La victoria de la selección española en el Mundial de fútbol añadirá algunas décimas al Producto Interior Bruto (PIB), según los estudios que han analizado el impacto económico de ganar el torneo. Los expertos coinciden en que el efecto proviene sobre todo del repunte de las exportaciones y de la visibilidad internacional del país, no del consumo interno, y advierten de que su alcance es limitado en el tiempo y no altera las perspectivas de crecimiento a medio plazo.
España ha ganado el Mundial, y durante semanas el nombre del país aparecerá en anuncios, redes sociales y conversaciones de millones de personas en todo el planeta. La selección ha conseguido así, por unos días, algo por lo que las grandes empresas llevan años pagando millones: que una marca sea reconocida y asociada a una emoción positiva. La pregunta que se plantean los analistas es si esa atención puede traducirse en un crecimiento real para la economía española, y la respuesta es que sí, aunque el impulso se limita a algunas décimas de PIB y solo a corto plazo.
La investigación académica permite poner una cifra aproximada al efecto positivo. El economista Marco Mello, en un estudio publicado en el Oxford Bulletin of Economics and Statistics a partir de datos de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), estima que ganar la Copa del Mundo puede elevar entre 0,45 y 0,68 puntos porcentuales el avance del PIB durante los dos trimestres posteriores a la final. Lo más llamativo, según el estudio, es que ese impulso procede sobre todo de las exportaciones y no del consumo interno, como podría pensarse en un primer momento.
La hipótesis de Mello es que la victoria aumenta la exposición internacional del país ganador, al situar a sus jugadores en las portadas de periódicos de todo el mundo y en espacios publicitarios privilegiados como Times Square, en Nueva York, lo que hace que personas que antes no tenían interés en el país pasen a reconocer sus productos. Una muestra de este fenómeno llega desde China: la plataforma de viajes Qunar registró un incremento notable en la búsqueda de vuelos a España tras la victoria futbolística, con las rutas entre Shenzhen y Barcelona buscadas treinta y tres veces más que la semana anterior, y las de Kunming a Barcelona multiplicadas por diez. El efecto se extendió también a Madrid, Málaga y Tenerife, con aumentos de búsquedas superiores al 60% registrados por otra plataforma, Umetrip.
El contexto económico previo y el contraste con 2010
El éxito de España llega en un momento en el que la economía ya atraviesa una etapa de bonanza. En el primer trimestre del año, el PIB creció un 0,6% respecto al trimestre anterior y un 2,7% en términos interanuales, por encima de los registros de Alemania y Francia. En este contexto, el responsable adjunto del equipo de Ratings Soberanos de Scope Ratings, Carlo Capuano, explicó que «el éxito deportivo podría contribuir a reforzar el consumo privado y ayudar a consolidar la previsión de crecimiento del 2,1% que maneja Scope para el conjunto del año». El analista insistió, no obstante, en que el campeonato ayudará a consolidar la buena marcha de la economía, pero no cambiará las perspectivas de fondo: «La victoria probablemente tendrá un resultado positivo, pero pequeño, que no alterará la estructura de la economía ni su ratio de crecimiento potencial».
La comparación con el Mundial de 2010 ayuda a entender los límites de este efecto. Cuando España ganó su primer título mundial, el país atravesaba una crisis financiera y una profunda destrucción de empleo que dos años después obligó al Gobierno a solicitar un rescate para el sector bancario. Aquel título no evitó ninguno de esos problemas ni supuso un aumento del PIB, lo que demuestra que una misma victoria deportiva puede coincidir con situaciones económicas completamente distintas y producir efectos muy diferentes según el ciclo en que se produzca.
Los límites del efecto y el «coste de la distracción»
La expansión potencial de la economía española depende de cuestiones mucho menos inmediatas que un campeonato de fútbol, como la productividad, la inversión, el tamaño y la capacidad de las empresas, la innovación o la evolución de la población activa. El Mundial actúa, en ese sentido, como un simple acelerador puntual que no modifica esos factores estructurales. La literatura económica contempla además otros escenarios menos favorables: los investigadores Craig Depken y Dennis Wilson analizaron en 2014 lo que denominaron el coste de la distracción, es decir, la posibilidad de que el seguimiento masivo del torneo reduzca temporalmente la actividad productiva en determinados sectores.
La explicación de ese fenómeno es sencilla: durante las semanas de competición, millones de personas concentran su atención y su consumo en bares y restaurantes, que se benefician directamente de los encuentros, mientras que otros sectores pueden ver interrumpida su actividad habitual. La cuestión de fondo, según los analistas consultados, es si las empresas españolas serán capaces de aprovechar ese repunte de visibilidad internacional y convertirlo en negocio real durante el corto periodo en que dura el escaparate mundial, antes de que la atención global se traslade a otro país o a otro acontecimiento.