Veinte días después de la entrada masiva desde Marruecos, la dimensión humana de la crisis permanece abierta. Decenas de cadáveres siguen sin nombre, miles de migrantes continúan en una ciudad desbordada y los servicios forenses, sanitarios y asistenciales trabajan bajo una presión extraordinaria. Los entierros de los fallecidos no identificados ponen rostro a una tragedia que el enfrentamiento político amenaza con relegar a segundo plano.
Ceuta se dispone a enterrar a decenas de personas que murieron intentando alcanzar territorio español durante la entrada masiva de migrantes del 30 y 31 de julio. El Instituto de Medicina Legal ha practicado las autopsias a 82 fallecidos vinculados a aquellos días y solo seis han podido ser identificados. Los restantes cuerpos permanecen en las instalaciones habilitadas de urgencia en el antiguo hospital militar, pero las limitaciones de conservación obligan ya a proceder a su inhumación. El cementerio musulmán Sidi Embarek acogerá los entierros por tandas, conforme al rito islámico.
La cifra permite medir apenas una parte de lo ocurrido. El director del Instituto de Medicina Legal de Ceuta, Manuel Aparcero, describe una sucesión de cadáveres recuperados del agua mientras otras personas conseguían alcanzar la playa con vida. El pequeño servicio forense local, dotado habitualmente con tres médicos y siete cámaras frigoríficas, quedó sobrepasado por una emergencia para la que fue necesario activar el protocolo nacional previsto para sucesos con víctimas múltiples. «Muchos compañeros se rompieron, yo el primero», reconoce Aparcero tras jornadas que llegaron a prolongarse durante 14 horas.
Una morgue levantada para la emergencia
El Ministerio de Justicia movilizó forenses y técnicos de distintas provincias y se habilitó una gran cámara frigorífica en el antiguo hospital militar. Los cuerpos fueron sometidos a autopsia, toma de muestras biológicas, huellas y necrorreseñas dactilares para intentar devolverles un nombre. La Guardia Civil procesa esos datos y espera cotejarlos con muestras aportadas por familiares y con información de las autoridades marroquíes. La identificación puede continuar después de los entierros, pero mantener indefinidamente los cadáveres sin sepultar resulta imposible.
El dispositivo ha intentado preservar también la dignidad de los fallecidos. Tras las autopsias, los cuerpos fueron lavados y amortajados siguiendo el rito musulmán. Los que todavía carecen de identidad serán enterrados con un número asignado y con toda la información disponible sobre ellos, desde el lugar donde fueron encontrados hasta su vestimenta y características físicas, con el propósito de conservar una trazabilidad que permita identificarlos posteriormente. La mayoría de las familias marroquíes o subsaharianas no suelen reclamar los restos de quienes fallecen intentando alcanzar Ceuta, según la experiencia de las autoridades locales.
Miles de personas siguen en Ceuta
La emergencia, sin embargo, no termina en el cementerio. Tras una llegada que las fuentes utilizadas sitúan en decenas de miles de personas, varios miles permanecen todavía en Ceuta y más de 2.000 menores han sido identificados. Las cifras fluctúan conforme avanzan las filiaciones y retornos. La magnitud del episodio ha obligado a transformar espacios públicos, instalaciones deportivas y dependencias improvisadas en lugares de acogida, mientras centenares de personas continúan expuestas a condiciones de hacinamiento y precariedad.
La situación está repercutiendo directamente sobre la sanidad. El Colegio de Enfermería denuncia más de 200 atenciones diarias y una plantilla insuficiente, con profesionales obligados a doblar turnos. Se han registrado más de 200 casos de gastroenteritis aguda, además de sarna, impétigo y tuberculosis. Los sanitarios advierten especialmente de la dificultad para realizar seguimiento epidemiológico entre quienes permanecen en asentamientos improvisados.
El hacinamiento, no el origen
La Sociedad Española de Epidemiología ha advertido expresamente contra la identificación entre inmigración y enfermedad. Su presidenta, Maria João Forjaz, sostiene que atribuir los brotes al origen de los migrantes es «sanitariamente erróneo» y peligroso. El problema epidemiológico está en las condiciones materiales. El hacinamiento facilita las enfermedades cutáneas y respiratorias, y la insuficiencia de agua potable, alimentación e higiene favorece las afecciones gastrointestinales. También se han detectado casos de sarna entre militares destinados en Ceuta, que Defensa desvincula de su intervención en la emergencia migratoria.
La crisis ha dejado así varias emergencias superpuestas: la migratoria, pero también la humanitaria, sanitaria, judicial y funeraria. Mientras Gobierno y oposición endurecen su enfrentamiento sobre retornos, menores y responsabilidades políticas, los servicios públicos continúan gestionando las consecuencias inmediatas de los días 30 y 31 de julio. Para los forenses que recogieron los cuerpos en El Tarajal, esa dimensión resulta difícil de abstraer en cifras. Los entierros de quienes siguen sin nombre cierran administrativamente una parte de la emergencia, pero no resuelven la identificación pendiente ni la situación de quienes sobrevivieron.