La Iglesia recauda más que nunca por el IRPF pese a perder apoyos

09 juin 2026 - 12:57

Los datos de la Agencia Tributaria revelan que el porcentaje de declarantes que marcan la casilla única de la Iglesia en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas ha caído del 21,7% al 10,1% entre 2007 y 2024. Pese a esa pérdida de peso relativo, la recaudación subió de 143 a 149 millones de euros en el mismo periodo. La clave está en la concentración del apoyo en los tramos de renta más alta: apenas 50.300 declarantes con ingresos superiores a 150.000 euros anuales aportan el 32% de toda la asignación única.

En el momento en que millones de españoles ultiman su declaración de la renta —la campaña concluye el 30 de junio— una pequeña decisión revela el estado de la relación entre la sociedad española y la Iglesia católica: marcar o no la casilla que destina el 0,7% de la cuota íntegra a la institución. Los datos de la Agencia Tributaria, con cifras provisionales de 2024, dibujan una paradoja que los sociólogos de la religión llevan años documentando. El porcentaje de declarantes que eligen la casilla única de la Iglesia ha caído a la mitad en diecisiete años, del 21,7% en 2007 al 10,1% en 2024. Sin embargo, la recaudación ha subido: de 143 millones de euros en el primer año del sistema a 149 millones en el último con datos disponibles.

La explicación es aritmética pero también sociológica. Quienes siguen eligiendo la casilla de la Iglesia tienen rentas cada vez más elevadas, de modo que ese 0,7% suma más cada año aunque proceda de un número relativamente menor de declarantes. Rafael Ruiz Andrés, profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid especializado en dinámicas sociorreligiosas, señala que los datos encajan con el proceso de secularización que vive España, aunque matiza que «el desgaste en términos tributarios es más suave» que en otros indicadores religiosos porque muchos no creyentes valoran parte de la labor social de la Iglesia y optan por marcar la casilla mixta, que asigna el 0,7% a la institución y otro 0,7% a fines sociales simultáneamente.

Del 21,7% al 10,1%: la hemorragia silenciosa de la casilla

El descenso del apoyo relativo es más pronunciado de lo que sugiere la comparación entre los porcentajes de 2007 y 2024. España ha pasado de 18,7 millones de declarantes en 2007 a más de 24,5 millones en 2024, lo que significa que el tablero se ha hecho considerablemente más grande. El número absoluto de asignaciones únicas a la Iglesia ha subido por inercia poblacional y económica, pero la capacidad de la institución para aglutinar al conjunto de los contribuyentes ha retrocedido de manera sostenida.

La Conferencia Episcopal Española (CEE) ofrece una lectura diferente de los mismos números. Su portavoz, Fernando Giménez Barriocanal, señala que la Iglesia cuenta hoy con «prácticamente un millón de declaraciones más» que en 2007, pasando de 6,5 a 7,5 millones de asignaciones, y concluye que «no sería correcto hablar de un descenso en el número de apoyos». Sin embargo, esa lectura se apoya en el número absoluto para ignorar la pérdida de peso relativo: cuando el universo de referencia crece en varios millones de declarantes, mantener o aumentar ligeramente el número bruto equivale en términos proporcionales a un retroceso significativo. Incluyendo la casilla mixta, el apoyo total a la Iglesia en cualquiera de sus formas se situó en el 30,6% en 2024, frente al 34,4% en 2007.

Menos fieles pero más ricos: la nueva base social de la Iglesia

La distribución por tramos de renta de la asignación única es la radiografía más elocuente del fenómeno. Los datos de la Agencia Tributaria muestran que apenas 50.300 declarantes con rentas superiores a 150.000 euros anuales aportan por sí solos 47,4 millones de euros a las arcas eclesiásticas, el 32% del total de la asignación única. En el extremo opuesto, más de 450.000 contribuyentes con ingresos de entre 21.000 y 30.000 euros anuales reúnen apenas 12 millones. El 2% de los declarantes que marcan la casilla concentra casi un tercio de la recaudación.

Ruiz Andrés señala que el peso del catolicismo es mayor en los dos extremos de la distribución de renta: los tramos más elevados y, también, los más bajos. Los primeros sostienen la recaudación con asignaciones individuales de mayor cuantía; los segundos mantienen una vinculación más tradicional con la institución. La clase media que durante décadas fue la columna vertebral del catolicismo sociológico en España se ha ido distanciando de la casilla a un ritmo que los datos confirman año tras año. La Iglesia ha pasado de depender del apoyo masivo de amplias capas de la población a refugiarse fiscalmente en los tramos de renta más elevados.

El 54% cree que la Iglesia debería autofinanciarse

El Barómetro de Religión y Creencias de 2025 sitúa el debate sobre la financiación eclesiástica en un contexto de creciente escepticismo social. El 54% de los españoles considera que la Iglesia debería autofinanciarse, y solo uno de cada cuatro apoya el modelo actual del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). El recelo es especialmente pronunciado entre los jóvenes, donde el apoyo al sistema de la casilla cae al 18%. Esos datos se producen en un momento en que la visita del papa León XIV a España ha colocado a la Iglesia en el centro del debate público, con un pontífice cuyo perfil social ha generado simpatías transversales pero cuya institución sigue enfrentando cuestionamientos sobre su posición de privilegio fiscal.

El sistema de la casilla, vigente desde 2007, no implica coste adicional para el contribuyente: elegir la Iglesia, los fines sociales o ambas opciones no aumenta la cuota a pagar ni reduce la devolución a recibir. Es un gesto de redistribución dentro de lo ya tributado, lo que explica en parte que muchos contribuyentes lo realicen sin mayor deliberación. Pero también lo convierte en uno de los termómetros más fiables de la relación entre la sociedad española y sus instituciones religiosas, una relación que los datos de 2024 describen como declinante en términos de adhesión popular y crecientemente dependiente de una élite económica que sigue encontrando en la Iglesia un destino para su asignación fiscal.

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