Los jóvenes españoles quieren estabilidad laboral más que dinero o ascensos

17 juin 2026 - 08:45

El primer barómetro sobre posturas juveniles ante la formación y el trabajo, elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud, revela que los jóvenes españoles de 18 a 30 años conciben el éxito laboral como la combinación de un puesto estable, un sueldo digno y tiempo para la vida personal. El estudio, basado en una encuesta a 1.200 jóvenes y cinco grupos de discusión, muestra una generación que sigue creyendo en el esfuerzo pero percibe que el sistema no siempre lo recompensa.

«Yo quiero tener un trabajo que me dé un dinero digno para terminar mi jornada laboral de 40 horas semanales y poder irme a tomar algo con mi pareja, con mis amigos, con mi familia». La frase, de una mujer de 22 años recogida en los grupos de discusión del estudio, sintetiza con precisión lo que el primer barómetro Retos y aprendizajes. Posturas juveniles ante los retos de formación y trabajo identifica como el modelo de éxito predominante entre la juventud española. El informe, elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud con la colaboración del Banco Santander y Telefónica, se basa en una encuesta online a 1.200 jóvenes de entre 18 y 30 años y cinco grupos de discusión con personas de entre 23 y 29 años.

El éxito no se concibe como acumulación de dinero ni como ascenso en la jerarquía laboral, sino como la búsqueda de sentido en el trabajo combinada con estabilidad y tiempo para la vida personal. Los tres pilares que el estudio identifica —puesto estable, conciliación y «hacer algo que guste»— configuran un modelo alejado del imaginario del emprendedor dispuesto a todo y más cercano a la reivindicación de una vida equilibrada. En un contexto de precariedad donde un buen sueldo se percibe como poco realista, el tiempo libre y la estabilidad se convierten en los verdaderos marcadores de éxito.

El éxito redefinido: ni dinero ni ascenso, sino tiempo y sentido

El barómetro documenta que la juventud española mantiene una mirada positiva hacia el esfuerzo y el aprendizaje, aunque esa actitud convive con una percepción generalizada de incertidumbre sobre el futuro laboral. El 67% de los jóvenes considera que el éxito depende de no rendirse nunca, y el 63,4% cree que el esfuerzo permite conseguir lo que uno se propone. Son datos que contradicen el estereotipo de una generación pasiva o desmotivada, pero el propio estudio matiza esa lectura: muchos jóvenes asumen que no es momento de arriesgar en un entorno percibido como inestable e impredecible.

Quienes sí asumen riesgos en el ámbito laboral son, fundamentalmente, los que cuentan con un colchón familiar o un plan B. La posibilidad de arriesgar no depende solo de la actitud personal sino del capital económico y social del que se parte, lo que introduce una dimensión de desigualdad estructural que el estudio recoge sin eufemismos. Muchos jóvenes asumen que deberán trabajar en aquello que «tiene salidas» aunque no coincida con sus intereses o vocaciones, una adaptación que el informe no presenta como resignación sino como respuesta racional a un mercado laboral que penaliza la especialización en áreas con menos demanda.

Creen en el esfuerzo pero no en el sistema

La tensión central que recorre el barómetro es la que existe entre la creencia en el mérito personal y la percepción de que el sistema no lo recompensa de manera equitativa. Seis de cada diez jóvenes consideran que existen circunstancias externas que dificultan progresar incluso esforzándose. La percepción de que los contactos pesan más que el esfuerzo personal aparece de forma recurrente, especialmente entre quienes sienten que parten de una situación de desventaja o cuentan con menos capital social y económico.

La familia continúa siendo el principal referente para la juventud española, pero el estudio también la identifica como fuente de presión. Las expectativas familiares vinculadas a la necesidad de «responder» a la inversión realizada en los estudios o de lograr autonomía económica cuanto antes generan una tensión añadida en un mercado laboral que no siempre ofrece los empleos que esas expectativas presuponen. José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Fad Juventud, resume la lectura del informe en términos que rehúyen el diagnóstico generacional simplificador: «los jóvenes no están renunciando al esfuerzo ni a progresar; lo que están reclamando son más oportunidades, más orientación y un contexto que les permita construir proyectos de vida con mayor estabilidad».

Orientación, no resignación: lo que reclaman

Una de las demandas más concretas que emerge del estudio es la necesidad de más tiempo y más apoyo para tomar decisiones sobre el futuro formativo y profesional. El 75,7% de los jóvenes considera prioritario mejorar el conocimiento sobre aquello que realmente les interesa en el ámbito laboral, mientras que el 74% reclama conocer mejor las opciones que se ajustan a sus capacidades. Un porcentaje similar reclama reforzar habilidades relacionadas con la comunicación y la expresión, competencias que el mercado demanda y que el sistema educativo no siempre desarrolla con suficiente profundidad.

La orientación que reclaman no es genérica sino práctica, personalizada y flexible, según el estudio. La juventud no pide que le digan qué hacer, sino que se le proporcionen herramientas para decidir con criterio en un entorno que cambia más rápido que los itinerarios formativos diseñados para navegarlo. El barómetro no ofrece una imagen de generación perdida sino de generación que ha ajustado sus expectativas a una realidad que conoce bien y que exige cambios estructurales —en el mercado laboral, en el sistema educativo, en las políticas de vivienda— que van más allá de la voluntad individual de quienes la integran.

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