Bruselas.- El proyecto del euro digital, concebido por el Banco Central Europeo (BCE) como una alternativa europea a las grandes plataformas estadounidenses de pago, afronta este martes una etapa decisiva en el Parlamento Europeo.
La iniciativa, que pretende reforzar la soberanía financiera de la Unión Europea y reducir la dependencia de operadores extranjeros como Visa, Mastercard, PayPal o Apple Pay, podría abrir próximamente una nueva fase de negociación entre las instituciones europeas y los Estados miembros.
Actualmente, cerca de dos tercios de los pagos con tarjeta realizados en la zona euro dependen de infraestructuras controladas por empresas no europeas. Además, trece de los veintiún países de la unión monetaria carecen de un sistema nacional propio de pagos electrónicos.
Para el Banco Central Europeo, esta dependencia constituye una vulnerabilidad estratégica en un contexto internacional marcado por las tensiones geopolíticas y la creciente competencia tecnológica.
«El euro digital no sustituirá al efectivo, sino que ofrecerá una alternativa europea segura y accesible para los pagos digitales», defienden responsables del BCE.
Una moneda digital pública
El euro digital sería una versión electrónica de la moneda única emitida directamente por el Banco Central Europeo.
Los ciudadanos podrían disponer de una cartera digital a través de bancos u organismos públicos y utilizarla para pagar en comercios, realizar compras por internet o efectuar transferencias entre particulares.
El BCE asegura que el sistema garantizará elevados niveles de privacidad, especialmente mediante pagos fuera de línea, similares al uso del dinero en efectivo.
También se estudian nuevas funciones, como pagos condicionados a la entrega de mercancías o sistemas de pago fraccionado integrados.
La cuestión de la soberanía europea
El debate ha cobrado fuerza después de que determinadas sanciones internacionales afectaran a personas que utilizaban sistemas de pago estadounidenses, reabriendo la discusión sobre la autonomía financiera europea.
Para numerosos responsables europeos, disponer de una infraestructura propia de pagos se ha convertido en una cuestión de soberanía comparable a la energía, las telecomunicaciones o la defensa.
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha defendido repetidamente la necesidad de reducir la dependencia tecnológica y financiera de la Unión.
La oposición de los bancos
El sector bancario europeo observa el proyecto con reservas.
La Federación Bancaria Europea estima que la adaptación tecnológica podría costar hasta 18.000 millones de euros, mientras que el BCE sitúa el coste entre 4.000 y 5.800 millones.
Las entidades financieras también temen una transferencia masiva de depósitos hacia el euro digital, aunque el Banco Central asegura que el sistema incluirá límites para evitar riesgos para la estabilidad financiera.
Asimismo, algunos grandes bancos consideran que el euro digital podría competir con soluciones privadas europeas como Wero, la nueva plataforma paneuropea de pagos.
Horizonte de 2029
Si la legislación europea se aprueba antes de finales de año, el BCE prevé lanzar una fase piloto en 2027 y emitir los primeros euros digitales en torno a 2029.
El objetivo declarado es crear una infraestructura de pagos común para toda la eurozona y reforzar la autonomía estratégica de la Unión en un mercado actualmente dominado por actores estadounidenses.
Para el BCE, el euro digital no constituye únicamente una innovación tecnológica, sino una herramienta destinada a fortalecer la independencia económica y monetaria europea.