Albares repite el gesto de Grande-Marlaska y deja vacía su silla en la Cámara alta mientras el Ejecutivo anuncia siete comparecencias en el Congreso para finales de mes. El PP, con mayoría en el Senado, utiliza la tribuna como plataforma de desgaste junto a Junts y Vox, pero el Gobierno sostiene que la cámara baja tiene prevalencia institucional.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, no acudió ayer a la Comisión de Exteriores del Senado, donde había sido convocado para dar explicaciones sobre la crisis migratoria de Ceuta. La presidenta de esa comisión, la popular Pilar Rojo, esperó seis minutos «de cortesía» antes de constatar lo que el Gobierno había adelantado: el ministro no se presentaría. Era la segunda vez en cinco días que una silla ministerial quedaba vacía en la Cámara alta. El 12 de agosto había ocurrido con el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Hoy le tocará el turno a la ministra de Defensa, Margarita Robles.
La escena se repite con una geometría calculada. El PP convoca a los ministros en el Senado, donde controla la mayoría absoluta, y el Ejecutivo no acude, alegando que reserva sus explicaciones para el Congreso. No es una disputa de agenda, sino un choque sobre qué cámara tiene autoridad real para controlar al Gobierno. El Ejecutivo sostiene que el Congreso es jurídicamente prevalente en esa función, «algo que no está tan claro», según el propio diario, «en lo que respecta al control de sus miembros por la oposición». El PP lo interpreta como una estrategia de evasión y lo explota como argumento de desgaste.
La segunda silla vacía
Rojo denunció la ausencia de Albares como «otro paso más» en la estrategia del Ejecutivo de «abandono y marginación del Senado», sin justificación legal según el artículo 110 de la Constitución y el 66.2 del Reglamento de la Cámara alta. Fue además la primera en anticipar que la Mesa del Senado, controlada por el PP, podría estudiar acciones contra el ministro por su incomparecencia. El portavoz popular en la comisión, el senador José Antonio Monago, eludió sin embargo ese terreno para concentrarse en la pregunta que su partido lleva días convirtiendo en eslogan: «Si se pudo evitar el 15 de agosto, ¿por qué no se hizo el 30 de julio?».
La pregunta alude a que Marruecos sí contuvo una nueva avalancha el 15 de agosto, lo que el PP interpreta como prueba de que Rabat tiene capacidad para abrir o cerrar el grifo cuando le conviene. Monago encadenó desde ahí toda una batería de interrogantes sobre qué supo Albares antes del 30 de julio, qué transmitió o no el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), y si el Gobierno español está negociando con Rabat para que no se repitan las escenas de aquella jornada. Son preguntas sin respuesta verificable, pero políticamente eficaces en una sala donde el eco de la silla vacía las amplifica.
Congreso contra Senado
El Gobierno ha optado por concentrar toda la rendición de cuentas en el Congreso y a finales de mes. A partir del martes 25 comparecerán Grande-Marlaska, Albares, Robles y el ministro de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, ante sus respectivas comisiones. A esas comparecencias se suman ahora tres ministras que han solicitado o están ultimando su presencia en la cámara baja. Mónica García, ministra de Sanidad y candidata de Más Madrid, lo hará el día 27 en la comisión de Sanidad, tras una batería de solicitudes del PP. Elma Saiz, ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, acudirá el 28. Sira Rego, titular de Juventud e Infancia de Izquierda Unida (IU), también quiere comparecer, aunque aún está cerrando fecha.
El secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Rafael Simancas, ya había aclarado que los ministros comparecerían cuando dispusieran de más información. El Gobierno desvincul esa cadena de explicaciones de la estrategia del PP en el Senado y la presenta como una respuesta proporcionada a la gravedad de la situación. La tesis es que la crisis requiere exposiciones bien preparadas, no comparecencias urgentes en una cámara donde la oposición marca los tiempos con mayoría absoluta.
El bloque de la derecha y la pregunta sin respuesta
Las posiciones del PP fueron secundadas, con matices, por Junts y Vox. El senador de Junts, Eduard Puyol, se mostró especialmente duro con la ausencia de Albares, aunque desde un encuadre diferente al del PP: para Junts, la crisis de Ceuta no es un asunto local ni español, sino europeo. Vox, por su parte, reprodujo el argumentario de integridad territorial que comparte con la dirección popular, aunque sin los matices que el PP aún mantiene para no identificarse del todo con el discurso de la ultraderecha en un tema donde ambos compiten por el mismo electorado.
La alianza táctica entre PP, Junts y Vox en el Senado sobre la crisis de Ceuta es en sí misma un dato político relevante. Tres formaciones con proyectos nacionales incompatibles convergen en una estrategia de presión al Ejecutivo que tiene más de escenografía que de control parlamentario efectivo, dado que ninguna de las preguntas formuladas en esa sala vacía obtuvo ni obtendrá respuesta mientras el Gobierno mantenga su negativa a comparecer en la Cámara alta. La silla vacía de Albares es, en ese sentido, tan deliberada como la pregunta que la rodea.