La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero por la Audiencia Nacional convierte al expresidente en el primer jefe de Gobierno de la democracia española sometido a investigación penal. Su trayectoria describe una curva de ascensos y caídas sin precedentes: de diputado anónimo a presidente por sorpresa, de reformador social a responsable de la austeridad, de paria político a activo electoral del PSOE y, de nuevo, a figura bajo sospecha.
Pocas carreras políticas en la España democrática han acumulado tantos golpes de guion como la de José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente ha sido, en distintos momentos y con distinta fortuna, un diputado entusiasta sin proyección aparente, el líder improbable de un partido hundido, el impulsor de las reformas sociales más ambiciosas desde la Transición, el responsable de una gestión económica que arrolló su imagen, un paria político en travesía del desierto, un activo electoral de primer orden para Pedro Sánchez y, desde el 19 de mayo de 2026, el primer expresidente de la democracia española imputado penalmente. Quienes le conocieron de cerca coinciden en que la noticia les dejó en estado de shock.
Elena Valenciano, exvicesecretaria general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), lo resumió con precisión: «La figura que yo he conocido no me encaja con lo que se lee en el auto judicial». El juez José Luis Calama, de la Audiencia Nacional, lo sitúa como presunto líder de una estructura organizada de tráfico de influencias que operó entre 2020 y 2025. Zapatero niega los cargos. Lo que sigue es un recorrido por las etapas que han definido su trayectoria, con la imputación como último capítulo de una carrera que sus propios protagonistas describen como una sucesión de sorpresas.
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El ascenso improbable: de diputado anónimo a secretario general
En 1996, Zapatero era un diputado de 36 años sin proyección visible en un PSOE hundido por la derrota electoral y la sombra de la corrupción. Supo extraer rendimiento de la comisión de la que era portavoz —Administraciones Públicas, no precisamente la más atractiva del hemiciclo— y construir desde ahí una reputación de seriedad que le granjeó respeto dentro del grupo parlamentario. Cuatro años después, cuando Joaquín Almunia dimitió tras una derrota incontestable frente a José María Aznar, Zapatero vio su oportunidad.
En el congreso extraordinario del PSOE de 2000, se alzó con la secretaría general batiendo a José Bono en una victoria que nadie había pronosticado. Su triunfo se debió a una confluencia de factores: supo insuflar optimismo a una formación en horas bajas con el lema «no estamos tan mal», y la facción guerrista, para evitar la victoria de Bono, lo apoyó como mal menor. Jordi Sevilla, exministro y compañero de primera hora, lo recordó con una frase que resume el estupor del momento: «No es el Zapatero con el que ganamos el congreso de 2000», diría años después, al conocer la imputación.
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El presidente reformador: las leyes que definieron una era
Zapatero ganó las elecciones de 2004 en unas circunstancias que él mismo reconoce como extraordinarias: el atentado del 11-M, perpetrado tres días antes del domingo electoral, y la gestión de las mentiras del Gobierno del Partido Popular (PP) sobre la autoría de Al Qaeda desplazaron la intención de voto de forma decisiva. Convencido de que Felipe González había ejecutado la gran transformación económica de España, se impuso la tarea de la transformación social. El resultado fue un conjunto de reformas que redefinieron el espacio de derechos en España: la ley del matrimonio igualitario, la ley integral contra la violencia de género, la ley de dependencia y la ley de memoria histórica.
Durante su mandato, ETA abandonó la violencia. Jesús Eguiguren, presidente en su tiempo del PSE-PSOE y participante en las conversaciones que condujeron a ese desenlace, lo atribuyó a la determinación del expresidente: «Tuvo la voluntad y la tenacidad frente a todo tipo de obstáculos, incluida la hostilidad de la derecha, de terminar con el terrorismo y conseguir la paz». El primer Gobierno de Zapatero logró además los dos primeros superávits públicos de toda la democracia, en 2005 y 2006, y España estuvo a punto de superar a Italia como potencia económica europea.
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La gran crisis: el error que lo arrolló y los recortes que no perdonaron
La señal de alarma llegó en el verano de 2007, cuando el estallido de las hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos amenazaba con extenderse al conjunto de la economía global. España celebraba entonces una tasa de desempleo inferior al 8%, la más baja desde los años setenta, y un crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) del 3,7%. Santiago Carbó, catedrático de Economía de CUNEF Universidad, señaló la fragilidad que los datos ocultaban: «La banca española nunca tuvo problemas con las hipotecas, pero tenía una exposición al suelo y las promociones inmobiliarias que llegaban a los 400.000 millones de euros, cuando los recursos propios eran de 180.000».
Zapatero tardó en reconocer la gravedad de la situación. Su vicepresidente económico, Pedro Solbes, lo dejó en 2009 tras constatar que sus posiciones no convergían: «Zapatero tenía su propia visión de la crisis y su hoja de ruta no coincidía con la mía», escribió Solbes antes de fallecer en 2023. El paro acabó alcanzando el 27%. La reforma constitucional exprés de agosto de 2011, pactada con el PP para imponer un techo al déficit, marcó el punto de no retorno. Sevilla fue tajante: «Fue un error apuntarse de voz y coz en el régimen de austeridad y ningún socialista podría apoyar la reforma de la Constitución».
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La travesía del desierto y la rehabilitación junto a Sánchez
Tras dejar La Moncloa en 2011, Zapatero se convirtió en un paria político. La recuperación fue lenta y comenzó con la publicación en 2013 de su libro El dilema: 600 días de vértigo, que intentó ofrecer una justificación de su gestión económica. La reconciliación con Pedro Sánchez, que al ser elegido secretario general en 2014 había calificado la reforma constitucional de 2011 como «uno de los principales errores del PSOE», no llegó hasta la campaña de las generales de 2015.
El momento de máxima rehabilitación llegó en el instante más bajo de Sánchez: las elecciones municipales y autonómicas de 2023, en las que la izquierda sufrió un batacazo. Zapatero acudió al rescate con una entrevista en la Cadena COPE que revivió al partido. «Bajo mi Gobierno se rindió ETA», proclamó. Desde entonces se convirtió en un elemento fijo de las campañas socialistas, en una figura cuya sola presencia movilizaba al electorado progresista. El sociólogo Imanol Zubero, exsenador socialista, identificó la clave de esa resurrección: «A la izquierda del PSOE ha terminado prevaleciendo la idea de que el primer Zapatero fue el estructural, y que el segundo fue coyuntural».
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El imputado: el impacto de la investigación en su figura política
La desaparición de Zapatero de los mítines comenzó en la precampaña de las elecciones extremeñas, tras la detención en diciembre de su amigo el empresario Julio Martínez Martínez en el marco del caso Plus Ultra. Dos días después de las elecciones andaluzas del 17 de mayo, el auto del juez Calama se hizo público y los policías especializados en delitos económicos registraron su despacho en la calle de Ferraz, justo enfrente de la sede del PSOE. La imagen disolvió en horas el capital político acumulado durante la rehabilitación.
Eduardo Madina, exdirigente socialista, expresó lo que muchos de su entorno sintieron: «La persona que conocí es incompatible con el auto; para mí Zapatero no cabe ahí dentro; creo plenamente en su inocencia». Zubero planteó la pregunta que el caso abre sobre el conjunto de su trayectoria: si el caso Plus Ultra desvelará que hubo un «tercer Zapatero» que puso su capital político al servicio del beneficio personal. Zapatero niega los cargos y espera comparecer ante el juez el 2 de junio para aclarar los puntos en que se sustenta la imputación.