Más de 1.000 personas han entrado a nado en Ceuta durante la última semana, entre ellas entre 30 y 40 menores, en un repunte que ha desbordado el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) y obligado a improvisar acampadas en la calle. La Delegación del Gobierno y la Ciudad Autónoma han calificado la situación de «emergencia» y prometen una respuesta coordinada, mientras las organizaciones humanitarias insisten en que el fenómeno es estructural y se repite cada verano.
La situación migratoria en Ceuta es ya de «emergencia» tras la llegada a la ciudad de más de 1.000 personas, tanto adultas como menores, durante la última semana. Los inmigrantes, en su mayoría marroquíes, han entrado a nado por los dos perímetros fronterizos de la ciudad, lo que algunos han interpretado como una reacción inmediata a la sentencia del Tribunal Supremo del pasado 8 de julio, que impide la devolución en caliente de las personas que entran nadando y reserva esa medida solo para quienes hayan vulnerado los elementos de contención fronterizos establecidos, como las vallas. Ceuta experimenta, sin embargo, repuntes de llegadas cada verano mediante el mismo procedimiento: nadando desde la costa de Fnideq, antiguo Castillejos, en territorio marroquí.
José Miguel Morales, director de la organización Sur Acoge, uno de los mejores conocedores del fenómeno, considera que no ha cambiado nada respecto a otros años. «No hay sorpresas, lo que hay que asumir es que esto se repite», sostiene Morales, quien insiste en que la ciudad no puede vivir «de emergencia en emergencia» y reclama dimensionar de forma permanente los servicios de acogida y atención social que Ceuta necesita. Según explica por teléfono, estos días hay casi tantos extranjeros fuera del CETI como dentro, lo que obliga a pernoctar en la calle y a improvisar acampadas en los alrededores del centro.
Sobre el terreno, Morales calcula que han llegado entre 30 y 40 menores no acompañados en este repunte. Según las informaciones de los medios locales, se habla ya de cuatro personas ahogadas que no lograron alcanzar la costa, un dato que Morales atribuye a la fuerza del fenómeno más que a una novedad: «Sorpresa no es, pasa cada verano», asegura. El director de Sur Acoge reconoce, en todo caso, la disposición de los responsables del centro para habilitar espacios adicionales y dar cabida a los recién llegados, algo que se está gestionando en estos días de máxima presión sobre las instalaciones.
Lo que dice la sentencia y la respuesta institucional
Morales no atribuye el repunte a la sentencia del Supremo, sino a un factor distinto: el Pacto Europeo de Migración y Asilo (PEMA), en vigor desde el 12 de junio. El director de Sur Acoge explica que el pacto endurece las condiciones de entrada en el espacio Schengen, del que Ceuta y Melilla no forman parte, lo que complica la posibilidad de aliviar la presión sobre las dos ciudades autónomas distribuyendo a los migrantes hacia la Península. «Si el número de migrantes crece de forma desmedida en esas ciudades, no será tan fácil aliviar la presión distribuyéndolos», advierte. El verano tiene, según recuerda el propio Morales, sus imágenes clásicas: jóvenes que alcanzan la costa ceutí brazada a brazada, sorteando los obstáculos entre ambos países, aunque no todos lo consiguen y el mar se cobra cada año la vida de quienes pierden la fuerza en el intento.
La presión extraordinaria sobre los recursos de acogida existentes motivó ayer una reunión entre la Delegación del Gobierno en Ceuta y las autoridades de la ciudad autónoma para abordar conjuntamente una situación que, según explicaron ambas instituciones en una nota conjunta, está desbordando al centro de acogida. La ciudad se prepara para una coordinación institucional que ofrezca solución a las necesidades más apremiantes, con el objetivo, señalaron, de «garantizar una respuesta eficaz desde los ámbitos humanitario, asistencial y de seguridad». Ambas administraciones coinciden en que la presión migratoria «requiere una respuesta extraordinaria e inmediata» y han prometido colaborar institucionalmente para abordar la llegada de migrantes en un plazo de tiempo tan corto.
El fenómeno no se limita a Ceuta ni al verano actual. Unos meses después de este repunte será la comunidad canaria la que reciba un mayor número de embarcaciones procedentes de puntos de África más al sur, cuando el océano ofrezca mejores condiciones para la travesía. En la costa marroquí de Fnideq, la más cercana a Ceuta, los gendarmes del país magrebí trabajan para impedir que los jóvenes crucen la frontera marítima, aunque no siempre con éxito. La migración conocida como espaldas mojadas aprovecha el buen tiempo estival para intentar sus trayectos, una dinámica que, según Morales, ninguna sentencia judicial incentiva ni frena: es ya, sostiene el director de Sur Acoge, una imagen fija del verano en la frontera sur de Europa.