Vox lleva un año en conflicto abierto con la jerarquía eclesiástica española y con el papa León XIV: amenazó con retirar subvenciones a Cáritas en las comunidades donde gobierna con el Partido Popular, tachó de «profanación» el acuerdo sobre el Valle de los Caídos y promovió una campaña de desprestigio contra Robert Prevost días antes del cónclave que lo eligió Papa. Este lunes, Abascal acudió al Congreso a escuchar a un pontífice cuyo mensaje lleva semanas desmantelando los argumentos centrales de la ultraderecha española.
Santiago Abascal se sentó este lunes en el hemiciclo del Congreso de los Diputados para escuchar el discurso de León XIV. Lo hizo después de haber prometido públicamente que no acudiría a ningún acto institucional en presencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y después de haber dado plantón al rey Felipe VI en la recepción del 12 de octubre. La excepción no es un gesto de reconciliación: es la medida del problema que tiene Vox con un Papa al que sus medios afines llamaron «vengativo» e «idólatra» antes de que fuera elegido, y que ha salido de cada jornada de la visita española con imágenes que erosionan directamente el discurso de la ultraderecha.
León XIV llegó a España con dos ejes que chocan frontalmente con las posiciones de Vox: el rechazo a tratar a los inmigrantes «peor que a las mascotas», en palabras pronunciadas antes del viaje, y la denuncia de los «enfoques identitarios que pueblan el mundo de enemigos y fantasmas», formulada el sábado en el Palacio Real con Abascal sentado en la sala, mirando al techo según los periodistas presentes. El líder de Vox aplaudió de pie al final, como los demás. Fue difícil no leer ese gesto como la expresión de una contradicción que el partido no ha sabido resolver desde que Prevost fue elegido sucesor de Francisco en mayo de 2025.
Amenazas a Cáritas y guerra a los obispos
El choque entre Vox y la Iglesia española se agudizó en el último año a partir de dos frentes. El primero fue la inmigración. Cuando la Conferencia Episcopal Española (CEE) respaldó activamente la regularización de más de medio millón de personas sin papeles promovida por el Gobierno, Vox respondió con una amenaza directa: retirar las subvenciones a Cáritas, la organización que canaliza la acción social de la Iglesia, en las comunidades autónomas donde el partido gobierna junto al Partido Popular (PP), es decir, Extremadura, Aragón y Castilla y León. Abascal atribuyó la postura de algunos obispos sobre la inmigración a que «su prioridad es el negocio» de las subvenciones públicas.
El segundo frente fue el acuerdo entre la Archidiócesis de Madrid y el Gobierno para la «resignificación» del antiguo Valle de los Caídos. La portavoz de Vox en el Congreso, Pepa Millán, calificó el acuerdo de «profanación». El arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, había señalado por su parte que la prohibición de oraciones musulmanas en el polideportivo de Jumilla, impuesta por Vox, era contraria a la libertad religiosa. «Un xenófobo no puede ser buen cristiano», dijo Planellas. El enfrentamiento salió del ámbito doctrinal para instalarse en la confrontación política directa, con episodios de descalificación mutua que no tenían precedentes en la relación entre la derecha española y la Iglesia desde los años de la Transición.
La campaña contra Prevost antes de ser Papa
El portal Infovaticana, cuyo fundador, Gabriel Ariza, es hijo del empresario Julio Ariza —considerado el padrino mediático de Vox— y consejero de política internacional de Abascal, publicó a solo cuatro días del cónclave de mayo de 2025 un informe que acusaba a Robert Prevost de haber encubierto casos de abusos sexuales durante su etapa como obispo de la diócesis peruana de Chiclayo. La campaña incluyó la afirmación, posteriormente borrada del artículo original por no estar «debidamente contrastada» según el propio medio, de que la diócesis había pagado 150.000 dólares a las víctimas para silenciar el supuesto encubrimiento. Las acusaciones se basaban en denuncias que ya habían sido investigadas y desestimadas. No impidieron la elección del estadounidense.
Infovaticana publicó meses después fotografías en las que supuestamente se veía al ya elegido Papa «participando en un rito de la Pachamama» en Brasil en 1995, en un artículo que lo calificaba de «hecho de enorme gravedad» sin firmarlo. La red de intereses detrás del portal incluye también a Javier Tebas Llanas, hijo del presidente de la Liga de fútbol profesional y secretario de la fundación ISSEP —filial española del instituto de formación de cuadros de Marion Maréchal, sobrina de Marine Le Pen—, que representa en Perú a las víctimas del supuesto encubrimiento de Prevost. El ecosistema mediático de la extrema derecha trató de bloquear la elección del Papa que ahora les incomoda desde el hemiciclo del Congreso.
Feijóo y el incómodo espejo democristiano
El Partido Popular no comparte la beligerancia de Vox frente a la Iglesia, pero la visita de León XIV le ha deparado también episodios incómodos. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, retiró el sábado de la red social X un mensaje de apoyo a la candidata derechista peruana Keiko Fujimori en plena visita papal. La razón era obvia: en su etapa como obispo de Chiclayo, Prevost tuvo enfrentamientos documentados con la oligarquía peruana representada políticamente por el fujimorismo. En Génova tardaron en caer en la cuenta antes de publicar el mensaje, y cuando lo hicieron ya era tarde para evitar la comparación.
El analista Enric Juliana, de La Vanguardia, escribió este lunes que Sánchez ve venir «la envolvente democristiana»: movimientos circulares del Papa para acercar al PP y al PSOE que incomodan a un partido que ha pactado presupuestos y gobiernos autonómicos con Vox. León XIV pidió semanas antes del viaje a los dirigentes del Partido Popular Europeo (PPE) que recuperaran las raíces de la primera Democracia Cristiana, con su énfasis en el humanismo, el pacifismo y la doctrina social. El PP español no es la Democracia Cristiana, y el Papa parece saberlo. Esa brecha es la que Vox no puede cerrar aplaudiendo de pie en el hemiciclo.