España pierde la mitad de sus quioscos de prensa en una década

04 juin 2026 - 17:28

El país ha pasado de 23.400 puntos de venta de prensa a 13.100 en diez años. La facturación del sector se ha recortado hasta un 50% en prensa y revista, y el número de quiosqueros asociados en Madrid se ha reducido a la mitad desde 2015. La diversificación hacia productos ajenos a la prensa sostiene los negocios en pie, pero no los sanea. La incertidumbre sobre el vencimiento de las concesiones municipales bloquea el relevo generacional y amenaza con acelerar el cierre de los establecimientos que resisten.

Hace diez años había 23.400 puntos de venta de prensa en España. En 2024 quedan 13.100, según datos de la Asociación de Vendedores Profesionales de Prensa de Madrid (AVPPM). El descenso, de casi el 44% en una década, no responde a un fenómeno puntual sino a la confluencia de varios factores que se refuerzan mutuamente: el cambio estructural en los hábitos de consumo de información, la concentración empresarial en la distribución, los márgenes mínimos del negocio y la falta de un relevo generacional que quiera asumir las condiciones de explotación. En algunas ciudades españolas, la venta de prensa en quiosco ha desaparecido por completo.

El modelo económico del quiosco opera con una lógica que deja poco margen al error. El beneficio en prensa se sitúa en torno al 20% por ejemplar vendido; en la mayoría de los artículos complementarios, la ganancia ronda los 30 o 40 céntimos por unidad. Las promociones con coleccionable ofrecen un margen algo superior, del 25%, pero su frecuencia ha disminuido. A esa estrechez se suma el sistema de distribución: los quiosqueros adelantan el pago de muchas publicaciones antes de venderlas y recuperan el dinero solo tras gestionar las devoluciones. Juan Vicioso, presidente de la Federación Madrileño Castellana de Vendedores Profesionales de Prensa (Femcaprens), resume la situación con precisión: «Se trabaja con comisiones fijas, riesgos de stock y tensiones de liquidez».

Céntimo a céntimo

Pablo Canseco lleva más de cuatro décadas al frente de su quiosco en la calle madrileña de Melchor Fernández Almagro. Su jornada comienza a las seis de la mañana repartiendo periódicos en hospitales y se prolonga hasta la tarde, incluyendo fines de semana. El beneficio neto que obtiene es de «1.500 euros limpios», lo que, según él mismo reconoce, «tiene mucho mérito si tenemos en cuenta que este negocio se gana céntimo a céntimo». Su caso ilustra la realidad de un sector que considera levantar la persiana cada día una victoria en sí misma.

La presión fiscal añade otra capa de dificultad. En Madrid, los quiosqueros soportan un Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) del 21% sobre buena parte de sus productos y un gasto bimestral de 600 euros por la ocupación de la vía pública. Juan Carlos Luquin, presidente de Alicoprena, la Asociación de Librerías y del Comercio de Prensa y Revistas de Navarra, señala que «la concentración empresarial ha reducido el número de operadores, pero a nosotros no nos han rebajado los costes». Desde Pamplona, donde ya no queda ningún quiosco en funcionamiento, Luquin es directo sobre el diagnóstico: «El negocio impreso se muere y nadie hace nada por levantarlo».

El problema de las concesiones

La incertidumbre regulatoria sobre el vencimiento de las licencias municipales actúa como freno adicional al relevo generacional. En Madrid, las concesiones actuales expiran en 2029; en Málaga, entre 2032 y 2034. La brevedad de esos plazos desincentiva la inversión necesaria para modernizar los establecimientos, cuyo mobiliario en muchos casos tiene la homologación caducada. Teresa Araujo, presidenta de la AVPPM y quiosquera en la calle de Bravo Murillo desde hace décadas, advierte: «Si el Ayuntamiento decide que debe haber nuevos modelos como requisito para continuar con la licencia, veremos quién puede asumir su coste».

Antonio Martín Salcedo, presidente de la Asociación de Quiosqueros Siglo XXI en Málaga, reclama concesiones de hasta 30 años para garantizar la viabilidad de las inversiones: «Sin esa seguridad jurídica el relevo se bloquea». El perfil del sector es mayoritariamente envejecido, y quienes se plantean tomar el relevo encuentran en la combinación de márgenes estrechos, incertidumbre sobre la concesión y necesidad de inversión inicial —el traspaso de un quiosco cuesta de media 20.000 euros— razones suficientes para desistir. La AVPPM ha pasado de 523 asociados en 2015 a 261 en la actualidad.

Lo que se pierde con el quiosco

La supervivencia del sector descansa hoy en la diversificación. Paquetería, bebidas, flores, vinilos, artículos deportivos y productos turísticos conviven en muchos puntos de venta con los periódicos y revistas que siguen siendo la razón de ser del negocio. Algunos quiosqueros han incorporado juegos online y servicios digitales. «Si no te informatizas estás perdido», señala José Luis Fierro, presidente de la Asociación PrensLeón, que aun así reconoce haber reducido un 20% su facturación porque «el negocio principal, la prensa, no remonta». La diversificación sostiene, pero no transforma la ecuación de fondo.

Lo que desaparece con cada quiosco que cierra no es solo un punto de venta. Araujo apela a las administraciones a que «utilicen el quiosco», recordando su potencial como infraestructura de proximidad: distribución de prensa, prestación de servicios y mantenimiento de la identidad de cada barrio. El sector reclama a los ayuntamientos autorización para instalar pantallas digitales y publicidad genérica que genere ingresos complementarios. La paradoja que resume Luquin condensa el estado del sector: el cliente de los coleccionables «es amplio y fiel», pero el periódico diario, columna vertebral del modelo durante décadas, sigue sin encontrar la fórmula para remontar en el canal impreso.

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