Estados Unidos prepara nuevas medidas económicas contra Irán mientras mantiene la presión militar sobre sus puertos y el estrecho de Ormuz, una escalada que vuelve a inquietar a los mercados energéticos internacionales.
El secretario estadounidense del Tesoro, Scott Bessent, anunció que Washington pretende someter a Teherán a una combinación de aislamiento financiero y bloqueo físico «como el mundo nunca ha visto». En una entrevista concedida el jueves a Newsmax, adelantó que la Administración estadounidense ofrecerá más detalles sobre las nuevas medidas la próxima semana.
Bessent sostuvo que la continuidad del bloqueo naval impedirá la entrada y salida de mercancías de los puertos iraníes. Sus palabras confirman el endurecimiento de la posición de Washington después de que, a comienzos de agosto, el propio secretario del Tesoro evocara la posibilidad de un acuerdo próximo para normalizar el tráfico por Ormuz.
El giro coincide con el estancamiento de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán. Teherán mantiene que el paso marítimo permanece bajo su control y rechaza las afirmaciones estadounidenses sobre una recuperación de la navegación normal.
El estrecho de Ormuz constituye uno de los principales puntos de tránsito del petróleo y del gas natural licuado que se comercializan en el mundo. Cualquier interrupción prolongada puede reducir la oferta disponible, elevar los costes del transporte marítimo y alimentar nuevas presiones inflacionistas.
Los precios del crudo reaccionaron al alza este viernes ante la posibilidad de que el bloqueo se prolongue. El Brent superó los 88 dólares por barril, mientras que el petróleo estadounidense WTI rebasó los 82 dólares, según datos recogidos por Reuters.
Para Marruecos, importador neto de energía, una subida duradera de las cotizaciones internacionales podría encarecer la factura energética y aumentar la presión sobre los costes del transporte y de determinadas actividades productivas.
El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abás Araqchi, respondió acusando a Washington de basar su estrategia en errores de cálculo y fallos de inteligencia. La confrontación entra así en una nueva fase en la que la presión económica gana terreno, sin que se vislumbre por ahora una salida diplomática.