La protección de niños y adolescentes en el entorno digital se perfila como uno de los pocos terrenos de consenso entre las principales potencias industrializadas. Reunidos en París, los responsables del G7 encargados de la inteligencia artificial aspiran a sentar las bases de principios comunes para reforzar la seguridad de los menores frente a los riesgos asociados a las plataformas digitales y a las nuevas tecnologías.
La carrera global por el desarrollo de la inteligencia artificial ha abierto un nuevo frente de preocupación para gobiernos y organismos internacionales: la protección de los menores en un ecosistema digital cada vez más complejo y difícil de regular.
Con ese objetivo sobre la mesa, los ministros y responsables del G7 reunidos este viernes en París trabajan en una declaración conjunta que podría marcar un primer paso hacia la definición de estándares compartidos para garantizar una mayor seguridad de niños y adolescentes en internet.
La ministra francesa encargada de Inteligencia Artificial, Anne Le Hénanff, aseguró que existe una creciente conciencia internacional sobre la necesidad de actuar frente a los riesgos derivados de los modelos de negocio de determinadas plataformas digitales.
Según explicó, Francia considera que algunos de estos riesgos tienen una dimensión sistémica y requieren una respuesta coordinada entre las principales economías del mundo.
La iniciativa cuenta también con el respaldo de la Comisión Europea. La comisaria de Soberanía Tecnológica, Henna Virkkunen, destacó que sería la primera vez que los países del G7 apoyan formalmente principios comunes para la protección de menores en internet.
Para Bruselas, la dimensión transfronteriza de las plataformas digitales hace imprescindible una cooperación internacional más estrecha, especialmente en un contexto en el que gran parte de las empresas tecnológicas líderes tienen su sede en Estados Unidos.
Más allá de la protección infantil, los participantes abordaron otras cuestiones que dividen a las grandes potencias tecnológicas, entre ellas el impacto medioambiental de la inteligencia artificial. El crecimiento de los centros de datos necesarios para alimentar los modelos avanzados de IA plantea interrogantes cada vez mayores sobre el consumo energético y la utilización de recursos hídricos.
París reconoce que alcanzar compromisos concretos en este ámbito será más complicado debido a las diferencias existentes entre los miembros del grupo. Por ello, la estrategia francesa pasa por concentrarse en aquellas áreas donde todavía es posible construir consensos.
Otro de los asuntos centrales de la reunión es la necesidad de impulsar una mayor transparencia en el desarrollo y la difusión de la inteligencia artificial, con el fin de que sus beneficios no queden limitados a un reducido grupo de grandes empresas tecnológicas.
En este sentido, el ministro canadiense de Innovación, Ciencia y Desarrollo Económico, Evan Solomon, defendió la creación de estándares internacionales capaces de reforzar la confianza pública en estas tecnologías.
A su juicio, la expansión de la inteligencia artificial solo será sostenible si los ciudadanos perciben que sus datos están protegidos, que existen mecanismos de control efectivos y que los menores pueden desenvolverse en un entorno digital seguro.
La reunión de París sirve de preparación para la próxima cumbre de líderes del G7, prevista para mediados de junio, donde la gobernanza de la inteligencia artificial y la regulación de sus impactos sociales y económicos ocuparán un lugar destacado en la agenda internacional.