Un alto responsable de la Guardia Revolucionaria anuncia que incluso las acciones defensivas adoptarán un carácter ofensivo, coincidiendo con el vencimiento del acuerdo provisional con Estados Unidos y una nueva escalada en torno al estrecho de Ormuz.
Irán ha anunciado un endurecimiento de su estrategia militar y ha advertido a sus adversarios de que deberán prepararse para posibles «sorpresas estratégicas», en un momento de creciente incertidumbre sobre el futuro de las negociaciones con Estados Unidos.
Yadollah Javani, responsable adjunto de Asuntos Políticos de la Guardia Revolucionaria iraní, defendió una «reorganización, modernización y evolución» de la doctrina defensiva de la República Islámica.
«De ahora en adelante, toda acción que emprendamos, incluso si es defensiva, deberá tener un carácter ofensivo», declaró Javani en una entrevista con la televisión estatal iraní, recogida por medios oficiales.
El responsable militar aseguró que las Fuerzas Armadas adoptarán planteamientos «transformadores» dirigidos a anticiparse a posibles amenazas.
«El enemigo debe saber que no puede sorprendernos ni tomarnos desprevenidos. Quizás sea él quien deba esperar sorpresas estratégicas», añadió.
Disuasión ofensiva, no declaración de guerra
Las declaraciones no constituyen por sí mismas el anuncio formal de una ofensiva militar inmediata. Apuntan, más bien, hacia una doctrina de disuasión anticipatoria que permitiría a Teherán justificar acciones preventivas para neutralizar amenazas consideradas inminentes.
El concepto difumina, sin embargo, la frontera entre defensa y ataque. También aumenta el riesgo de que un movimiento militar estadounidense o iraní sea interpretado por la otra parte como el inicio de una operación hostil.
Las palabras de Javani coinciden con el vencimiento, este lunes, del plazo de 60 días establecido en el memorando firmado por Washington y Teherán el pasado 17 de junio. El documento preveía el cese de las operaciones militares y la apertura de negociaciones para alcanzar un acuerdo más duradero.
Las hostilidades se reanudaron, no obstante, el 7 de julio, después de que Estados Unidos responsabilizara a Irán de ataques contra buques comerciales en el estrecho de Ormuz. Washington respondió con nuevos bombardeos contra objetivos situados en el sur iraní.
El futuro del memorando permanece incierto. Aunque algunas informaciones señalan que el plazo ha concluido sin avances sustanciales, fuentes gubernamentales paquistaníes sostienen que ambos países habrían aceptado prolongarlo, sin determinar todavía la duración de la extensión.
Trump eleva la tensión sobre Ormuz
El tono iraní se endureció después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmara que pretendía declarar el estrecho de Ormuz «territorio de Estados Unidos» una vez que Irán fuera derrotado.
La declaración carece de efectos jurídicos: el estrecho está delimitado por las aguas territoriales de Irán y Omán y su régimen de navegación se encuentra sometido al derecho internacional. Sin embargo, las palabras de Trump fueron interpretadas en Teherán como una amenaza directa contra la soberanía iraní.
Ormuz constituye uno de los pasos marítimos más estratégicos del planeta. Una parte considerable del petróleo y del gas natural licuado comercializados internacionalmente atraviesa este corredor, por lo que cualquier interrupción prolongada puede alterar los precios energéticos, elevar los costes del transporte y repercutir en la inflación mundial.
En otra señal de escalada, el jefe del Ejército regular iraní, Amir Hatami, anunció una recompensa equivalente a 30.000 dólares por la muerte o captura de un militar estadounidense. Según la agencia estatal IRNA, la cuantía se duplicaría si la acción fuera realizada por una mujer.
El anuncio no precisó dónde ni cómo podría aplicarse la recompensa. Tampoco existe constancia de un despliegue terrestre regular de Estados Unidos dentro de Irán.
Más allá de la retórica, la expiración del plazo diplomático y la transformación anunciada de la doctrina iraní profundizan el riesgo de una confrontación más amplia. La cuestión decisiva será comprobar si estas amenazas forman parte de una estrategia de presión negociadora o anticipan nuevas operaciones militares.