Por primera vez desde noviembre de 2023, la derecha chilena perdió el liderazgo en las encuestas presidenciales. La última medición de Criteria muestra que Jeannette Jara, la candidata oficialista, encabeza las preferencias con un 29%, seguida por José Antonio Kast (22%) y Evelyn Matthei, que cae al tercer lugar con un 17%.
El ascenso de Jara es contundente. La exministra del Trabajo subió 14 puntos en una semana, tras ganar las primarias de Unidad por Chile. Su victoria en la interna oficialista revitalizó su figura y reordenó el tablero político chileno. Sin embargo, su liderazgo en primera vuelta aún no se traduce en una ventaja clara en los escenarios de balotaje.
La encuesta Criteria revela que en una eventual segunda vuelta, José Antonio Kast vencería a Jara con un 42% frente a 35%, mientras que Evelyn Matthei también la superaría con un 40% frente a 35%. Es decir, aunque Jara lidera en menciones espontáneas, aún no consolida un apoyo mayoritario capaz de imponerse en la definición final.
Detrás de los tres principales nombres, aparecen Franco Parisi (9%), Johannes Kaiser (8%) y Marco Enríquez-Ominami (3%). Un 9% de encuestados no manifestó preferencias.
El dato político es claro: la derecha chilena enfrenta una reconfiguración interna. Evelyn Matthei, histórica figura de la UDI y hasta hace poco favorita, pierde terreno ante un Kast que consolida su base dura y ante una Jara que capitaliza su triunfo en las primarias oficialistas.
Jeannette Jara representa la carta del progresismo en un país que aún busca estabilizar su rumbo político tras la derrota del proceso constitucional y la fragmentación del mapa partidario. Su desafío será doble: sostener el impulso y ampliar su base hacia sectores moderados para no repetir la historia reciente de la izquierda chilena, que gana primarias pero tropieza en la segunda vuelta.
La encuesta Criteria se realizó entre el 1 y 3 de julio de 2025, mediante panel online, con 1002 casos de hombres y mujeres mayores de 18 años de los grupos socioeconómicos ABCD.
Chile entra así en una nueva fase electoral donde nada está definido, pero algo es claro: la era de liderazgos inamovibles se terminó.