La selección española de fútbol fue recibida ayer en Madrid tras conquistar su segunda estrella mundial en Nueva Jersey. Tras las recepciones institucionales en los palacios de la Zarzuela y de la Moncloa, cerca de dos millones de personas, según la Delegación del Gobierno, acompañaron a los jugadores en un recorrido en autobús descapotable que culminó en una fiesta multitudinaria en la plaza de Cibeles.
España abrazó ayer a sus campeones del mundo. La selección regresó de inmediato desde el estadio MetLife de Nueva Jersey para compartir con la afición la segunda estrella cosida en su camiseta, tras vencer a Argentina el domingo en la final. El recorrido comenzó con las recepciones oficiales en la Zarzuela y en la Moncloa, y continuó por las calles de la capital flanqueado en todo momento por decenas de miles de seguidores que prolongaban la celebración iniciada la noche anterior.
Un centenar de trabajadores del palacio de la Zarzuela recibió con aplausos a los nuevos campeones, que llegaron con traje de chaqueta y formaron un pasillo de honor hasta encontrarse con los reyes, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Felipe VI destacó el trabajo colectivo del equipo y aseguró que los jugadores forman «un conjunto estelar y legendario para la historia» del deporte español. El monarca recordó además que la selección femenina de fútbol ostenta también el título mundial vigente, en referencia a la conquista lograda en 2023.
Horas después, la comitiva fue recibida en el palacio de la Moncloa por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un acto abierto a la participación de trabajadores y de aficionados de todas las edades. Sánchez agradeció a la selección «por su juego, por su esfuerzo y por la victoria», y llegó a plantear la posibilidad de soñar con un tercer título consecutivo en el Mundial de 2030, del que España será anfitriona junto a Portugal y Marruecos. El capitán, Rodri Hernández, resumió el sentimiento colectivo con una frase que resonó entre los presentes: «Somos campeones del mundo».
El baño de masas hasta Cibeles
Tras las visitas protocolarias, los jugadores se subieron a un autobús descapotable para iniciar su recorrido por las principales arterias de Madrid. El calor apretó de tal manera que la Comunidad de Madrid había decretado previamente el nivel de riesgo alto, lo que obligó a la afición a protegerse con abanicos, paraguas abiertos y difusores de agua sin dejar de animar a sus ídolos. Los primeros tramos del recorrido, en la carretera de acceso desde la Moncloa, estuvieron marcados por el tráfico detenido en sentido contrario, con conductores que se paraban a fotografiar el autobús serigrafiado con la leyenda «Reyes del mundo».
Los futbolistas, ya sin el traje oficial, aparecieron con camisetas conmemorativas del triunfo, y algunos, como Ferran Torres o Marcos Llorente, optaron por quitársela entre el calor y la euforia. El trofeo dorado pasó de mano en mano, aunque quien más tiempo lo sostuvo fue el propio Rodri, distinguido como mejor jugador del torneo disputado en Estados Unidos, México y Canadá. La marea humana, cifrada por la Delegación del Gobierno en cerca de dos millones de personas, coreó durante todo el recorrido las canciones que habían acompañado al equipo a lo largo del campeonato.
La fiesta y el recuerdo emotivo en Cibeles
El destino final del recorrido fue la plaza de Cibeles, donde se concentraron alrededor de 120.000 personas para el colofón de la jornada. Allí, el gallego Borja Iglesias se hizo con la mesa de mezclas instalada sobre el escenario y ejerció de pinchadiscos entre actuaciones musicales de artistas como Aitana, Ana Mena, Viva Suecia y Lola Índigo, que interpretó junto al público el himno no oficial del equipo, «Superestrella», mientras la plantilla, ya sin la formalidad de los actos institucionales, se dejaba llevar por el ambiente festivo del escenario.
Antes de que comenzara la fiesta, Rodri quiso reivindicar públicamente el papel de un compañero señalado por las críticas durante buena parte de la competición. «Me gustaría acordarme de una persona muy importante para mí», dijo el capitán, en referencia a Ferran Torres, autor del gol decisivo en la final, a quien calificó de «historia del fútbol español» tras meses de cuestionamientos sobre su rendimiento. La jornada se cerró además con un recuerdo emotivo a María Caamaño, una niña salmantina de trece años fallecida en abril por un sarcoma, a quien Rodri dedicó unas palabras desde el escenario ante el aplauso del público congregado.
La celebración madrileña puso así el broche a una jornada que había arrancado con la llegada del avión de Iberia a primera hora de la tarde y que se prolongó hasta bien entrada la noche entre música, cánticos y una afluencia de público que las autoridades no dudaron en calificar de histórica. Luis de la Fuente, seleccionador del equipo, resumió el sentir general del cuerpo técnico ante la plantilla: «Es un honor dirigir a estas veintiséis grandes personas», afirmó, calificándolas además como las mejores futbolistas del mundo.
Entre los presentes en las distintas recepciones a lo largo de la jornada figuraron la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y el ministro de Justicia, Félix Bolaños, además del streamer Ibai Llanos, que ejerció de maestro de ceremonias improvisado en los jardines de la Moncloa. La combinación de actos institucionales y celebración popular reflejó el alcance transversal que había alcanzado la victoria, seguida el domingo por más de quince millones de espectadores solo en España a través de la televisión, según los datos de audiencia difundidos por las cadenas.