Epidemiólogos alertan por la falta de cribados de tuberculosis en Ceuta

20 août 2026 - 10:36

Los especialistas en salud pública reclaman pruebas precoces de tuberculosis para los migrantes llegados a Ceuta, tal y como marcan las recomendaciones del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades. El riesgo de contagio para la población general es bajo, pero el hacinamiento en que viven miles de personas en la ciudad autónoma genera condiciones propicias para brotes. El cribado no se está haciendo y los expertos lo consideran un error ético y epidemiológico.

Los epidemiólogos llevan semanas advirtiendo de lo mismo: hay que hacer cribados precoces de tuberculosis entre las personas que llegaron a Ceuta, y no se están haciendo. Las recomendaciones del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) son claras al respecto, y los especialistas consultados por distintos medios insisten en que el contexto actual —miles de personas hacinadas en playas, descampados e instalaciones provisionales sin duchas ni condiciones básicas— es precisamente el que favorece la transmisión de la enfermedad y el retraso en el diagnóstico.

Eso no significa que la tuberculosis sea una amenaza inminente para la ciudadanía de Ceuta. El riesgo de contagio para la población general es, según las mismas fuentes científicas, «muy bajo». La tuberculosis no se transmite con la facilidad del sarampión o la gripe: requiere un contacto estrecho y prolongado con una persona con la enfermedad activa, y en adultos solo un 3% de los infectados desarrolla la enfermedad. Pero la ausencia de cribados en una situación de emergencia humanitaria no es solo un problema para los migrantes: es un problema de salud pública que afecta a todos.

El riesgo real según los expertos

El epidemiólogo Joan Caylà ha sido uno de los más explícitos en su diagnóstico. Las personas subsaharianas que llegan a Europa, explicó, traen a sus espaldas una travesía larga con condiciones de vida muy duras, proceden de países con alta incidencia de tuberculosis y se encuentran, al llegar, en situaciones de hacinamiento y sinhogarismo que la OMS identifica como los principales factores de riesgo de la enfermedad. «Habría que revisar a todas estas personas. No se está haciendo», denunció Caylà. Los hacinamientos, añadió, hacen que la tuberculosis sea de fácil transmisión, y los retrasos diagnósticos favorecen los brotes.

Los datos de España en 2024, el último año del que se dispone de cifras de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Renave) del Ministerio de Ciencia, revelan que se notificaron 4.624 casos de tuberculosis en todo el país: 354 fueron considerados importados y 4.270 fueron casos autóctonos. La tasa fue de 8,8 casos por cada 100.000 habitantes. La incidencia, además, está aumentando. Marruecos tiene una incidencia de tuberculosis diez veces superior a la española; los países subsaharianos presentan tasas aún más elevadas. Muchos de los migrantes que llegaron a Ceuta proceden de ese contexto epidemiológico.

«Discriminarlos sería no hacerlo»

El argumento central de los especialistas no es alarmista: es ético. Caylà lo formuló con precisión: «Si revisamos a estas personas, se pueden beneficiar de un tratamiento precoz, así como evitar contagios. Eso no es discriminar a inmigrantes. Discriminarlos sería no hacerlo». El cribado precoz permite detectar la enfermedad en fases tempranas, cuando el tratamiento es más efectivo y el riesgo de contagio para el entorno es menor. No hacerlo, en un contexto de hacinamiento, implica dejar que la enfermedad se extienda silenciosamente hasta que los síntomas sean lo suficientemente graves como para requerir atención hospitalaria.

Pere-Joan Cardona, jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Germans Trias i Pujol, insistió en que la tuberculosis no debe equipararse a enfermedades de transmisión aérea fácil. La diferencia es fundamental: el contagio «no es tan fácil como con la gripe o el covid» porque requiere un contacto estrecho y continuo. Solo un 3% de la gente infectada desarrolla la enfermedad en fase adulta. Pero ninguna de estas precisiones invalida la necesidad del cribado: la hacen más urgente, porque sin diagnóstico no hay tratamiento, y sin tratamiento el porcentaje de quienes desarrollan la enfermedad activa sube.

Condiciones actuales y prerequisito sanitario

El Plan de Acción Humanitaria impulsado en Ceuta contempla el realojamiento de los recién llegados como medida prioritaria. Los epidemiólogos lo consideran imprescindible no solo por razones de dignidad, sino como condición previa para cualquier actuación sanitaria eficaz: algunos de los migrantes siguen viviendo en barracas en las playas, condiciones en las que hacer un seguimiento médico mínimamente riguroso es inviable. Sin realojar a las personas, el cribado que reclaman los especialistas no puede ejecutarse con garantías. Sin el cribado, el riesgo de un brote no detectado crece con cada día que pasa.

Lo que está en juego en Ceuta no es solo la salud de los migrantes, aunque eso debería ser suficiente. Es también la coherencia de un sistema sanitario que presume de universalidad y que en este momento no está aplicando sus propios protocolos a personas que viven en su territorio. «No es ético» recibir a personas en estas circunstancias sin revisarlas, repitió Caylà. Nadie puede exigir solidaridad de palabra mientras aplica desidia de facto. El cribado de tuberculosis en Ceuta no es un gesto opcional: es lo mínimo que una sociedad que dice respetar la vida humana debería estar haciendo ya.

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