Casi la mitad de los inquilinos en España está en riesgo de pobreza

10 juin 2026 - 18:41

El informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social revela que el 43,6% de quienes viven de alquiler a precio de mercado está en riesgo de pobreza o exclusión, frente al 19,5% de los propietarios. Quienes se encuentran bajo el umbral de la pobreza y pagan alquiler destinan más de la mitad de sus ingresos a la vivienda. Un segundo informe de la ONG Educo advierte de que el fin de las becas comedor en verano dejará sin alternativa alimentaria a casi un millón de niños.

Marbely Zepeda tiene 30 años, trabaja como limpiadora y comparte habitación con sus dos hijos, de cuatro y once años, en un piso de L’Hospitalet de Llobregat, en Barcelona. De sus ingresos, 466 euros van cada mes al alquiler del cuarto. «Vivir en una casa sola con mis hijos ahora mismo sería imposible», explica. Su situación ilustra con precisión lo que dos informes publicados esta semana documentan con datos: en España, el alquiler a precio de mercado se ha convertido en el principal factor de intensificación de la pobreza para los hogares que ya se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Según el 16º Informe de Pobreza 2026 de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES), que analiza datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social —conocida como tasa Arope— es del 43,6% para quienes viven de alquiler a precio de mercado, frente al 19,5% de quienes tienen vivienda en propiedad. La brecha de 24 puntos entre ambos grupos resume de manera elocuente cómo el acceso a la vivienda determina no solo el bienestar material sino la posición estructural de cada hogar en la escala de la desigualdad.

El alquiler, la trampa que duplica el riesgo de exclusión

El informe precisa que quienes están bajo el umbral de la pobreza y viven de alquiler a precio de mercado destinan más de la mitad de su sueldo a pagar la vivienda, frente al 27% que dedica el resto de la población. Es lo que le ocurre a Marbely, que además no puede permitirse un piso para ella sola y sus hijos. La tasa Arope general se situó en el 25,7% en 2025, apenas una décima menos que el año anterior, lo que confirma el estancamiento de las cifras de exclusión pese al crecimiento económico. La población en riesgo de pobreza alcanzó el 19,5% —el valor más bajo desde que arranca la serie en 2008— y la carencia material y social severa se situó en el 8,1%, dos décimas menos que en 2024.

Alejandro Sanz, investigador principal del estudio, señala que las políticas públicas aplicadas en los últimos años «parecen haber alcanzado un límite» y no están logrando nuevas reducciones significativas de la exclusión. Identifica como carencia central la inexistencia de una prestación universal por crianza equiparable a la de otros países europeos, y señala la necesidad de mejorar el Ingreso Mínimo Vital (IMV) y el sistema impositivo. El caso de los hogares monoparentales con presencia de personas extracomunitarias ilustra la acumulación de factores de riesgo: más de la mitad de esas familias están en situación de pobreza severa, definida como ingresos inferiores a 680 euros mensuales para un hogar unipersonal.

Verano sin becas: 980.000 niños sin comedor

El segundo informe que contextualiza la realidad de familias como la de Marbely es el elaborado por la ONG Educo sobre infancia vulnerable. Su conclusión central es que el fin del curso escolar supone para miles de niños en situación de pobreza la pérdida del único acceso garantizado a una comida equilibrada diaria. Las becas comedor benefician a unos 980.000 alumnos durante el curso, pero en los 80 días de verano sin clase muchos se quedan sin alternativa. Según una encuesta de la organización a más de 1.500 familias con hijos de seis a diez años, ocho de cada diez hijos de hogares con bajos ingresos no participan en verano en actividades como campamentos que incluyan comida, principalmente porque sus familias no pueden costearlos.

La organización estima además que 120.000 niños podrían quedarse solos en casa durante el verano porque sus padres trabajan y no tienen con quién dejarlos. Pilar Orenes, directora general de Educo, defiende que las familias con rentas bajas «tengan asegurada la participación en actividades de ocio educativo en las que se incluya al menos una comida durante 15 días», una cobertura que en la actualidad no está garantizada en todo el territorio. Un 5,6% de los niños no puede comer carne, pescado o proteína vegetal cada dos días, y uno de cada tres no puede permitirse al menos una semana de vacaciones al año.

Las cifras detrás del testimonio

El perfil de Marbely concentra varios de los factores que el informe EAPN-ES identifica como agravantes de la exclusión: hogar monoparental, alquiler a precio de mercado, origen extracomunitario, hijos menores a cargo. Su preocupación más inmediata es la renovación del contrato en marzo: el alquiler ya subió 60 euros, y con dos hijos en un mercado que discrimina a las familias el margen de maniobra es mínimo. «Con los dos niños no me puedo meter en cualquier sitio, y no me aceptan en cualquier sitio con ellos», explica.

Los datos del INE respaldan esa percepción: la combinación de alquiler a precio de mercado, presencia de menores y origen extranjero genera una tasa de pobreza severa del 53,4% en hogares monoparentales. El informe reclama un pacto de Estado contra la pobreza que contemple mecanismos como la renta universal de crianza y la garantía de ingresos mínimos. Mientras ese consenso no se produce, familias como la de Marbely navegan el día a día con un margen de error nulo: cuando aparece un gasto imprevisto, no hay forma de cuadrar el círculo.

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