La nominación fue comunicada por el Reino de Tonga a la Presidencia de la Asamblea General y al Consejo de Seguridad, según la documentación oficial de Naciones Unidas.
A‑Baki, exministra de Comercio Exterior y antigua embajadora de Ecuador en Estados Unidos, Catar y Francia, es la segunda ecuatoriana que entra en la competición. La exministra de Exteriores y expresidenta de la Asamblea General María Fernanda Espinosa también aspira al cargo.
Ninguna de las dos ha sido presentada por el Gobierno ecuatoriano. Espinosa fue propuesta por Antigua y Barbuda, mientras que A‑Baki cuenta con la nominación de Tonga.
Las reglas permiten que cualquier Estado miembro presente a un candidato, con independencia de su nacionalidad. La ausencia de respaldo del país de origen no invalida la candidatura, pero puede dificultar la construcción de apoyos regionales.
Un puente entre América Latina y Oriente Medio
Hija de padres libaneses, A‑Baki presentó su doble pertenencia cultural como uno de los principales activos de su campaña.
«Soy la única candidata cuya herencia conecta América Latina y Oriente Medio, y la única nominada que ha ayudado a negociar un acuerdo de paz entre dos Estados soberanos miembros de la ONU», afirmó en X.
La diplomática aseguró estar preparada para contribuir a renovar la promesa fundacional de la Carta de Naciones Unidas: «salvar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra», en un momento de multiplicación de los conflictos.
Tonga destacó su experiencia como ministra y embajadora, así como su participación en iniciativas de desarrollo sostenible y diálogo intercultural.
El país del Pacífico la presentó como una dirigente capaz de tender puentes entre América Latina, el mundo árabe, África y Europa. La candidatura no ha explicado todavía qué países, además de Tonga, estarían dispuestos a respaldarla.
Participación en la paz entre Ecuador y Perú
A‑Baki participó en el proceso diplomático que desembocó en los acuerdos de paz de Brasilia de 1998 entre Ecuador y Perú.
Los pactos pusieron fin al prolongado conflicto fronterizo entre los dos países después de la guerra del Cenepa de 1995. El resultado dependió de ambos gobiernos, de los países garantes y de numerosos representantes diplomáticos.
La ecuatoriana presenta esa experiencia como prueba de su capacidad de mediación. Será una de sus principales credenciales para un puesto que exige intervenir en conflictos y mantener abiertos canales entre gobiernos enfrentados.
A‑Baki ejerció además como embajadora en Washington durante dos etapas y fue ministra de Comercio Exterior, Industria, Pesca y Competitividad. Su trayectoria combina diplomacia bilateral, comercio, cultura y medioambiente.
El controvertido precedente del Yasuní
La diplomática fue una de las figuras visibles de la iniciativa Yasuní-ITT, concebida para impedir la explotación de reservas petroleras en una zona de gran biodiversidad de la Amazonía ecuatoriana.
El proyecto proponía mantener el petróleo bajo tierra a cambio de contribuciones internacionales que compensaran parcialmente los ingresos que Ecuador dejaría de percibir.
La iniciativa reforzó la imagen ambiental y multilateral de A‑Baki, pero no consiguió movilizar los fondos previstos. En 2013, el entonces presidente Rafael Correa la canceló y autorizó la extracción de crudo.
El episodio puede constituir simultáneamente una fortaleza y una vulnerabilidad para su campaña: muestra capacidad para promover mecanismos innovadores de financiación climática, pero también recuerda los problemas de ejecución y credibilidad que enfrentan los grandes compromisos multilaterales.
Ocho candidatos y una mayoría de mujeres
Con la incorporación de A‑Baki, ocho personas aspiran formalmente a suceder a Guterres:
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Rebeca Grynspan, de Costa Rica;
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Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana;
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Rafael Grossi, de Argentina;
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Michelle Bachelet, de Chile;
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María Fernanda Espinosa, de Ecuador;
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Ivonne A‑Baki, también ecuatoriana;
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Macky Sall, de Senegal;
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Olara Otunnu, de Uganda.
Cinco son mujeres y tres hombres. Naciones Unidas nunca ha tenido una secretaria general desde su creación en 1945.
Seis candidaturas proceden de América Latina y el Caribe, región que reivindica una nueva oportunidad de dirigir la organización. El único latinoamericano que ha ocupado el puesto fue el peruano Javier Pérez de Cuéllar, entre 1982 y 1991.
La abundancia de candidatos regionales aumenta las posibilidades de que el próximo secretario general proceda de América Latina, pero también fragmenta sus apoyos.
Grynspan, primera en la votación exploratoria
El Consejo de Seguridad celebró el 30 de julio una primera consulta informal y secreta para medir la viabilidad de los entonces siete candidatos.
Rebeca Grynspan encabezó la votación con diez papeletas de «aliento», una de «desaliento» y cuatro sin opinión.
La guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett quedó segunda, con nueve apoyos, mientras que el argentino Rafael Grossi obtuvo siete.
Bachelet y Macky Sall recibieron seis votos de aliento cada uno. Espinosa logró cinco y Otunnu, dos.
A‑Baki no participó en esa ronda y deberá ser incorporada a las siguientes consultas. Su entrada tardía le concede menos tiempo para convencer a los integrantes del Consejo, aunque las candidaturas continúan abiertas y los equilibrios pueden cambiar.
El liderazgo inicial no garantiza la elección
Las votaciones exploratorias no son vinculantes. Los quince miembros del Consejo indican si «alientan», «desalientan» o no expresan opinión sobre cada candidato.
En la primera ronda, las papeletas no distinguieron los votos de los miembros permanentes. Por ello, se desconoce si el único voto negativo recibido por Grynspan procedía de Estados Unidos, Rusia, China, Francia o Reino Unido.
En fases posteriores pueden utilizarse papeletas diferenciadas para identificar posibles vetos.
Para obtener la recomendación del Consejo, un aspirante necesita al menos nueve votos y no puede ser vetado por ninguna de las cinco potencias permanentes.
El nombre seleccionado se remite después a la Asamblea General. En la práctica, esta suele confirmar por aclamación al candidato recomendado, en lugar de elegir libremente entre toda la lista.
Una ONU en crisis
Guterres terminará su segundo mandato el 31 de diciembre, después de diez años al frente de una organización sometida a fuertes presiones.
Su sucesor deberá afrontar el bloqueo del Consejo de Seguridad, las guerras que Naciones Unidas no ha logrado detener, la crisis financiera, los recortes presupuestarios y el cuestionamiento del multilateralismo.
La capacidad de un candidato para evitar los vetos puede favorecer perfiles conciliadores. Pero esa misma búsqueda de consenso plantea el riesgo de escoger una figura incapaz de enfrentarse a las grandes potencias cuando incumplen la Carta.
A‑Baki entra así en una carrera donde la experiencia diplomática importa, pero el factor decisivo será su capacidad para construir rápidamente una coalición que abarque regiones y, sobre todo, resulte aceptable para los cinco miembros permanentes.