Ceuta ante el espejo de la historia: Foreign Policy cuestiona la duración del statu quo

17 août 2026 - 06:28

Howard W. French sostiene que España no podrá gestionar indefinidamente la frontera mediante controles policiales y plantea la devolución de la ciudad a Marruecos

La última crisis migratoria en Ceuta ha vuelto a llenar las pantallas de imágenes de vallas, agentes desplegados y jóvenes africanos tratando de alcanzar territorio europeo. Sin embargo, para el periodista y ensayista estadounidense Howard W. French, ese enfoque deja fuera la pregunta esencial: ¿cómo llegó una ciudad situada en el continente africano a convertirse en frontera terrestre de la Unión Europea?

En un artículo publicado el 6 de agosto por la revista estadounidense Foreign Policy, bajo el título What Everyone Is Missing About Ceuta, French sostiene que la crisis no puede reducirse a un problema de vigilancia fronteriza. Ceuta, bajo soberanía española y reivindicada por Marruecos, representa también una herencia de la primera expansión imperial europea en África.

Su conclusión es inequívoca: España debería considerar la devolución de la ciudad a Marruecos. No solo para cerrar un contencioso histórico, sino también porque, en opinión del autor, el mantenimiento de una frontera europea militarizada en el norte de África resultará cada vez más costoso y difícil de sostener.

El planteamiento ha circulado en algunos medios bajo una formulación más contundente: la restitución de Ceuta y Melilla sería «inevitable». El texto original, sin embargo, es más preciso. Se centra esencialmente en Ceuta y presenta la devolución como una previsión razonada y una propuesta política de su autor, no como una decisión adoptada ni como una posición institucional del Gobierno estadounidense.

Más allá de una crisis migratoria

Howard W. French no es un observador ocasional de África. Es columnista de Foreign Policy, profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia y fue durante años corresponsal y jefe de varias oficinas internacionales de The New York Times. Sus libros han cuestionado el lugar secundario concedido a África en los relatos convencionales sobre la formación del mundo moderno. La Universidad de Columbia resume aquí su trayectoria.

Esa perspectiva determina su lectura de Ceuta. A su juicio, buena parte de la prensa occidental describe los episodios migratorios como si la geografía política actual fuese natural e inmutable. La valla aparece como punto de partida del relato, cuando en realidad es el resultado de más de seis siglos de guerras, conquistas y decisiones imperiales.

La ciudad fue tomada por Portugal en 1415, en una operación considerada uno de los primeros grandes pasos de la expansión ultramarina europea. French relaciona aquella conquista con el interés portugués por acceder a las rutas del oro africano y no únicamente con el fervor religioso o el deseo de explorar nuevas tierras.

Ceuta constituía entonces un enclave comercial estratégico conectado con las redes que transportaban oro y otras mercancías desde el interior de África hacia el Mediterráneo. Su ocupación permitió a Portugal establecer una primera cabeza de puente en territorio africano y anticipó la expansión que posteriormente se extendería por la costa atlántica.

Vista desde esta perspectiva, la actual frontera no sería un simple límite administrativo entre España y Marruecos. Sería la prolongación contemporánea de una empresa imperial iniciada cuando las potencias europeas comenzaron a proyectarse militar y comercialmente sobre África.

De Portugal a España

La presencia española en Ceuta tampoco se remonta directamente a 1415. La ciudad fue conquistada por Portugal y solo pasó definitivamente a la Corona española como consecuencia de las crisis dinásticas ibéricas de los siglos XVI y XVII.

La muerte del rey portugués Sebastián I en la batalla de Alcazarquivir, conocida en Marruecos como la batalla de Oued al-Majazín o de los Tres Reyes, abrió en 1578 una crisis sucesoria. Dos años después, Felipe II incorporó la Corona portuguesa a la Monarquía Hispánica.

Cuando Portugal recuperó su independencia en 1640, Ceuta decidió permanecer vinculada a la Corona española. Esa situación fue formalizada en el Tratado de Lisboa de 1668, mediante el cual Portugal reconoció la soberanía española sobre la ciudad. La Enciclopedia de la Expansión Portuguesa recoge esta secuencia histórica.

Madrid invoca precisamente esa continuidad jurídica para rechazar la consideración de Ceuta y Melilla como colonias. La posición oficial española sostiene que ambas forman parte integrante del Estado y que su soberanía no puede compararse con la de territorios pendientes de descolonización. El Ministerio español de Asuntos Exteriores ha defendido públicamente esa interpretación.

French cuestiona que esa argumentación histórica pueda cerrar por sí sola el debate. Una posesión puede disponer de títulos jurídicos antiguos y continuar siendo, desde una perspectiva poscolonial, el resultado de una conquista y de una relación desigual entre Europa y África.

El espejo incómodo de Gibraltar

Uno de los puntos más incisivos del análisis es la comparación con Gibraltar. España rechaza las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta argumentando que la ciudad lleva siglos integrada en su territorio, pero reclama al Reino Unido la devolución de Gibraltar mediante razonamientos históricos y geográficos semejantes.

Madrid considera que la presencia británica en el extremo sur de la península ibérica constituye un vestigio colonial que afecta a su integridad territorial. Sin embargo, no acepta que Marruecos aplique una lógica equivalente a una ciudad situada en la costa africana.

La comparación no es jurídicamente perfecta. Gibraltar, Ceuta y Melilla tienen trayectorias, poblaciones y estatutos internacionales diferentes. Pero French considera que la contradicción política resulta difícil de ocultar: España apela a la geografía y a la descolonización cuando habla de Gibraltar, mientras privilegia la continuidad histórica y los tratados cuando se refiere a Ceuta.

El autor añade otra ironía: la fortificación que dio origen al Gibraltar medieval fue levantada en el siglo XII por los almohades, una dinastía surgida en el actual territorio marroquí. Pese a ello, Marruecos no mantiene una reivindicación sobre Gibraltar. España, en cambio, continúa reclamándolo mientras niega legitimidad a la reclamación marroquí sobre las ciudades del norte de África.

Demografía, costes y fronteras

El segundo eje del artículo mira hacia el futuro. Europa envejece y registra tasas de natalidad muy bajas, mientras África mantiene una población mucho más joven y seguirá concentrando una parte creciente del aumento demográfico mundial.

Para French, esa divergencia convierte Ceuta en una frontera sometida a una presión estructural. Cada nueva crisis obliga a aumentar el despliegue policial, reforzar las vallas y movilizar recursos españoles y europeos. Al mismo tiempo, genera tensiones dentro del espacio Schengen y alimenta discursos políticos basados en el miedo a la inmigración.

La idea de que Europa podrá contener durante décadas los movimientos procedentes de África mediante vigilancia, concertinas y devoluciones es, a su juicio, una ilusión. La movilidad no responde únicamente a la existencia de una frontera vulnerable, sino también a desequilibrios económicos, demográficos y políticos entre las dos orillas.

Desde este punto de vista, devolver Ceuta a Marruecos eliminaría una de las puertas terrestres de acceso irregular al espacio europeo y permitiría a España promover una relación diferente con África, basada más en la cooperación económica y menos en la contención policial.

No obstante, este razonamiento admite objeciones. La desaparición de la frontera terrestre de Ceuta no eliminaría las causas de la migración ni impediría la aparición de otras rutas. Tampoco puede afirmarse que los cambios demográficos conduzcan automáticamente a una modificación de la soberanía. La historia ofrece numerosos ejemplos de fronteras costosas que han perdurado precisamente por su valor político y simbólico.

También resulta discutible calificar Ceuta de territorio sin importancia geopolítica. Su ubicación junto al estrecho de Gibraltar, su dimensión militar y su condición de frontera exterior europea le confieren un peso estratégico superior al de su superficie.

Una devolución que exigiría negociación

La propuesta de French tampoco puede ignorar a la población de Ceuta, compuesta por comunidades cristianas, musulmanas, judías e hindúes, cuyos habitantes poseen ciudadanía española. Cualquier transformación del estatuto de la ciudad tendría que abordar sus derechos, su representación política y sus vínculos económicos y sociales con España y Marruecos.

La devolución, por tanto, no podría concebirse como un simple cambio de bandera decidido entre dos capitales. Exigiría una negociación prolongada, garantías para la población local y un modelo de transición capaz de evitar que la solución de un conflicto histórico produzca otro problema humano y político.

Esta reserva no invalida la cuestión planteada por Foreign Policy. Al contrario, la vuelve más seria. La soberanía española sobre Ceuta puede ser jurídicamente defendida y, al mismo tiempo, políticamente discutida. La antigüedad de una posesión no convierte necesariamente su continuidad en eterna.

La principal aportación del artículo de Howard W. French no consiste en demostrar que la devolución sea inevitable. Ningún análisis puede anticipar con certeza una decisión territorial de semejante alcance. Su relevancia reside en haber introducido en una publicación estadounidense de referencia una pregunta que buena parte del discurso europeo considera cerrada: si el orden surgido de la expansión colonial puede mantenerse indefinidamente como si la historia, la demografía y las relaciones de poder no hubieran cambiado.

Ceuta ya no aparece únicamente como escenario de una crisis migratoria. Aparece como una frontera donde se cruzan la memoria colonial, la reivindicación territorial marroquí, la seguridad europea y los derechos de sus habitantes.

España puede continuar defendiendo el statu quo, pero difícilmente podrá impedir que este sea sometido a discusión. La devolución de Ceuta quizá no sea inevitable; lo que parece cada vez menos sostenible es considerar que su futuro no debe debatirse.

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