España lidera la pobreza infantil en Europa con 2,7 millones de niños afectados

13 juin 2026 - 12:35

El 16º Informe de Pobreza 2026 de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español revela que 12,6 millones de personas están en riesgo de pobreza en un país que encabeza la tasa de pobreza infantil de la Unión Europea con un 33,8%. El documento concluye que el crecimiento económico sostenido de los últimos años no ha logrado reducir la exclusión a niveles previos a 2008 y reclama un pacto de Estado contra la pobreza.

España mantiene uno de cada cuatro residentes en riesgo de pobreza pese a encadenar varios años de expansión económica, según el 16º Informe de Pobreza 2026 elaborado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES). La tasa de pobreza —definida como ingresos inferiores a 12.200 euros anuales— se sitúa en el 19,5%, casi diez millones de personas, mientras que el riesgo de pobreza o exclusión social afecta al 24,8% de la población, unos 12,6 millones. Ambas cifras superan con holgura la media de la Unión Europea (UE), que registra un 16,3% de tasa de pobreza. El informe calcula que España necesitaría siete años de crecimiento ininterrumpido del Producto Interior Bruto (PIB) per cápita solo para alcanzar esa media comunitaria.

El dato más llamativo del informe es el que sitúa a España como el país europeo con mayor tasa de pobreza infantil. Un 33,8% de los niños y adolescentes —2,7 millones de personas— vive en situación de pobreza, una cifra que supera a países habitualmente asociados a mayores índices de exclusión, como Bulgaria y Rumanía, que en los últimos años han aplicado medidas específicas para reducir la pobreza en la infancia con mayor eficacia. Los expertos consultados por el informe subrayan que la pobreza infantil no es solo un indicador de privación presente sino un mecanismo de reproducción de la desigualdad: el que nace pobre tiene, en la mayoría de los casos, todas las papeletas de morir pobre, porque la exclusión determina las oportunidades vitales desde la primera infancia.

Crecer sin reducir la pobreza: la paradoja española

El informe de EAPN-ES identifica como rasgo central de la situación española una paradoja que ninguna de las políticas aplicadas en los últimos años ha logrado resolver: el país crece económicamente pero la pobreza estructural no retrocede. La recuperación económica tras la crisis de 2008 no ha reducido la exclusión social a niveles anteriores a esa fecha. El informe reconoce que medidas como el Ingreso Mínimo Vital (IMV), las subidas consecutivas del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) o la reforma laboral de 2021 «sin duda son merecedoras de aplauso», pero las califica de insuficientes para afrontar los problemas estructurales que pretendían atajar.

Las razones que el informe identifica son de calado: un estado de bienestar con «fuertes carencias», la ausencia de una prestación universal por crianza comparable a la de otros países europeos, la falta de soluciones eficaces para garantizar el acceso a la vivienda y un mercado laboral que «sigue padeciendo algunos de sus males endémicos», con tasas de desempleo elevadas y precariedad derivada de un tejido productivo con alto peso de sectores de bajo valor añadido y alta estacionalidad, como el turismo y la hostelería. El precio de la vivienda aparece en el informe como el factor que con mayor frecuencia neutraliza los avances en renta: cualquier mejora en los ingresos queda absorbida por el coste de acceso a un techo.

La infancia, el perfil más vulnerable

El informe desagrega los datos de pobreza severa —definida como privación material extrema, que afecta al 8% de la población, unos 3,9 millones de personas— por variables demográficas y revela una concentración sistemática en determinados perfiles. Las mujeres presentan una tasa de pobreza severa del 8,3%, frente al 7,7% de los hombres. Los hogares monoparentales alcanzan el 22,5% de pobreza severa, y esa cifra escala hasta el 53,4% cuando en el hogar hay presencia de extranjeros. Los jóvenes emancipados registran una tasa del 12,3%, superior al promedio general, reflejo de la combinación de salarios bajos y costes de vivienda desbocados que caracteriza la entrada en la vida adulta en España.

La pobreza se intensifica a menor edad y se atenúa con la vejez, patrón inverso al de la mayoría de los países del entorno europeo, donde las generaciones mayores suelen concentrar mayor riesgo de exclusión. En España, el sistema de pensiones ejerce una función protectora relativa para los mayores que no tiene equivalente en las políticas dirigidas a la infancia y la juventud. El informe señala que las desigualdades se reproducen siguiendo ejes de género, edad y origen, y que en muchos casos responden a «una cuestión de derechos» no garantizados, no a insuficiencias del crecimiento económico como tal.

El sistema fiscal y los límites del estado de bienestar

El análisis del informe apunta también al sistema fiscal como factor que agrava la desigualdad en lugar de corregirla. El sistema tributario español es menos redistributivo que la media de la UE, con menor progresividad y mayor peso relativo de los impuestos indirectos, que por su naturaleza tienen un efecto regresivo sobre las rentas más bajas: gravan el consumo con independencia del nivel de ingresos de quien consume. El informe no propone una reforma fiscal concreta, pero identifica esa estructura como uno de los obstáculos que impide que el crecimiento económico se traduzca en reducción efectiva de la pobreza.

La propuesta central del informe es la convocatoria de un pacto de Estado contra la pobreza que implique a todas las fuerzas políticas en un compromiso de reducción de las cifras de exclusión. Entre los instrumentos señalados figuran la renta universal de crianza y la garantía de ingresos mínimos para los hogares en situación de mayor vulnerabilidad. Los responsables del informe sostienen que los mecanismos existen y que solo falta «voluntad» política para aplicarlos. La distancia entre ese diagnóstico y la agenda política actual, dominada por la crispación judicial y la campaña andaluza, es otra de las formas en que la pobreza permanece invisible.

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