El Gobierno español anunció en la cumbre de la OTAN en Ankara su participación en una flota multinacional de aviones de transporte militar Airbus A400M, ensamblados en Sevilla, junto a otros seis países aliados. La medida llega en un encuentro marcado por la presión de Donald Trump para que los socios europeos eleven su gasto en defensa, con España como uno de los países señalados por mantener su inversión en el 2% del PIB.
El Gobierno central desembarcó ayer en la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Ankara con la premisa de defender que la contribución española a la Alianza no se mide únicamente por el volumen de gasto en defensa, fijado en el 2% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2025, sino por el modo en que esa inversión fortalece las capacidades militares aliadas. La cumbre estaba diseñada para proyectar una imagen de unidad de cara al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que en las últimas semanas ha intensificado sus presiones sobre los socios europeos para que eleven su inversión militar hasta el 5% del PIB.
Fue el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien anunció los nuevos programas de defensa multinacionales respaldados por el Gobierno de Pedro Sánchez, tras meses de secretismo desde la Moncloa sobre estos proyectos. Entre ellos destaca la alianza con otros seis países para crear una flota multinacional del avión de transporte militar Airbus A400M, que cuenta con su única planta de ensamblaje en Sevilla.
El anuncio de Rutte y la planta de Sevilla
El modelo de la nueva flota sigue los pasos del avión cisterna Airbus A330 (MRTT), en el que los países participantes —Bélgica, Croacia, Francia, Polonia, Turquía, el Reino Unido y España— comparten aviones y costes para beneficiarse de economías de escala. Rutte definió la aeronave como «una capacidad de transporte aéreo estratégico de primer nivel mundial», capaz de acceder a lugares que otros aviones de mayor tamaño no pueden alcanzar.
Por el momento se desconoce el número exacto de aeronaves que integrará la nueva flota, aunque el Ministerio de Defensa maneja tres escenarios posibles: que los aliados entreguen aviones ya en servicio, que aporten aparatos en fase de producción o que se realicen nuevos pedidos conjuntos. En cualquiera de esos supuestos, la planta de San Pablo, en Sevilla, con más de 3.500 empleos directos, se beneficiará del contrato, que forma parte de un paquete más amplio de nuevos programas de defensa impulsados por la Alianza, entre ellos 40.000 millones de dólares destinados a capacidades antidrones.
Los argumentos económicos del Gobierno
El Ejecutivo ha recurrido reiteradamente a los beneficios económicos del rearme para calmar a sus socios políticos, en un proceso que no ha pasado por el Congreso de los Diputados. Según cifras aportadas por la Moncloa, ocho de cada diez euros invertidos en defensa revierten en la economía española, impulsando la industria del sector y los centros tecnológicos en todo el territorio. El Gobierno estima que los 35 programas especiales de modernización de las Fuerzas Armadas en marcha, a la espera de aprobar otros 15, generarán en torno a 22.000 empleos directos e indirectos, mientras que el conjunto del plan especial anunciado por Sánchez, con 10.471 millones de euros, permitiría crear alrededor de 96.000 puestos de trabajo.
Para reforzar esa posición ante la cumbre, el Consejo de Ministros aprobó horas antes de la cita en Ankara una transferencia de crédito adicional al Ministerio de Defensa. La referencia oficial del Consejo señaló que la medida busca dotar al Ministerio de Defensa con los créditos suficientes para cubrir esas necesidades, en un movimiento que Moncloa presenta como prueba de que España cumple con sus compromisos sin necesidad de alcanzar el 5% del PIB que reclama Washington.
La presión de Trump y el contexto de la cumbre
Los nuevos proyectos llegan en un momento de creciente preocupación entre los fabricantes de armamento estadounidenses por su capacidad para satisfacer una demanda cada vez mayor, ya que tanto la guerra contra Irán como el conflicto en Ucrania han agotado buena parte de las reservas de armamento de Estados Unidos. Europa, a través de inversiones multimillonarias respaldadas por la Unión Europea (UE), busca reducir su dependencia de los fabricantes estadounidenses en materia de seguridad.
Trump ha calificado en los últimos días de «ridículo» el nivel de gasto en defensa de varios socios de la OTAN antes de la cumbre, en un contexto de tensión transatlántica que se ha visto agravada por el choque en torno a la guerra de Irán y por las amenazas del mandatario estadounidense sobre Groenlandia. La propia OTAN confirmó que, de todos los aliados, solo tres —Albania, Eslovenia y República Checa— no llegaron el año pasado al umbral del 2% del PIB en gasto militar, lo que sitúa a España entre los países que cumplen ese objetivo, aunque lejos todavía del 5% que reclama Washington.