La ciudad japonesa recordó a las víctimas de la bomba atómica lanzada por Estados Unidos el 9 de agosto de 1945. Su alcalde, Shiro Suzuki, denunció la fragilidad de la disuasión nuclear, mientras el Gobierno japonés evita comprometerse claramente a preservar en el futuro sus tres principios no nucleares.
Nagasaki conmemoró este domingo el 81.º aniversario del bombardeo atómico que devastó la ciudad en 1945 con un llamamiento urgente a la abolición total de las armas nucleares, en un contexto internacional marcado por la modernización de los arsenales y el debilitamiento de los mecanismos de desarme.
A las 11:02, hora exacta en la que la bomba estadounidense explotó sobre la ciudad, los participantes en la ceremonia guardaron un minuto de silencio en memoria de las víctimas.
Alrededor de 74.000 personas murieron antes de finalizar 1945 como consecuencia de la explosión, las quemaduras y la radiación. Otras muchas padecieron durante décadas enfermedades relacionadas con el bombardeo.
En su Declaración de Paz, el alcalde Shiro Suzuki rechazó la idea de que la posesión de armas atómicas pueda garantizar la seguridad. «Las armas nucleares no son un mal necesario, sino un mal absoluto», afirmó.
Suzuki advirtió que la disuasión nuclear se basa en una premisa extremadamente frágil: confiar en que ningún dirigente, incluso ante una situación militar extrema, llegará a pulsar el botón nuclear. Cuanto mayor sea la dependencia de esta doctrina, sostuvo, mayor será también el riesgo de una guerra atómica.
La Declaración de Paz de Nagasaki reclama a los Estados poseedores de armas nucleares que cumplan sus obligaciones en virtud del Tratado de No Proliferación y adopten medidas concretas para reducir sus arsenales.
El alcalde dirigió además un mensaje especialmente crítico al Gobierno japonés. Le pidió preservar los tres principios no nucleares —no poseer, no fabricar y no permitir la entrada de armas nucleares en el territorio nacional— y participar en la primera conferencia de revisión del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.
Japón es el único país que ha sufrido ataques atómicos durante una guerra, pero no ha firmado ese tratado y continúa dependiendo del paraguas nuclear de Estados Unidos para su defensa.
La primera ministra Sanae Takaichi aseguró durante la ceremonia que su Gobierno «defiende» actualmente los tres principios. Sin embargo, evitó comprometerse expresamente a mantenerlos sin cambios en el futuro.
La ambigüedad adquiere especial importancia ante la revisión, prevista para este año, de los principales documentos de seguridad nacional. El ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, había defendido recientemente un debate sobre la política nuclear «sin tabúes».
La evolución del entorno regional —marcado por los arsenales de China, Rusia y Corea del Norte— alimenta dentro de Japón las posiciones favorables a reforzar la disuasión. Pero también plantea una contradicción moral y estratégica: el país que conserva la memoria más dolorosa de la guerra nuclear continúa protegido por las armas cuya desaparición reclama.
En un mensaje leído durante la ceremonia, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la humanidad no debe vivir bajo una amenaza permanente y pidió liderazgo político, diplomacia y cooperación para reducir los riesgos.
La conmemoración llega cuando la edad media de los hibakusha, los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki, ya supera los 86 años. Su progresiva desaparición convierte la transmisión de sus testimonios en una carrera contra el tiempo.
Nagasaki no recordó este domingo únicamente una tragedia del pasado. Lanzó una advertencia para el presente: mientras las potencias sigan considerando las armas nucleares una garantía de seguridad, la posibilidad de una nueva catástrofe seguirá formando parte del futuro.