El coste de la cesta de la compra: claves de cinco años de escalada de precios

17 juin 2026 - 08:45

El precio de los alimentos en España ha subido un 37% desde 2021, según el Instituto Nacional de Estadística, y la Organización de Consumidores y Usuarios cifra en un 42% el encarecimiento del carrito habitual de 96 productos. La guerra de Irán y el cierre del estrecho de Ormuz amenazan con una nueva oleada inflacionaria en la segunda mitad del año, según las previsiones de Funcas.

Casi cuatro de cada diez españoles declaran al Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que la situación económica de su hogar es peor que hace seis meses. El 68% de ellos apunta a la inflación como causa principal. El encarecimiento de los alimentos no es una percepción subjetiva: el Instituto Nacional de Estadística (INE) cifra en un 37% la subida de los precios de la alimentación entre 2021 y 2025, y la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) eleva ese porcentaje al 42% al calcular la variación real del coste de un carrito de 96 productos habituales entre 2021 y abril de 2026, cuyo precio ha pasado de 239,97 a 340,16 euros. La escalada no llega sola: acumula cinco años de crisis superpuestas y amenaza con un nuevo repunte derivado del conflicto en Oriente Medio.

La cadena que conecta la guerra de Irán con el precio del pan o los huevos no es inmediata, pero sí verificable. El cierre del estrecho de Ormuz encarece los combustibles, que a su vez elevan el coste de los fertilizantes, el transporte refrigerado y el embalaje —tres eslabones fundamentales de la cadena alimentaria. El impacto aún no se ha trasladado plenamente a los lineales de los supermercados, pero los expertos coinciden en que llegará. La pregunta no es si los precios seguirán subiendo, sino cuándo y cuánto.

  1. Un 42% más caro en cinco años: los datos del malestar

El carrito de la compra es el indicador más tangible del deterioro del poder adquisitivo de los hogares españoles. Los 96 productos que la OCU monitoriza mensualmente en los principales supermercados del país costaban de media 239,97 euros en 2021 y alcanzaron los 340,16 euros en abril de 2026, un incremento del 42%. Los salarios, en cambio, solo subieron un 17,33% entre 2021 y 2025, lo que implica una pérdida neta de capacidad de compra en ese periodo. Miguel Ángel Pascual, responsable de Estudios de la OCU, advierte de un efecto perverso en la dinámica de precios: «El hecho de que se anuncie «cuidado, está subiendo la alimentación» es un acicate para que las empresas aprovechen para elevarlos más rápidamente».

Los gastos de casa y alimentación consumen el 60% del presupuesto de las familias más vulnerables, lo que convierte cualquier repunte adicional en un problema de primera magnitud para los hogares con menos renta. La acumulación de crisis —energética en 2021, invasión de Ucrania en 2022, ruptura de la cadena de suministros, sequía— ha agotado la capacidad de maniobra de muchos consumidores. Ignacio García Magarzo, director general de la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas), que representa al 75% de la distribución alimentaria en España, lo resume con precisión: «cuando se habían moderado los costes de la energía, los carburantes y de algunas materias primas, estalla el conflicto en Oriente Próximo».

  1. La guerra de Irán añade presión sobre fertilizantes y transporte

El conflicto en Oriente Medio actúa sobre la inflación alimentaria a través de dos canales principales: los fertilizantes y el transporte. Los primeros, derivados en su mayor parte del gas natural, son imprescindibles para la producción de cereales, piensos y carne. El segundo afecta a toda la cadena de frío y al embalaje. José Luis Nueno, profesor de IESE Business School, no deja margen para la duda: «Llevamos una ola de inflación alimentaria muy alta y prolongada desde la pandemia de la covid. Y ahora la crisis del golfo Pérsico la agrava, ya que los fertilizantes son pieza fundamental para los alimentos».

Manuel Hidalgo, profesor de la Universidad Pablo de Olavide y economista de EsadeEcPol, confirma que el traslado de esos costes a los lineales ya ha comenzado: «Veremos subidas del precio de los alimentos en los próximos meses debido al aumento del gas y de los fertilizantes, que ya se empiezan a trasladar a los productos». La Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados calcula que solo el impacto de la subida del gasoil en sus establecimientos asciende a 51 millones de euros desde el inicio de la guerra. Las cadenas aseguran estar haciendo «un ejercicio de contención de precios» en productos básicos como el azúcar, los huevos o el pan, pero todas las fuentes consultadas prevén nuevos repuntes.

  1. Los productos que más suben y los pocos que bajan

La escalada no afecta a todos los alimentos por igual. Entre 2021 y 2026, los productos que más se han encarecido son los huevos —un 133%—, los zumos —118%—, el café y la margarina —ambos un 85%—, el tomate —80%— y la cebolla —75%—. La carne de vacuno ha subido un 71%, la leche un 67% y el chocolate un 66%. En el extremo opuesto, solo un producto ha bajado de precio en cinco años: la patata, que cede un 5%, condicionada este año por el hundimiento de sus precios en origen.

Los datos del IPC de abril de 2026 publicados por el INE añaden precisión al mapa. En términos interanuales, las hortalizas cultivadas por su fruto —tomate, pepino, calabacín, pimiento— se encarecieron un 23%; las legumbres verdes, un 17,5%; los huevos, un 14,7%; y el pescado fresco o congelado, un 8,7%. En el lado positivo, las frutas tropicales bajaron un 20,4% respecto a abril de 2025, los aceites vegetales cedieron un 5,9% y las pastas alimenticias retrocedieron un 1,5%. Enrique Sánchez, portavoz de la OCU, advierte de una consecuencia estructural del encarecimiento de los frescos: «Los alimentos frescos y los productos saludables se han encarecido tanto que los consumidores los perciben como artículos caros y dejan de comprarlos. Así ha ocurrido con el pescado».

  1. Cómo se han adaptado los hogares: marca blanca y sustitución de proteína

Los consumidores españoles han respondido a cinco años de inflación alimentaria con una batería de estrategias de adaptación que han reconfigurado los hábitos de compra y el propio surtido de los supermercados. La más visible es el desplazamiento hacia la marca blanca o de distribuidor, cuya cuota de mercado ha pasado del 41% al 47% en cinco años, ganando 1,2 puntos solo en los últimos doce meses. Esa tendencia ha beneficiado a los especialistas en precio —Mercadona, Lidl, Aldi— y ha erosionado los márgenes de los grandes fabricantes, que tras la guerra de Ucrania ya habían tenido que recortar sus posiciones.

La sustitución de proteínas es el otro gran vector de adaptación. Nueno describe el recorrido con claridad: «Se ha pasado del pescado, que está en vías de extinción, a la carne. De la carne de vacuno a la de cerdo, después a la de pollo y luego al pollo congelado». El huevo actúa como sustitutivo de bajo coste pese a haberse encarecido un 30% solo en el primer trimestre de 2026. Joan Riera, director del Servicio al Cliente de Kantar, cuantifica el efecto neto de todas estas estrategias: «el comprador no ha asumido toda la inflación. Se ha gastado un 23% más en lugar de un 35%». Las cadenas de distribución, en cambio, han incrementado su facturación: Mercadona registró en 2025 un crecimiento del beneficio del 25%, Lidl del 24% y Dia triplicó sus resultados.

  1. Lo que viene: Funcas prevé una segunda oleada en verano

Las previsiones para la segunda mitad de 2026 apuntan a un repunte adicional de los precios alimentarios. Funcas —la Fundación de las Cajas de Ahorros— pronostica que el Índice de Precios de Consumo (IPC) alimentario ascenderá a entre el 4% y el 5% en ese periodo, con los alimentos no elaborados subiendo entre un 7% y un 8%, frente al 4,5% actual. María Jesús Fernández, economista sénior de Funcas, señala que «antes de la guerra de Irán se comportaban peor de lo esperado y, ahora, con el conflicto, esta situación se acentúa por el encarecimiento de los combustibles y los fertilizantes».

Nueno sitúa el verano como el momento más probable para que ese traslado llegue al consumidor: «Se suele aprovechar porque vienen turistas y los españoles cambian su residencia habitual». El mecanismo de transmisión tiene un desfase de unos seis meses entre el encarecimiento de las materias primas y su reflejo en el precio final, aunque ese plazo podría acortarse porque fabricantes y distribuidores han desarrollado desde la pandemia mayor agilidad negociadora. La única nota positiva es que los salarios llevan subiendo más que los precios alimentarios desde 2025, aunque Hidalgo advierte de que ese margen podría desaparecer si el conflicto en Oriente Medio se prolonga.

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