Aliança Catalana: claves para entender el ascenso de la ultraderecha nacionalista

12 août 2026 - 10:51

La formación ultranacionalista y xenófoba de Sílvia Orriols ha pasado de dos escaños en el Parlament a proyectarse como segunda fuerza política de Cataluña en apenas dos años. Su auge recompone el mapa político catalán, amenaza la mayoría de las izquierdas y pone al independentismo ante un espejo profundamente incómodo.

La justicia europea está a punto de pronunciarse sobre la amnistía aprobada para los líderes del procés. Mientras Cataluña aguarda ese desenlace, un terremoto político se está incubando en silencio. La xenófoba Aliança Catalana (AC), el partido ultranacionalista fundado en Ripoll en 2020 y liderado por Sílvia Orriols, ha irrumpido en el mapa político catalán con la fuerza de un fenómeno que ningún observador previó hace apenas dos años y que hoy todos los partidos temen sin saber muy bien cómo afrontarlo.

El partido de Orriols obtuvo dos escaños en el Parlament en las elecciones de 2024. El último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) —el equivalente catalán del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) nacional— le atribuye entre 23 y 25 en unas hipotéticas elecciones, lo que la situaría como segunda fuerza política por delante de Junts y de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Las consecuencias de ese ascenso afectan a cada formación del arco parlamentario, sin excepción.

  1. El ideario: separatismo, islamofobia y teoría del gran reemplazo

Aliança Catalana ensambla dos ideas que hasta ahora habitaban en compartimentos separados del espacio político catalán: el independentismo unilateral —sin consulta ni pacto previo con el Estado, al que pretende «expulsar definitivamente de Cataluña»— y el rechazo frontal a la inmigración, especialmente la de origen musulmán. Es, en lo esencial, el alter ego catalán de Vox, con la diferencia de que la nación a defender es Cataluña y no España. Su lenguaje rompe deliberadamente las líneas rojas de los partidos nacionalistas clásicos.

Su islamofobia no se disimula. AC abraza la teoría conspirativa del gran reemplazo, que alerta de una supuesta pérdida de identidad y dilución de la cultura catalana por los flujos migratorios globales. Orriols prohibió el burkini en las piscinas de Ripoll «por higiene» y su programa incluye la prohibición del velo en las escuelas. Sus dirigentes prodigan elogios a la AfD alemana y al antiguo Frente Nacional de Le Pen. El islam, proclaman en su página web, es «incompatible con Occidente».

  1. Las encuestas: de dos escaños a segunda fuerza del Parlament

Hace apenas dos años, AC era considerada una rareza con dos escaños y un discurso que muchos descartaban como efímero y marginal. El último CEO multiplica por más de diez esa representación y la sitúa entre 23 y 25 diputados, superando a Junts y a ERC. El director del CEO, Joan Rodríguez Teruel, explica que AC ya muerde votos de todas las formaciones y que la erosión sobre Junts está cerca de su límite. Ahora es Vox quien empieza a perder electorado en favor de Orriols.

El 33% de sus votantes no se identifica como independentista, lo que confirma que AC ha construido un caladero electoral más amplio que el nicho secesionista clásico. También captura voto de protesta procedente de los Comunes y, crecientemente, de Vox, que pierde pulso ante Orriols en el espacio de la derecha dura. Solo el 55% de su electorado reconoce apostar por la vía independentista, un dato que sus rivales interpretan como un cuestionamiento interno de la agenda secesionista del propio partido.

  1. El gran damnificado: Junts en caída libre

Ninguna formación resulta tan malparada en los sondeos como Junts. El partido de Carles Puigdemont, que ganó las elecciones al Parlament de 2023, caería hasta la cuarta posición, perdiendo entre 16 y 18 escaños. La frustración de sus electores por el papel jugado en el procés, el deterioro de la credibilidad de Puigdemont y las políticas erráticas de los últimos años son los factores que los analistas señalan con mayor insistencia. Sus votos migran de forma masiva hacia Orriols.

El daño no se limita a las papeletas. AC está fichando activamente a concejales y militantes de Junts para sus listas de 2027. El secretario de organización de Aliança, Oriol Gès, lo reconoce sin ambages: «Como toda empresa, somos headhunters». El caso más visible fue el del portavoz de Junts en Cambrils, Enric Daza, que anunció su candidatura a la alcaldía por Aliança. «En Junts hay una cierta psicosis por si tras el verano se pueden hacer públicos más fichajes», reconocen fuentes del propio partido.

  1. La gobernabilidad: Cataluña al borde del bloqueo institucional

El ascenso de AC ha resucitado una posibilidad que parecía descartada: la mayoría independentista en el Parlament. El último CEO sitúa al bloque secesionista —sumando AC, Junts, ERC y la CUP— entre 67 y 74 escaños, en el umbral de los 68 necesarios para la mayoría absoluta. Pero esa aritmética es, en la práctica, casi imposible de materializar. ERC y la CUP rechazan categóricamente cualquier acuerdo con una formación a la que consideran xenófoba. «Aliança promueve una minorización nacional. Eso es inasumible», sentencia el secretario general adjunto de los republicanos, Oriol López.

La mayoría de izquierdas que sostiene el Govern de Salvador Illa también corre serio peligro. La erosión de los Comunes —que podrían quedar como fuerza testimonial con apenas cuatro diputados— y la presión de AC sobre el voto del Partido Socialista de Cataluña (PSC) estrechan peligrosamente el margen de Illa para reeditar su coalición. Si no lo consigue, Cataluña entraría en un escenario de ingobernabilidad sin precedentes desde la restauración democrática, con un bloque de derechas y ultraderechas —PP, Vox, AC y Junts— actuando como mayoría de bloqueo permanente.

  1. La estrategia para 2027: municipales, fichajes y el empresariado como incógnita

Las municipales de 2027 son el primer gran examen de AC fuera de su territorio natural. El partido cuenta ya con una veintena de candidaturas confirmadas y otras 25 agrupaciones locales en construcción, con sedes en Barcelona, Lleida, Girona, Reus, Tàrrega, Vilanova i la Geltrú y Mataró. Su estrategia se concentra en la Cataluña interior —el llamado corredor del fuet, con Manresa y Vic como plazas clave— y en asomar la cabeza en Barcelona de la mano de su ideólogo de cabecera, Jordi Aragonès.

El gran interrogante es el empresariado. El pequeño y mediano tejido empresarial de la antigua Convergència siente afinidad con el discurso económico de Orriols —reducción de impuestos, cultura del esfuerzo, crítica al absentismo—, pero mantiene distancia ante su ideario xenófobo. «Muchas de sus empresas no aguantarían ni un día sin los trabajadores inmigrantes que aseguran su producción», señalan fuentes del mundo corporativo catalán consultadas por La Vanguardia. La simpatía existe; el voto en las urnas, de momento, no está garantizado.

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