Trump desaloja a las hoteleras españolas de Cuba para entrar él

10 juin 2026 - 18:58

La orden ejecutiva dictada por la Casa Blanca el pasado 1 de mayo, cuyas sanciones entraron en vigor el viernes, ha forzado la salida de las principales empresas extranjeras que operaban en Cuba. Meliá e Iberostar han tenido que abandonar 15 y 12 hoteles respectivamente, propiedad de las Fuerzas Armadas cubanas. El éxodo abre la puerta a que firmas estadounidenses como Marriott y Airbnb, que ya operaron en la isla durante el deshielo de Obama, recuperen posiciones en el mercado cubano.

La orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 1 de mayo ha sacudido los cimientos de la economía cubana. Washington decidió cerrar la pinza a una isla que ya se encontraba en terapia intensiva antes de las nuevas sanciones: la amenaza de congelar los activos en territorio estadounidense de toda empresa o persona extranjera que trabaje con el régimen, especialmente con Gaesa —el conglomerado militar que controla la mitad del Producto Interior Bruto (PIB) cubano— ha provocado un éxodo empresarial sin precedentes. En cuestión de semanas han tenido que abandonar parte de su negocio las dos grandes hoteleras españolas: Meliá dejó 15 hoteles propiedad de las Fuerzas Armadas e Iberostar otros 12. Ambas conservan activos cuyo propietario es el Ministerio de Turismo cubano y sociedades desligadas de Gaesa, pero la retirada no las librará de afrontar demandas del Gobierno de La Habana por rescindir unilateralmente sus contratos de gestión.

El éxodo no se limita al turismo, el principal sostén de la economía cubana. La canadiense Blue Diamond y la indonesia Archipelago International abandonaron sus negocios por completo. Las navieras CMA CGM, de Francia, y Hapag-Lloyd, de Alemania, optaron por frenar la entrega de contenedores. En la minería, sector que representa un tercio de las exportaciones de mercancías, la canadiense Sherrit International hizo público un acuerdo no vinculante por el que Gillon Capital —una compañía ligada a un exasesor de Trump— se haría con una participación del 55% en su empresa mixta con el Gobierno cubano. El patrón es claro: las empresas de países aliados salen; las vinculadas al entorno de la administración estadounidense entran.

La orden ejecutiva que sacudió los cimientos de la economía cubana

Max Meizlish, exfuncionario del Departamento del Tesoro de Estados Unidos entre 2020 y 2024 e investigador de la Fundación para la Defensa de las Democracias, considera que se trata de «una presión sin precedentes». «La presión de Washington busca convertir definitivamente al país caribeño en un paria financiero, sin fuentes de financiación externa», señala. El economista cubano Omar Everleny Pérez es aún más categórico en su diagnóstico: «Esto ya es peor que una economía de guerra».

La orden ejecutiva de mayo abre además la puerta a nuevas escaladas. Entre las opciones que la administración Trump tiene a su disposición figuran el bloqueo a los bancos internacionales y la congelación de fondos de entidades ligadas al Gobierno cubano y a su cúpula militar. Fuentes empresariales cercanas al Ejecutivo cubano no ocultaron su lectura sobre el objetivo último de las sanciones: «Quieren quedarse con el negocio de los gallegos», dijeron en alusión a los españoles que emigraron a Cuba a finales del siglo XIX y cuya presencia empresarial en la isla se prolongó durante décadas. La frase resume con crudeza la lógica de sustitución que está en marcha.

Marriott y Airbnb: candidatos a ocupar el hueco español

Los primeros candidatos para ocupar el espacio que dejan las empresas europeas son dos gigantes estadounidenses con experiencia previa en el mercado cubano. Marriott, la mayor hotelera del mundo con 7.781 establecimientos, gestionó el hotel Four Points by Sheraton Havana entre 2016 y 2020, convirtiéndose en el único operado por una gran cadena norteamericana en la isla. Arne Sorenson, entonces consejero delegado de Marriott, acompañó al presidente Barack Obama en el vuelo del 16 de marzo de 2016 que marcó el inicio del denominado deshielo cubano. La empresa nunca ocultó su interés en seguir creciendo en ese mercado.

Airbnb, la mayor plataforma de alquiler turístico del mundo con nueve millones de anuncios, desembarcó en Cuba en abril de 2015 con mil anuncios y llegó a los 35.000 en 2019, año en que se permitió excepcionalmente que alojara también a turistas no estadounidenses. La cifra cayó drásticamente con las restricciones del Departamento de Estado de enero de 2025, que limitó el acceso de Cuba a la banca internacional y hundió el negocio de los anfitriones locales. Si Trump levanta esas restricciones para las empresas estadounidenses mientras las mantiene para las europeas, el escenario de sustitución que temen los analistas cubanos se haría realidad con rapidez.

Una economía en terapia intensiva antes de las nuevas sanciones

La embestida llega en el peor momento posible para la economía cubana. En los últimos años, el Gobierno de Miguel Díaz-Canel puso en marcha un severo plan de austeridad que incluye recortes al gasto público, reducción del aparato burocrático, disminución de subsidios e incrementos sin precedentes en las tarifas de los servicios básicos. La dolarización parcial de la economía opera con hasta tres tasas de cambio distintas. Los apagones superan en amplias zonas las 24 horas seguidas. El régimen llegó a asignar los recursos de los presupuestos mes a mes en función de los ingresos disponibles, una medida de excepción que ilustra la magnitud del colapso fiscal.

Otros expertos apuntan a dos errores estructurales que han facilitado el trabajo a Washington. El primero es haber apostado casi todo al turismo sin diversificar la economía. El segundo es haber dado vía libre a Gaesa para concentrar el poder económico en manos del Ejército, con cuentas que no pueden ser auditadas por el Estado civil. El holding militar puso en marcha en 2016 un ambicioso plan para llegar a las 100.000 habitaciones hoteleras en 2030, justificando la inversión con el argumento de no esperar al fin del embargo para construir la planta hotelera. Para Everleny Pérez, esos errores económicos le colocaron la soga en el cuello: «Le han hecho la vida más sencilla a Washington para ahorcar a la isla».

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