoridades y representantes de la sociedad civil en el Palacio Público de la capital sanmarinense. Tomando como referencia el histórico lema de la república, «Libertas», denunció la idolatría capaz de corromper desde su origen iniciativas que se presentan como liberadoras, pero acaban subordinadas a otras formas de dominación.
León XIV llegó a San Marino a las 08.45 hora local —06.45 GMT— en un helicóptero procedente del Vaticano. A su llegada fue recibido por los capitanes regentes, Alice Mina y Vladimiro Selva, además de otros representantes institucionales.
En su intervención, el papa defendió que la libertad colectiva no puede sostenerse si no existe, previamente, una auténtica libertad personal. De ahí, señaló, la necesidad de proteger la conciencia individual frente a las presiones políticas, económicas y sociales.
El pontífice presentó a San Marino, considerada la república más antigua del mundo, como un posible espacio de experimentación para una política orientada al bien común. A su juicio, los principios de la doctrina social de la Iglesia pueden contribuir a ese objetivo sin menoscabar el carácter laico del Estado.
Entre esos principios citó el destino universal de los bienes, la justicia social y el equilibrio entre solidaridad y subsidiariedad. La reducida dimensión territorial y demográfica de San Marino permitiría, según explicó, mantener una relación más cercana entre las instituciones y los ciudadanos y favorecer, de ese modo, una democracia más efectiva.
Para León XIV, el centro de la acción pública debe ser el cuidado de la persona. En ese sentido, valoró que una comunidad capaz de combinar sus tradiciones históricas con el desarrollo tecnológico pueda traducir ese compromiso en la protección de la vida desde su concepción hasta la muerte natural.
El papa abordó asimismo el papel de la diplomacia en una época marcada por la agresividad verbal, las comunicaciones impulsivas y la imposición de relaciones de fuerza. Retomando una reflexión contenida en su primera encíclica, Magnifica humanitas, defendió el diálogo incluso con actores considerados incómodos o cuya legitimidad como interlocutores sea cuestionada.
León XIV elogió, además, la tradición sanmarinense de acogida y agradeció la hospitalidad dispensada durante los últimos años a ciudadanos ucranianos. También destacó el compromiso de la república con el derecho internacional humanitario, cuyas normas, lamentó, son ignoradas o vulneradas diariamente en distintos escenarios de conflicto.
La visita coincide con el centenario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y San Marino, iniciado en 1926. León XIV prolonga así una tradición seguida por Juan Pablo II, que visitó la república en 1982, y Benedicto XVI, que lo hizo en 2011.
Después de su encuentro con las autoridades, el pontífice se desplazó a pie hasta la Basílica de San Marino para reunirse con miembros del clero y de la comunidad católica local.
Allí animó a los jóvenes a asumir activamente su responsabilidad en la sociedad y a no eludir decisiones exigentes relacionadas con el matrimonio, la vida consagrada, el sacerdocio, la profesión o el compromiso político y social. También los instó a prepararse para las responsabilidades que deberán afrontar.
La agenda del pontífice continuó con un traslado en helicóptero hasta la provincia italiana de Rímini, donde tenía previsto almorzar en privado con una comunidad de monjas agustinas antes de participar, por la tarde, en el Encuentro por la Amistad entre los Pueblos.