Felipe VI cedió su Falcon al Papa para cerrar una visita histórica

15 juin 2026 - 11:31

Una avería en el Airbus de Iberia que debía trasladar al papa León XIV de regreso a Roma retrasó casi tres horas la salida del Pontífice desde Tenerife, última etapa de su primer viaje a España en quince años. El Rey, que había acudido al aeropuerto para la despedida oficial, subió al avión averiado, recogió personalmente al Papa y le cedió su Falcon militar. El gesto del Rey puso el colofón a una semana de visita apostólica que recorrió Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife.

El viaje más largo del papa León XIV a España terminó con un imprevisto que nadie había contemplado en el extenso dispositivo de seguridad desplegado durante siete días. La salida del Pontífice desde el aeropuerto de Tenerife Norte se retrasó casi tres horas el viernes por una incidencia técnica en el Airbus A320 de Iberia que debía conducirlo de regreso a Roma. La avería, cuyos detalles no fueron aclarados de forma oficial, obligó a buscar una solución de urgencia para un pasajero que no admitía demora: el obispo de Roma.

A bordo del aparato de Iberia viajaban también cerca de 80 periodistas de más de 50 medios internacionales que habían cubierto la visita desde su inicio el 6 de junio, además de 25 miembros del equipo vaticano y 16 agentes de seguridad. El incidente se produjo cuando León XIV ya ocupaba el asiento 1A y probablemente se preparaba para la tradicional rueda de prensa que los pontífices ofrecen en el vuelo de regreso. El anuncio del comandante comenzó con una disculpa, y la sorpresa se extendió de inmediato entre los pasajeros.

La avería y el cambio de avión

Miembros de la tripulación explicaron informalmente que el problema podría estar relacionado con la puesta en marcha de uno de los motores, una operación dificultada por las fuertes rachas de viento. El comandante intentó reubicar el avión para orientarlo de otra manera y arrancar de nuevo el motor. La maniobra no dio resultado. Poco después llegó un comunicado oficial de Iberia informando de que el aparato «no puede ser reparado inmediatamente». Los pasajeros fueron desembarcados a la espera de una aeronave de sustitución enviada desde Madrid.

Felipe VI, que había aguardado en la base aérea junto a las autoridades canarias y a la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, para el saludo de despedida protocolario, recorrió de nuevo la escalerilla del avión averiado para recoger al Papa y acompañarlo de vuelta al aeródromo. La alfombra roja, que ya estaba siendo retirada, volvió a desplegarse. La escena generó confusión entre los periodistas que observaban la maniobra desde la pista. «El Papa se está yendo», comentaban al ver al Pontífice descender junto al Rey.

La solución llegó en forma de Falcon del Ejército del Aire. Felipe VI cedió al Papa el avión militar que debía trasladarlo de regreso a Madrid, y León XIV despegó rumbo a Roma a bordo de una aeronave con la inscripción «Reino de España» en el fuselaje. «El Pontífice ha agradecido el detalle», señaló posteriormente un comunicado de la Casa Real. El Rey permaneció en Tenerife a la espera de otro aparato. Los periodistas más veteranos buscaron precedentes y apenas encontraron uno: Juan Pablo II tuvo que realizar una escala de emergencia en Malta por problemas técnicos en 1990.

 Siete días de visita histórica

El incidente del Falcon fue el final inesperado de un periplo que el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, calificó como un punto de inflexión en el pontificado de Robert Prevost. «Creo que el Papa ha crecido en este viaje», afirmó Cobo en declaraciones a RTVE, quien destacó que el Pontífice fue ganando seguridad a medida que comprobaba la acogida de su mensaje entre los fieles. A juicio del cardenal, el mejor recuerdo que León XIV se llevó de España fue «el cariño de un montón de gente», visible en los distintos actos celebrados durante la semana.

El viaje fue el primero de un pontífice a España en quince años y llevó a León XIV a Madrid, Barcelona y Catalunya, además de Gran Canaria y Tenerife. En cada etapa, el Papa combinó actos religiosos de gran convocatoria con encuentros de marcado contenido social: reuniones con migrantes, visitas a centros de acogida y un discurso ante el Congreso de los Diputados que situó la dignidad humana como eje del nuevo pontificado. Cobo subrayó que el viaje sirvió para «perfilar con mayor claridad la identidad» de León XIV. «Ha manifestado su personalidad, ha dado su voz y ha marcado las claves del futuro», señaló el cardenal.

El mensaje de Tenerife sobre la integración

La última jornada en Tenerife concentró el mensaje más político del viaje. Prevost visitó el centro de primeras llegadas de Las Raíces, al norte de la isla, donde pernoctan 683 hombres llegados de distintos países de África, y se dirigió a ellos en francés, la lengua común de muchos de los residentes. En la plaza del Cristo de La Laguna, el Papa desarrolló ante las autoridades y los fieles la idea que había avanzado el día anterior en el muelle de Arguineguín: además del naufragio en el mar, existe un segundo naufragio, silencioso, que se produce tras la llegada a tierra. «Integrar es impedir ese segundo naufragio», sentenció Prevost.

El Pontífice precisó que la integración no implica borrar la historia ni el origen de los migrantes, pero sí asumir deberes con la sociedad de destino, como aprender la lengua y respetar las leyes. Se dirigió también a las mafias que explotan las rutas migratorias con un llamamiento directo: «Deténganse. Conviértanse». Sus palabras adquirieron una dimensión añadida por coincidir con la entrada en vigor del pacto migratorio de la Unión Europea (UE), que autoriza la creación de centros de deportación en terceros países. El contraste entre el discurso papal y la nueva norma comunitaria no pasó desapercibido para ninguno de los presentes en los actos de Tenerife.

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