China desplaza a Alemania como principal origen de importaciones españolas

13 juin 2026 - 10:11

Las compras españolas al gigante asiático superaron los 12.500 millones de euros en el primer trimestre de 2026, igualando las realizadas a toda América y situando a China por delante de Alemania en el ranking de proveedores. El dato, publicado por el Ministerio de Economía, refleja una tendencia que los analistas consideran ya estructural y que convive con un déficit comercial bilateral de más de 42.000 millones, el doble que hace seis años.

China desbancó a Alemania como principal proveedor de bienes de España en el primer trimestre de 2026, según los datos publicados el pasado martes por el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa. Las importaciones procedentes del gigante asiático representaron el 11,6% del total, frente al 11,4% de la mayor economía europea. Las compras al país asiático superaron los 12.500 millones de euros en ese periodo, tanto como las realizadas al conjunto de América. No es la primera vez que se produce este fenómeno: ya ocurrió en 2022, cuando la escasez de microchips paralizó la industria automotriz alemana y hundió las matriculaciones en España a mínimos de nueve años. La diferencia ahora es que la tendencia ya no responde a un problema puntual de otro socio comercial, sino al propio dinamismo exportador chino.

El avance de China sobre Alemania en las importaciones españolas se ha producido de forma progresiva a lo largo del último lustro. Mientras la cuota alemana se ha mantenido estable en el entorno del 11%, la china ha ido ganando terreno con un salto notable en 2025, cuando ya disputó de cerca la primera posición. A ello se suma la reorientación de flujos comerciales provocada por las barreras arancelarias impuestas por Estados Unidos, que según la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) puede derivar en una mayor entrada en el continente de productos chinos de bajo coste comercializados por plataformas como AliExpress, Temu y Shein. La sintonía entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su homólogo chino, Xi Jinping, reflejada en cuatro visitas oficiales a China en los últimos tres años, más que ningún otro líder europeo, añade una dimensión política a una relación que ya es la primera en términos comerciales.

Un déficit que se ha duplicado en seis años

La asimetría entre lo que España compra a China y lo que le vende es uno de los rasgos más llamativos de esta relación comercial. En 2025, España adquirió bienes chinos por valor de 50.250 millones de euros, mientras que China compró productos españoles por 7.972 millones. El déficit resultante supera los 42.000 millones y se ha doblado en apenas seis años. La tasa de cobertura —el porcentaje de importaciones que se compensan con exportaciones— se sitúa en el 15,9%, su nivel más bajo desde 2010. En contraste, las exportaciones chinas cubren el 146% de sus importaciones, lo que genera un superávit superior al billón de euros. China es el undécimo destino de las exportaciones españolas, con una cuota estancada en torno al 2% del total.

El cambio en la composición de esos intercambios es también revelador. En 1995, España exportaba a China principalmente maquinaria; hoy vende productos químicos, minerales y cárnicos, sobre todo cerdo. Pekín acapara el 42% de las exportaciones porcinas españolas fuera de la Unión Europea (UE), lo que explica el temor del sector a una posible reducción de compras durante la reciente crisis por la peste porcina en Cataluña. En sentido contrario, China vende a España bienes de equipo, tecnología, equipos de oficina, textiles, productos químicos, automóviles, juguetes y calzado.

Beneficios para el consumidor, riesgos para la industria

El mayor peso de China en las importaciones españolas tiene efectos distintos según el actor que los evalúe. Para muchas empresas, comprar en China permite ganar competitividad al acceder a productos a un coste inferior al de otras procedencias. Para los hogares, facilita el ahorro en transacciones de cierta envergadura, como la compra de un vehículo eléctrico, uno de los segmentos donde los fabricantes chinos avanzan con mayor rapidez gracias a unos precios generalmente inferiores a los europeos o estadounidenses.

Raymond Torres, director de Coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), señala que esos beneficios coexisten con perjuicios para el tejido productivo: «En el caso de China no es así. Son importaciones de sustitución, ya sea de otros proveedores, como Alemania, o de producción española». Torres contrasta ese modelo con el comercio bilateral con Alemania, que describe como «más equilibrado» y con un efecto de arrastre sobre sectores como el de componentes de automoción o la industria aeronáutica, donde ambos países se especializan en distintas partes de la cadena de valor.

La dependencia que preocupa a Bruselas

La economista jefe de Natixis e investigadora del centro de análisis Bruegel, Alicia García Herrero, añade una perspectiva más sistémica a los riesgos del avance chino. «Nos vuelve hiperdependientes de China. Nos obliga a seguirles el paso, por eso es peligroso», afirma. García Herrero subraya también la falta de reciprocidad: «China compite en terceros mercados con nosotros, a los que entra igual que en España». Y apunta a los subsidios estatales chinos, especialmente en el sector del automóvil, como un factor que distorsiona la competencia y facilita la conquista de cuota de mercado a escala global.

El Gobierno de Sánchez ha optado por subrayar el componente de asociación frente a la visión más cautelosa de Bruselas, que califica oficialmente a China de «socio, competidor y rival sistémico». Sánchez eligió quedarse con el primer término en su visita del mes pasado: «España ve a China como socio de la UE», afirmó. Esa posición diferenciada dentro de la Unión puede facilitar ciertos acuerdos comerciales bilaterales, pero también expone a España a una dependencia que el propio déficit de 42.000 millones cuantifica con precisión: por cada euro que China gasta en productos españoles, España gasta más de seis en los suyos.

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