España factura 8.500 millones en datos personales

14 juillet 2026 - 08:58

El mercado europeo de datos movió 115.000 millones de euros en 2025, un 22% más que en 2023, y la Comisión Europea estima que rozará los 150.000 millones en 2030. España cuenta con 30.744 empresas proveedoras de datos que facturaron 8.530 millones el año pasado, más que todo el sector publicitario nacional. Un informe de Funcas advierte de que la aceleración de la inteligencia artificial destruirá 400.000 empleos netos en España antes de 2035 por la automatización de tareas.

Los datos personales que los ciudadanos cedían hace una década a cambio de servicios digitales gratuitos han dejado de ser un subproducto de la economía digital para convertirse en su materia prima más valiosa. La irrupción de la inteligencia artificial (IA) ha multiplicado su valor y transformado su uso: ya no sirven únicamente para personalizar la publicidad en línea, sino que alimentan los sistemas de aprendizaje de los modelos que operarán robots domésticos e industriales en un horizonte más próximo de lo que la mayoría de los análisis anticipaba. El mercado europeo de datos movió 115.000 millones de euros en 2025, un 22% más que en 2023, según el estudio «Mercado europeo de datos 2024-2026». Las previsiones de la Comisión Europea apuntan a que esa cifra rozará los 150.000 millones en 2030.

España ocupa una posición relevante en ese mapa. El 11% de las 280.173 empresas proveedoras de datos registradas en el mercado único europeo son españolas, lo que sitúa al país en el tercer puesto del ranking continental por número de compañías del sector, solo por detrás de Alemania e Italia. Las 30.744 empresas españolas dedicadas a la comercialización de datos facturaron de manera conjunta 8.530 millones de euros en 2025, una cifra que supera en un 31% el volumen del mercado publicitario español y que triplica las ventas del sector del videojuego, estimadas por el Ministerio de Transformación Digital en 2.300 millones. Las proyecciones apuntan a que esa facturación alcanzará los 12.000 millones en 2030.

Un mercado que ya supera al sector publicitario español

La monetización de los datos adopta formas muy distintas según el sector. En el extremo más visible, compañías como Visa o Mastercard anonimizan y agrupan millones de registros sobre pagos y consumo para vender informes a cadenas multinacionales y fondos de inversión. En el ámbito industrial, fabricantes como John Deere o Rolls-Royce han incorporado sensores a sus componentes para recopilar información sobre el estado de las piezas en tiempo real, lo que les permite anticiparse a las averías mediante lo que se denomina mantenimiento predictivo: estimar con alta precisión cuándo fallará una pieza y enviar el repuesto antes de que se produzca la avería, evitando pérdidas millonarias por paradas de producción. En el comercio minorista, las tarjetas de fidelización de los supermercados cumplen una función equivalente: permiten conocer los hábitos de compra de cada cliente y personalizar las ofertas para maximizar la recurrencia.

La rentabilidad del negocio es considerable. Solo en el último año, las empresas de comercialización de datos en la Unión Europea (UE) obtuvieron un beneficio neto de 33.966 millones de euros después de descontar gastos y costes operativos. En España, ese margen frisó los 2.000 millones y podría aproximarse a los 3.000 en 2030. Las cifras, sin embargo, quedan lejos de las estadounidenses: en Estados Unidos hay registradas casi 100.000 empresas más que en toda la UE dedicadas a comercializar datos, lo que ilustra la brecha transatlántica en un sector que se ha convertido en uno de los ejes de la competencia económica global.

400.000 empleos menos antes de 2035

El crecimiento del mercado de datos tiene una cara menos visible en los balances pero más determinante para la mayoría de los ciudadanos: su impacto sobre el empleo. Francisco Rodríguez-Fernández, en un informe reciente de Funcas, el think tank de las cajas de ahorro, advierte de que «la adopción empresarial de IA en España está acelerándose de forma notable y sus efectos sobre el empleo comenzarán a materializarse de forma perceptible en los próximos años». El impacto tiene cifra concreta: 400.000 empleos netos destruidos antes de 2035 por la automatización de tareas que hasta ahora realizaban personas.

El estudio Agents, Robots and Us, elaborado por el McKinsey Global Institute (MGI), precisa el alcance de esa transformación: el 44% de las tareas realizadas en España pueden ser asumidas por un programa informático, y un 15% adicional, por robots orientados a tareas físicas. Si se aprovechara todo el potencial de automatización disponible, España podría desbloquear 145.000 millones de euros en ganancias de productividad, distribuidos principalmente entre el sector minorista, el manufacturero y las administraciones públicas. La presión sobre las cúpulas empresariales ya es perceptible: una encuesta de la compañía de IA Dataiku revela que ocho de cada diez directores ejecutivos temen perder su puesto si no logran ofrecer resultados medibles de cómo han conseguido rentabilizar la IA. «El miedo ya no es quedarse atrás, sino invertir en las cosas equivocadas», advierten sus analistas.

Robots humanoides y el umbral de lo cotidiano

La automatización avanza también en el terreno físico. Boston Dynamics ha desarrollado Atlas, un robot humanoide capaz de realizar tareas complejas en entornos industriales: carga grandes pesos, maneja mercancías peligrosas, trabaja las 24 horas del día sin supervisión humana y soporta temperaturas de entre 20 grados bajo cero y 40 grados sobre cero. La compañía prevé construir una fábrica a gran escala para producirlos en serie en 2028. Su principal competidor en este segmento es Optimus, el robot humanoide de Tesla cuyo cerebro funciona con la misma IA que los vehículos autónomos de la compañía y que aprende por imitación procesando vídeos de movimientos humanos. Elon Musk, fundador de Tesla, ha anticipado un precio de venta de entre 17.300 y 26.000 euros, con el objetivo de introducirlo no solo en fábricas sino también en los hogares.

El debate sobre el impacto neto de esa transformación sobre el empleo y la distribución de la riqueza generada por los datos sigue abierto. Lo que los datos del mercado europeo ya confirman es que el valor económico de la información personal ha dejado de ser una promesa para convertirse en una de las industrias de mayor crecimiento del continente, con consecuencias que afectarán al conjunto de la economía mucho antes de que los marcos regulatorios hayan terminado de adaptarse.

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