El nuevo Gobierno colombiano ha reconocido oficialmente la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. La decisión, adoptada pocas horas después de la investidura del presidente Abelardo de la Espriella, supone un giro completo respecto a la política de Gustavo Petro y modifica el equilibrio diplomático en torno al conflicto dentro de América Latina.
Colombia ha abierto una nueva etapa en sus relaciones con Marruecos. La Cancillería colombiana anunció oficialmente que Bogotá reconoce la soberanía del país magrebí sobre el Sáhara Occidental, empleando una fórmula que va más allá del apoyo político al plan marroquí de autonomía.
El anuncio se produjo tras la primera reunión entre el nuevo vicepresidente colombiano, José Manuel Restrepo; el ministro de Asuntos Exteriores, Omar Bula Escobar, y su homólogo marroquí, Nasser Bourita. El jefe de la diplomacia marroquí se desplazó a Cali para participar en la investidura del presidente Abelardo de la Espriella.
«Colombia reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental», señaló directamente la Cancillería colombiana en su cuenta oficial de X.
Según el Ministerio de Exteriores, el objetivo es revitalizar la relación bilateral desde una perspectiva de largo plazo y con la convicción de que el acercamiento con Rabat beneficiará a la población colombiana.
Una fórmula diplomática de gran alcance
La elección de las palabras no es secundaria. Colombia no se ha limitado a considerar el plan marroquí de autonomía como una propuesta seria o realista, sino que ha reconocido expresamente la soberanía de Marruecos sobre el territorio.
Nasser Bourita calificó la decisión de «histórica» y aseguró que implica también la retirada del reconocimiento colombiano a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), proclamada por el Frente Polisario.
Este último extremo deberá concretarse en la declaración diplomática anunciada por Bogotá, pero la posición política fundamental ya ha quedado establecida mediante la comunicación oficial de la Cancillería.
El reconocimiento colombiano no resuelve por sí solo un conflicto que continúa sometido a un proceso político auspiciado por Naciones Unidas. Sí representa, sin embargo, una importante victoria diplomática para Rabat y un revés para el Polisario en una región donde ha conservado tradicionalmente apoyos políticos.
Ruptura con la política de Gustavo Petro
La decisión supone una rectificación completa de la orientación adoptada por Gustavo Petro al comienzo de su mandato.
Colombia y la RASD establecieron relaciones diplomáticas en 1985, durante la Presidencia de Belisario Betancur. Estas quedaron congeladas en 2001 bajo el Gobierno de Andrés Pastrana.
En agosto de 2022, pocos días después de llegar al poder, Petro decidió restablecerlas. La medida deterioró la relación con Marruecos y fue cuestionada por sectores políticos colombianos partidarios de mantener una cooperación más estrecha con Rabat.
El Gobierno de De la Espriella cierra ahora esa etapa y sitúa a Marruecos entre sus primeros interlocutores internacionales. La rapidez del anuncio muestra que el cambio no constituye un ajuste menor, sino una decisión prioritaria dentro de la nueva política exterior colombiana.
Una decisión relevante para España
El giro de Bogotá tiene un interés particular para España, antigua potencia colonial en el Sáhara Occidental y uno de los principales socios políticos y económicos de Marruecos.
La posición colombiana es más explícita que la adoptada hasta ahora por Madrid. España considera la propuesta marroquí de autonomía como la base más seria, creíble y realista para alcanzar una solución y respalda unas negociaciones que tomen dicha iniciativa como punto de partida.
En la declaración conjunta hispano-marroquí de diciembre de 2025, el Gobierno español acogió favorablemente la posibilidad de que una autonomía bajo soberanía marroquí sea la solución más factible. Esa posición, sin embargo, no equivale jurídicamente a un reconocimiento formal de la soberanía de Marruecos como el anunciado ahora por Colombia.
La decisión colombiana podría alimentar, por tanto, el debate español sobre el alcance de la política iniciada en 2022 y sobre la evolución internacional del conflicto.
Un acercamiento con dimensión económica
Bogotá y Rabat quieren que el cambio político tenga también consecuencias económicas. El vicepresidente Restrepo ha planteado la construcción de un «nuevo comienzo» en la relación bilateral.
Entre las posibilidades mencionadas figuran la negociación de un tratado de libre comercio, el aumento de las inversiones marroquíes y la ampliación de los intercambios empresariales.
Marruecos puede funcionar como plataforma industrial y logística para las empresas colombianas interesadas en África, el Mediterráneo y los mercados europeos. Colombia ofrece al Reino una vía de entrada hacia América del Sur y las economías de la cuenca del Pacífico.
El reconocimiento del Sáhara aparece así como el punto de partida de una relación más amplia. Su verdadero alcance dependerá de cómo se traduzca en la futura actuación de Colombia en los organismos internacionales y en acuerdos económicos concretos entre ambos países.