Más de 750.000 personas han sido evacuadas de forma preventiva en el sureste de China tras la llegada del tifón Noul, que tocó tierra durante la madrugada de este domingo en la provincia de Cantón (Guangdong) con vientos superiores a 160 kilómetros por hora, lo que llevó a las autoridades a activar la alerta roja, el nivel máximo de emergencia meteorológica.
Según el Centro Meteorológico Nacional (NMC), el ciclón impactó en la localidad costera de Pinghai y comenzó posteriormente a desplazarse hacia el norte-noroeste a una velocidad de entre 10 y 15 kilómetros por hora, perdiendo intensidad de forma progresiva. No obstante, las autoridades mantienen la máxima vigilancia debido al elevado riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra provocados por las lluvias torrenciales.
Aunque la alerta por vientos fue rebajada a nivel naranja pocas horas después del impacto, el Gobierno chino mantiene la alerta roja por precipitaciones extremas en amplias zonas de Cantón y en las provincias vecinas de Fujian, Jiangxi y Hunan, donde se esperan acumulaciones de entre 250 y 500 milímetros de lluvia.
Las operaciones preventivas incluyeron el traslado de cientos de miles de residentes a refugios temporales, la protección de numerosos buques en zonas portuarias y un refuerzo de la vigilancia hidrológica en varias provincias del sur del país. En la vecina región administrativa especial de Hong Kong, el paso del tifón dejó al menos nueve heridos, además de provocar la cancelación de cerca de 700 vuelos y 200 servicios ferroviarios, alterando de forma significativa el transporte.
Ante la magnitud del fenómeno, el Gobierno central anunció una partida extraordinaria de 100 millones de yuanes (unos 14,8 millones de dólares) destinada a financiar las primeras labores de recuperación, con prioridad para la reparación de infraestructuras esenciales, hospitales, escuelas y servicios públicos.
Noul es el duodécimo tifón de la temporada en el Pacífico y el más intenso que ha afectado a China en lo que va de 2026. Su llegada se produce apenas dos semanas después del paso del tifón Bavi, que obligó a evacuar a más de 1,7 millones de personas y volvió a poner de manifiesto la creciente vulnerabilidad de la región frente a fenómenos meteorológicos extremos, cuya intensidad y frecuencia preocupan cada vez más a las autoridades y a la comunidad científica.