El BCE sube tipos ante el repunte inflacionista por Irán

10 juin 2026 - 18:57

El Banco Central Europeo elevará este jueves los tipos de interés por primera vez desde septiembre de 2023, cuando cerró una racha de diez subidas consecutivas para contener la inflación derivada de la guerra en Ucrania. La nueva escalada de precios provocada por el conflicto en Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz empuja a Fráncfort a actuar con una probabilidad de mercado superior al 95%. Los analistas discrepan sobre si habrá más subidas o si el movimiento agravará el enfriamiento de la economía europea.

El Banco Central Europeo (BCE) subirá este jueves los tipos de interés en la eurozona por primera vez en casi tres años, en una decisión que los mercados de futuros descuentan con una probabilidad superior al 95%. La última vez que el Eurobanco ajustó al alza el precio del dinero fue en septiembre de 2023, cuando cerró una racha de diez aumentos consecutivos destinados a atajar la inflación derivada de la guerra en Ucrania. Ahora, otro conflicto bélico con efectos directos sobre el mercado energético —la guerra de Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz— ha forzado un giro de guion. Hasta el estallido de ese conflicto, el escenario de consenso apuntaba a nuevos recortes de tipos para estimular una economía europea que los necesitaba; ese escenario ha quedado descartado.

La inflación de la zona euro marcó el 3% en abril y el 3,2% en mayo, según los datos del organismo estadístico europeo Eurostat, una aceleración que ha pavimentado el camino hacia el endurecimiento monetario. El objetivo del BCE es lanzar un doble mensaje: que será implacable frente a la inflación creciente y que no repetirá el diagnóstico fallido de comienzos de la década, cuando la institución optó por la parálisis ante el shock de precios de 2021 y perdió tiempo precioso antes de decidirse a actuar. El estreno en sus nuevas responsabilidades del vicepresidente croata Boris Vujcic, que desde el 1 de junio sustituyó al español Luis de Guindos como número dos de Christine Lagarde, llega en un momento más agitado de lo habitual.

El fantasma de 2022 y el error de reaccionar tarde

La memoria institucional del BCE pesa en la decisión de este jueves. En 2022, cuando la inflación de la eurozona escaló hasta el 10,6%, el banco central fue criticado por haber tardado demasiado en reaccionar, subestimando la persistencia del shock de precios provocado por la invasión rusa de Ucrania. La institución no quiere repetir ese error, pero tampoco el anterior: en 2011, el entonces presidente Jean-Claude Trichet subió los tipos a destiempo, agravó la crisis de deuda en la eurozona y asfixió la incipiente recuperación económica. Lo que los analistas denominan el «error Trichet» sigue siendo la referencia que los gobernadores del BCE invocan cuando debaten los riesgos de pasarse de frenada.

Los economistas del propio Eurobanco, en un análisis firmado entre otros por el español Óscar Arce, han marcado distancias con la escalada de 2022: «La actual conmoción energética es significativa y global, pero también está afectando a una economía de la eurozona que está más equilibrada que cuando Rusia invadió Ucrania a principios de 2022». La diferencia clave es el origen del shock: entonces fue el gas natural, con impacto inmediato sobre los precios de la electricidad; ahora es el crudo, con un efecto más gradual. A eso se añade la mayor presencia de renovables en el mix energético europeo y la menor dependencia del petróleo del Golfo Pérsico con relación al gas ruso de hace cuatro años.

Una subida, quizás dos: lo que descuentan los mercados

Los mercados de futuros no anticipan una cruzada de subidas comparable a la de 2022 y 2023. El escenario de consenso contempla una, o como máximo dos subidas adicionales en lo que resta de 2026, sin que haya garantías de que la segunda llegue a ejecutarse. Un final abrupto del conflicto en Irán podría cambiar el cuadro por completo, siempre que no se haya llegado al punto de no retorno que los gobernadores del BCE más temen: el contagio de la inflación energética a los salarios y a los precios de los alimentos y los servicios, dinámica que convertiría el shock transitorio en inflación estructural.

Carsten Brzeski y Bert Colijn, economistas del banco holandés ING, advierten de que «una crisis energética de duración incierta, una inflación creciente y efectos adversos en el crecimiento dificultan la formulación de políticas» y piden al BCE que «actúe con cautela». El banco holandés recuerda que la institución ya ha pasado antes por la trampa de obsesionarse con la inflación y aparcar las consecuencias negativas de las subidas para el crecimiento. «¿Subestimar el impacto adverso de una crisis y centrarse demasiado en el aumento de la inflación como consecuencia de los precios más altos de la energía? El BCE ya ha pasado por eso», señalan desde ING.

El debate entre halcones y palomas: ¿recesión o inflación?

Entre los analistas externos, las visiones sobre el ciclo que se abre este jueves son contrapuestas. Lorenzo Codogno, exsecretario del Tesoro italiano, representa el polo pesimista: «Cabe esperar una inflación mucho mayor en los próximos meses», afirma, y augura que el BCE deberá acelerar el endurecimiento independientemente del resultado de las negociaciones sobre el Estrecho de Ormuz. David Kohl, economista jefe del banco suizo Julius Baer, discrepa: «El débil crecimiento y los salarios moderados reducen los riesgos inflacionarios a largo plazo, lo que sugiere una única subida de tipos».

Bank of America se sitúa en una posición intermedia: sus economistas prevén subidas en junio y julio, seguidas de recortes trimestrales a partir de 2027, lo que implicaría un episodio inflacionista pasajero que se disiparía el año próximo. Ese es el escenario más deseado por los gobernadores que cada seis semanas manejan la política monetaria europea. La incógnita es si el conflicto en Irán les dará el tiempo necesario para que ese escenario se materialice, o si la escalada de precios obligará a un ajuste más prolongado que frene el crecimiento en un momento en que la economía europea no está en condiciones de absorberlo sin consecuencias.

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