Reino Unido y Francia esperan temperaturas de hasta 36 y 39 °C, respectivamente, tras un julio excepcionalmente cálido y seco. La falta de lluvias agrava los incendios, obliga a restringir el consumo de agua y reduce el caudal de varios grandes ríos europeos.
Europa occidental inicia una nueva semana de calor extremo después de un mes de julio marcado por temperaturas récord, lluvias escasas e incendios devastadores. El episodio amenaza con intensificar una sequía que afecta especialmente a Francia, España, Reino Unido, Alemania, Suiza y varios países de Europa central.
El servicio meteorológico británico prevé que el calor avance hacia el norte, con temperaturas de hasta 36 °C en el este y el sureste de Inglaterra. Francia afronta su tercera ola de calor del verano, con máximas cercanas a los 39 °C en algunas zonas meridionales.
También se han registrado valores excepcionales en países tradicionalmente menos expuestos a este tipo de episodios. Eslovaquia alcanzó recientemente 42,2 °C y Austria 41,2 °C, nuevos récords nacionales.
España: un julio tan cálido como el de 2022
En España, julio terminó con una temperatura media peninsular de 25,7 °C, 2,6 grados por encima del promedio del periodo 1991-2020. Según la Agencia Estatal de Meteorología, fue, junto con julio de 2022, el más cálido desde el inicio de la serie en 1961.
El calor coincidió con una falta excepcional de precipitaciones. Copernicus señala que amplias zonas de la península ibérica, Francia, Alemania, Austria y Hungría presentaron en julio algunos de los niveles de humedad superficial del suelo más bajos registrados desde al menos 1979.
El fenómeno no afecta, sin embargo, a todo el continente con la misma intensidad. Los países bálticos, Finlandia y determinadas regiones del este europeo recibieron precipitaciones superiores a la media. La sequía se concentra principalmente en Europa occidental y central.
Restricciones de agua y ríos en niveles críticos
En Francia, las autoridades han impuesto limitaciones al uso del agua en gran parte del territorio. En las zonas sometidas a las medidas más severas, los recursos disponibles se reservan al abastecimiento de agua potable, la atención sanitaria, el saneamiento y la protección civil.
Inglaterra también sufre una situación poco habitual para un territorio asociado históricamente a un clima húmedo. La prolongada ausencia de precipitaciones ha secado numerosos parques y reducido las reservas hídricas.
Los efectos son visibles en los grandes ríos. Copernicus registró en julio caudales muy inferiores a la media en buena parte de Europa occidental, central y oriental. El Rin, el Támesis, el Danubio, el Ródano, el Po y el Vístula presentan tramos especialmente afectados, con posibles consecuencias para el transporte fluvial, la agricultura, la producción eléctrica y los ecosistemas.
Las temperaturas anormalmente elevadas del Mediterráneo occidental y de zonas del Atlántico añaden otro factor de riesgo. Las olas de calor marinas alteran los ecosistemas y pueden aumentar la humedad disponible para futuros episodios meteorológicos extremos.
Europa es el continente que más rápidamente se calienta. Aunque cada ola de calor responde a una configuración atmosférica concreta, la acumulación de gases de efecto invernadero aumenta su frecuencia, duración e intensidad. El problema ya no se limita a los termómetros: afecta al agua, la agricultura, la energía, la salud y la capacidad de los territorios para resistir incendios cada vez más destructivos.