Ceuta, cinco días después: claves de una crisis que el mar no ha terminado de contar

03 août 2026 - 09:08

La ciudad autónoma intenta recuperar la normalidad mientras los buzos siguen extrayendo cadáveres del Tarajal. Con más de setenta muertos en aguas españolas y marroquíes y cientos de menores sin tutela, la peor crisis migratoria de la historia de Ceuta expone la fragilidad de la frontera sur de Europa.

En pequeños racimos, bajo un agua cristalina, se ven las siluetas de cuerpos sumergidos muy cerca de la frontera de El Tarajal. Dos de ellos están cogidos de la mano. Es la imagen que, explicada por los buzos de la Guardia Civil, mejor resume la magnitud de una crisis que, cinco días después de la avalancha del jueves, sigue cobrándose vidas mientras la ciudad intenta, con dificultad, reabrir sus comercios, panaderías, cafeterías y restaurantes.

El Gobierno español contabiliza 72 muertos; si bien la cadena SER eleva el balance a noventa y cuatro. En el lado marroquí, cuyas fuerzas de seguridad también recuperaban cuerpos de las aguas del Estrecho, las cifras oficiales hablan de once fallecidos. La morgue improvisada en el antiguo Hospital Militar de Ceuta funciona con cámaras frigoríficas modulares —las mismas que se montan en una frutería, por ejemplo— con capacidad para doscientos cuerpos. Nunca antes la ciudad había necesitado una instalación así.

  1. El balance mortal que el mar sigue aumentando

Los buzos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de la Guardia Civil llevan días marcando cuadrados en el fondo del Tarajal, extrayendo cadáveres y fijando las coordenadas de los que aún permanecen sumergidos. «Es arriesgado hacer una estimación de las víctimas», advirtió una fuente conocedora de los trabajos, porque las mareas y el viento llevan parte de los fallecidos hacia el lado marroquí. Los agentes marroquíes también recuperaban cuerpos en sus aguas. Ceuta terminó 2025 con cuarenta y seis víctimas mortales en el Estrecho. Lo ocurrido esta semana ha roto todos los registros.

Entre los cuerpos recuperados hay muchos adolescentes. «Bastantes chiquillos de doce a catorce años», señaló una fuente de la Funeraria Cuatro Culturas, que colabora en la operación. La mayoría murió aplastada o ahogada en la estampida humana del jueves. «Se vio empujada al agua gente que no sabía nadar», explicó un agente policial. Algunos cadáveres presentan mayor descomposición porque las entradas al mar llevan sucediéndose desde la segunda quincena de julio. El Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil toma huellas, fotografías y muestras de ADN de cada uno. Si no se logra identificarlos, terminarán enterrados con un número.

Los familiares de los desaparecidos llaman a las ONG y al diario local El Faro de Ceuta para que publiquen la búsqueda. No es inusual que dos personas que hicieran juntas el mismo trayecto hayan corrido distinta suerte. La identificación es competencia del Ministerio de Justicia, a través de los servicios de Medicina Legal y Ciencias Forenses. Ceuta presta el apoyo logístico, incluida la sala de autopsias del antiguo hospital. Es un trabajo que acaba de empezar.

  1. La ciudad que intenta volver a la normalidad

Las tiendas y gasolineras que cerraron a cal y canto han ido reabriendo tímidamente. Los hoteles están llenos de policías, forenses y periodistas internacionales. La feria en honor de la Virgen de África, patrona de la ciudad, ha sido cancelada. La Presidencia de la ciudad autónoma pidió disculpas a los empresarios, muchos de los cuales sumarán pérdidas. Los centros de menores comenzaron el domingo a recibir a los jóvenes que se acercaban solos o que trasladaban el Ejército y la Policía, proporcionándoles comida, ropa y cobijo de urgencia.

Por las calles del centro todavía deambulaban grupos de jóvenes con bolsas, aunque mucho menos numerosos que en los días anteriores. Zakariya, veintisiete años, oriundo de Casablanca, esperaba en la puerta de un estanco del barrio José Zurrón sin camiseta. «Dos días más y la gente mata a otra gente», resumió. Manuel S., el propietario del negocio, les dejaba entrar de dos en dos: «Vienen con su dinero, se llevan agua, tabaco, galletas», detalló. Había comprensión, más que miedo. Y también debate: algunos vecinos reconocían el dilema entre ayudar y el temor a que la situación se descontrolara.

  1. La convivencia entre religiones y culturas que resistió

Frente al discurso del odio que llegó desde la Península, la Ceuta real mostró otra cara. Mujeres con hiyab recorrieron las calles con carteles que decían «soy española». Vecinos de barrios como Juan Carlos I reconocieron haberse organizado para alejar a los radicales llegados de fuera. Juan Jesús Vivas, presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, defendió con firmeza a los ceutíes musulmanes frente a quienes intentaron dividir una comunidad construida sobre cuatro culturas, aunque sus duras críticas al Gobierno central siguieron ocupando buena parte de su discurso público.

Alvise Pérez, que llegó anunciando que quería «limpiar Ceuta de árabes», fue evacuado por la Policía. El grupo neonazi Núcleo Nacional también desembarcó en la ciudad autónoma, generando el rechazo de buena parte de la población local. Fatima Hamed Hossain, activista ceutí de reconocida trayectoria en el diálogo intercomunitario, advirtió al diario británico The Guardian de que los ultras estaban «profundizando las divisiones» en una ciudad que lleva décadas gestionando su pluralidad como seña de identidad propia.

  1. El dispositivo que llegó tarde

Tres mil efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y del Ejército se desplegaron en Ceuta a lo largo de la semana. El viernes, el Gobierno comenzó a instalar una barrera neumática de quinientos metros de longitud frente al espigón fronterizo del Tarajal, con un mallado subacuático de hasta un metro de profundidad. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) humanitarias advierten de que la medida solo alejará el punto de entrada y aumentará las muertes futuras, sin abordar ninguna de las causas estructurales de la migración.

En Melilla, la noche del sábado al domingo, un millar de personas intentó cruzar por el paso de Beni Enzar pero fue contenida por los agentes marroquíes. El Gobierno reabrió progresivamente esa frontera para facilitar la Operación Paso del Estrecho (OPE) por razones humanitarias. La niebla local, el taró, facilitó el domingo nuevas llegadas al litoral ceutí, manteniendo en alerta al dispositivo. La ciudad autónoma, en palabras del propio Vivas, «no ha vuelto a la normalidad». Miles de personas permanecían aún pendientes de retornar o de ser identificadas.

  1. La catástrofe que nadie anticipó

Todo comenzó, según el análisis del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) español, con un rumor en redes sociales: una sentencia del Tribunal Supremo que vetaba las devoluciones en caliente en alta mar habría abierto una ventana de oportunidad. El bulo se viralizó en grupos de Facebook de la comunidad hrig —término árabe que hace referencia a quemar los papeles de identidad para dificultar la deportación— con decenas de miles de seguidores. La coincidencia con la Fiesta del Trono marroquí, cuando la vigilancia fronteriza bajó a cero, transformó un rumor en una estampida humana.

El jueves amaneció con los primeros grupos. A mediodía, Marruecos «abrió el grifo», en palabras de fuentes del Ministerio del Interior español. Para la noche, decenas de miles de personas habían cruzado. El viernes, Rabat activó sirenas y cañones de agua. El retorno masivo, impulsado por la presión marroquí y el dispositivo español, devolvió a más de sesenta y nueve mil personas en menos de cuarenta y ocho horas. Esa velocidad fue, en expresión del editorial de El País, «la buena noticia» de una crisis que ha dejado al descubierto, como pocas veces, la vulnerabilidad de la frontera sur de la Unión Europea.

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