La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, acusó ayer al Gobierno central de impulsar la regularización extraordinaria de inmigrantes para modificar el censo electoral y ganar votos, en un pleno de la Asamblea de Madrid celebrado a horas de la llegada del Papa León XIV a España. La portavoz de Vox, Isabel Pérez Moñino, había abierto el flanco describiendo Madrid como una «aspiradora humana infinita». Ayuso fue más lejos: la medida es, a su juicio, un intento de «importar pobreza masiva».
La Asamblea de Madrid celebró ayer un pleno marcado por la inminente visita del Papa León XIV a España y por el debate sobre la regularización masiva de inmigrantes que impulsa el Gobierno de Pedro Sánchez. En ese cruce de coordenadas, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, pronunció las palabras que resumieron la jornada: la regularización extraordinaria es, según ella, un instrumento para «importar pobreza masiva» y manipular el censo electoral a favor del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). La medida cuenta con el respaldo explícito del Vaticano y del empresariado español, circunstancia que no alteró la posición de la presidenta madrileña.
El detonante inmediato fue una intervención de la portavoz de Vox en la Asamblea, Isabel Pérez Moñino, que enmarcó la regularización como una «bendición» para Ayuso, en tono sarcástico, al tiempo que acusaba a la presidenta de estar convirtiendo Madrid en «una aspiradora humana infinita». La provocación surtió efecto. Ayuso comenzó su réplica con una defensa del papel de los trabajadores extranjeros en la economía madrileña —señaló que gracias a ellos se podrán construir las viviendas que la comunidad necesita— pero en cuestión de segundos giró hacia un registro radicalmente distinto.
Una amenaza demográfica y electoral
En ese segundo movimiento, Ayuso sostuvo que la regularización de unas 700.000 personas responde a una lógica política antes que humanitaria o económica: la de reventar los servicios públicos, generar caos y, en última instancia, modificar el padrón municipal para alterar el censo en favor del PSOE. Lo calificó de «fraude electoral». La acusación convierte a las personas en proceso de regularización en instrumentos de una supuesta operación política, borrando de un trazo su condición de trabajadores, contribuyentes y vecinos de los municipios en que residen.
La retórica de Ayuso no es nueva en el espacio de la derecha española, pero su formulación en este pleno reviste una singularidad: la presidenta la desarrolló en el mismo día en que el Papa León XIV aterrizaba en España con un mensaje centrado precisamente en la acogida a los migrantes y en la solidaridad como imperativo moral. El Vaticano había respaldado de forma explícita la regularización extraordinaria planteada por el Ejecutivo central, una coincidencia que la izquierda en la Asamblea no dejó pasar. La presidenta se rio de que la oposición fuera, a su entender, «más papista que León XIV» y llamó «capillitas» a sus adversarios.
Vox marca el territorio, Ayuso lo cruza
El intercambio entre Vox y el Partido Popular (PP) en este pleno ilustra una dinámica recurrente en la política madrileña: la ultraderecha fija el marco discursivo y el PP lo hace propio con variaciones de intensidad. Pérez Moñino abrió la ofensiva con la imagen de la «aspiradora humana», una metáfora que cosifica a las personas migrantes reduciéndolas a un flujo incontrolable. Ayuso recogió el argumento y lo amplió: de la metáfora de la aspiradora pasó a la acusación de «fraude electoral» y al concepto de «importar pobreza», que atribuye a quienes llegan a trabajar a España la condición de carga antes que de aportación.
El portavoz del PP en la Asamblea, Carlos Díaz-Pache, se encontraba en el hemiciclo al inicio de la sesión. La crónica parlamentaria describe una atmósfera en que la proximidad de la visita papal había generado expectativas de moderación que el pleno no satisfizo. La regularización extraordinaria, que el Gobierno central presenta como una medida estructural para ordenar el mercado laboral y corregir una situación de irregularidad administrativa acumulada durante años, fue tratada en el debate como una amenaza antes que como una solución.
El Papa en Madrid, la regularización en el pleno
La visita de León XIV a España añade al debate una dimensión que trasciende la política doméstica. El Vaticano ha defendido de manera sistemática el derecho de las personas a emigrar y ha respaldado las políticas de regularización como instrumentos de justicia social. Que ese posicionamiento institucional coincida en el tiempo con la ofensiva verbal de Ayuso y Vox contra la misma medida coloca a ambas formaciones en una posición incómoda ante un electorado con tradición católica significativa.
La regularización extraordinaria que debate España no es un fenómeno aislado. Varios países europeos han recurrido a mecanismos similares para normalizar situaciones de irregularidad de larga duración, con argumentos que combinan la necesidad de mano de obra, la recaudación fiscal y la cohesión social. En España, el debate se ha encallado en una fractura que el pleno de ayer volvió a mostrar con nitidez: entre quienes ven en la regularización una respuesta pragmática a una realidad demográfica y laboral, y quienes la presentan como un vector de desestabilización. Las palabras de Ayuso situaron a la Comunidad de Madrid en el segundo campo, con una contundencia que no dejó espacio para la ambigüedad.