China y Rusia cierran filas frente a Japón por las Kuriles y el legado de la Segunda Guerra Mundial

19 août 2026 - 09:51

China respaldó las críticas de Rusia contra Japón por la disputa de las islas Kuriles y acusó al Gobierno de Sanae Takaichi de acelerar el rearme del país. La controversia, reactivada tras una visita de Vladímir Putin a Iturup, revela la creciente coordinación entre Pekín y Moscú frente a Tokio en un Indo-Pacífico cada vez más militarizado.

El portavoz del Ministerio chino de Exteriores, Lin Jian, aseguró este miércoles que Pekín coincide con las declaraciones del ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, quien había criticado la reacción japonesa a la visita del presidente ruso a una de las islas disputadas.

Putin viajó el pasado jueves a Iturup, denominada Etorofu por Japón. Se trata de la mayor de las cuatro islas del extremo meridional del archipiélago administradas por Rusia y reclamadas por Tokio.

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, calificó la visita de «absolutamente inaceptable». Tokio presentó una protesta formal ante Moscú, mientras Rusia convocó al embajador japonés para comunicarle que considera «inviolable» su soberanía sobre el territorio.

Cuatro islas sin tratado de paz

La controversia afecta a Iturup/Etorofu, Kunashir/Kunashiri, Shikotan y el grupo de islotes Habomai.

Las fuerzas soviéticas ocuparon los territorios al término de la Segunda Guerra Mundial y Moscú los administra desde 1945. Japón los denomina «Territorios del Norte» y sostiene que no forman parte de las Kuriles a las que renunció después del conflicto.

Rusia rechaza esa interpretación y considera que la soberanía soviética, posteriormente heredada por la Federación Rusa, forma parte de los resultados territoriales de la guerra.

El desacuerdo ha impedido durante más de ocho décadas que ambos países firmen un tratado de paz definitivo.

Las negociaciones quedaron prácticamente congeladas después de que Japón se sumara a las sanciones occidentales impuestas a Rusia por la invasión de Ucrania. Moscú se retiró del diálogo y suspendió programas que permitían a antiguos residentes japoneses visitar las islas.

La presencia de Putin en Iturup refuerza ahora el mensaje de que Rusia no está dispuesta a reabrir una negociación sobre la soberanía.

Pekín acusa a Japón de abandonar el pacifismo

Lin Jian acusó a Takaichi de negarse a reflexionar sobre el pasado militarista japonés y de intentar «blanquear la invasión de China».

Según el portavoz, el Gobierno nipón busca «acelerar la remilitarización», abandonar su doctrina pacifista y eludir las restricciones establecidas por la Constitución japonesa tras la Segunda Guerra Mundial.

Estas afirmaciones expresan la posición del Gobierno chino. Japón sostiene, por el contrario, que el fortalecimiento de sus capacidades militares responde al deterioro de la seguridad regional.

Tokio señala el crecimiento del poder naval chino, la presión militar sobre Taiwán, las pruebas de misiles norcoreanas y la intensificación de la cooperación entre China y Rusia.

Japón mantiene formalmente el artículo 9 de su Constitución, que renuncia a la guerra como derecho soberano. En los últimos años, sin embargo, ha incrementado sustancialmente su presupuesto de defensa y ha aprobado capacidades de contraataque que anteriormente se consideraban incompatibles con una doctrina estrictamente defensiva.

Takaichi pertenece al sector político más favorable a revisar las limitaciones militares heredadas de la posguerra.

Unas cláusulas obsoletas de la Carta de la ONU

China también apoyó la referencia de Lavrov a las denominadas cláusulas sobre «Estados enemigos» incluidas en la Carta de las Naciones Unidas.

Estas disposiciones aparecen en los artículos 53, 77 y 107 y fueron redactadas durante la transición posterior a la Segunda Guerra Mundial. Se referían a países que habían formado parte del Eje, principalmente Japón y Alemania.

Las cláusulas continúan literalmente en el texto de la Carta porque su eliminación requiere un complejo procedimiento de reforma. Sin embargo, la Asamblea General de la ONU reconoció en 1995 que habían quedado obsoletas.

Durante la Cumbre Mundial de 2005, los Estados miembros volvieron a expresar su voluntad de suprimir las referencias a los antiguos «Estados enemigos».

Por tanto, esas disposiciones no deben interpretarse como una autorización vigente para que China o Rusia empleen unilateralmente la fuerza contra Japón.

El marco jurídico contemporáneo está dominado por el artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas, que obliga a los Estados a abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de otro país.

Pekín y Moscú otorgan a las cláusulas un valor político e histórico como recordatorio de los resultados de la Segunda Guerra Mundial. Japón responde que su invocación ignora su carácter obsoleto y contradice su condición de miembro de pleno derecho de la ONU desde 1956.

Taiwán agrava el enfrentamiento chino-japonés

La controversia de las Kuriles se produce en un momento de fuertes tensiones entre Pekín y Tokio.

A finales del año pasado, Takaichi afirmó que un ataque chino contra Taiwán podría constituir una «situación que amenace la supervivencia» de Japón y justificar una intervención de sus Fuerzas de Autodefensa.

China considera Taiwán parte de su territorio y no descarta recurrir a la fuerza para asumir su control. Pekín reaccionó duramente a las declaraciones de la dirigente japonesa, al entender que abrían la puerta a una intervención militar en un asunto que considera interno.

Japón no reconoce diplomáticamente a Taiwán como Estado, pero mantiene estrechas relaciones económicas y considera esencial la estabilidad del estrecho. Las islas japonesas más occidentales se encuentran a poca distancia del territorio taiwanés.

Las tensiones aumentan igualmente alrededor de las islas Senkaku, administradas por Japón y reivindicadas por China bajo el nombre de Diaoyu. La Guardia Costera china realiza patrullas frecuentes en sus aguas, consideradas por Tokio incursiones en su territorio.

Una coordinación cada vez mayor entre Pekín y Moscú

China y Rusia han reforzado en los últimos años su cooperación diplomática y militar.

En julio, sus fuerzas navales completaron una patrulla conjunta por el Pacífico occidental, el mar de Ojotsk y el mar de Japón. Ambos países realizan también ejercicios aéreos y navales que obligan a Tokio a movilizar sus sistemas de vigilancia.

Moscú respalda generalmente las posiciones chinas sobre Taiwán, mientras Pekín evita cuestionar el control ruso sobre las Kuriles. Esta convergencia permite a los dos países presentar el fortalecimiento militar japonés como una amenaza al orden de posguerra.

Sin embargo, la presión de China y Rusia contribuye al mismo proceso que denuncian. Tokio utiliza esa actividad militar para justificar el aumento de su presupuesto de defensa y una cooperación más estrecha con Estados Unidos.

La región entra así en un círculo de seguridad: Pekín y Moscú denuncian el rearme japonés; Japón afirma rearmarse por la presión china y rusa; y ambos utilizan las decisiones de Tokio como prueba de un supuesto regreso del militarismo.

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