Más de 300 empresas presentarán unos 2.000 productos en la Conferencia Mundial de Robótica, antes de que 2.056 humanoides compitan en unos juegos concebidos para trasladar sus capacidades del espectáculo a las fábricas y los servicios.
Pekín se convertirá esta semana en el gran escaparate de la robótica china. La capital acogerá consecutivamente la Conferencia Mundial de Robótica y la segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides, dos citas que reflejan la velocidad con la que el gigante asiático intenta pasar de los prototipos llamativos a las aplicaciones comerciales e industriales.
La conferencia abrirá sus puertas el miércoles 19 de agosto en el Centro Internacional de Exposiciones y Convenciones Beiren Etrong, en las afueras de Pekín, y se prolongará hasta el domingo 23.
Sobre una superficie de unos 55.000 metros cuadrados, más de 300 empresas exhibirán alrededor de 2.000 productos y presentarán más de 150 novedades. La programación incluye un foro principal, una feria profesional, competiciones y más de sesenta actividades paralelas, según los organizadores de la conferencia.
De las piruetas al trabajo real
Aunque los humanoides volverán a concentrar buena parte de la atención, el interés ya no estará únicamente en comprobar si pueden correr, saltar o ejecutar acrobacias. Las empresas tratarán de demostrar su utilidad en fábricas, almacenes, hospitales, explotaciones agrícolas, hoteles y viviendas.
También ganarán protagonismo los componentes que sostienen esta industria: manos articuladas, sensores visuales, táctiles y de fuerza, motores, reductores, módulos de articulación, sistemas de control y chips.
Algunos robots asumirán durante la feria funciones de recepcionistas, cocineros, camareros, músicos o vendedores. El propósito es presentar la robótica no como una curiosidad futurista, sino como una tecnología susceptible de incorporarse progresivamente a la actividad económica y a la vida cotidiana.
Más de 2.000 humanoides en competición
El sábado 22 comenzará en el Óvalo Nacional de Patinaje de Velocidad —conocido como la «Cinta de Hielo» y construido para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022— la segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides.
La competición reunirá hasta el 26 de agosto a 2.056 robots pertenecientes a 666 equipos de 16 países, frente a los 280 equipos que participaron en la primera edición, celebrada en 2025.
Las pruebas combinarán disciplinas deportivas, como fútbol, atletismo y tenis de mesa, con escenarios inspirados en tareas reales: cadenas de producción, centros logísticos, supermercados, hoteles, operaciones de rescate y labores domésticas.
Detrás de su apariencia lúdica existe un objetivo industrial. Los organizadores quieren que los avances logrados en movilidad, equilibrio, coordinación y toma de decisiones puedan transferirse posteriormente a productos comercializables.
Unos “Mundiales” todavía muy chinos
La dimensión internacional de los Juegos debe, sin embargo, relativizarse. Aunque participarán delegaciones de 16 países, solo alrededor de una treintena de los 666 equipos procederá del extranjero. El encuentro será, por tanto, sobre todo una demostración de la densidad alcanzada por el ecosistema tecnológico chino.
China incluyó en 2024 a los humanoides entre sus «industrias del futuro», reconociendo que el sector todavía se encontraba en una fase incipiente, pero atribuyéndole un elevado potencial económico y estratégico.
Ese impulso se apoya en una extensa cadena de suministro, experiencia en automatización industrial, financiación pública y una fuerte competencia entre fabricantes. Datos citados por las autoridades chinas sitúan en 556.000 los robots industriales producidos en el país durante 2024. Por su parte, las estimaciones de Omdia atribuyeron a fabricantes chinos alrededor del 80% de los envíos mundiales de humanoides en 2025.
Las exhibiciones de Pekín mostrarán hasta dónde ha llegado esa apuesta. La verdadera prueba comenzará después: comprobar si los robots pueden abandonar los escenarios controlados, trabajar con autonomía y justificar económicamente su incorporación masiva a fábricas, hospitales y hogares.