España ya roza la media europea en jóvenes sin empleo ni estudios pero persiste la precariedad

28 mai 2026 - 18:37

La proporción de jóvenes de entre 15 y 29 años que ni trabajan ni cursan estudios cayó en España al 11,5% en 2025, según los datos de Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea. Es el nivel más bajo desde que existen registros comparables, en 2002, y sitúa al país a medio punto de la media comunitaria. La mejora, sostenida desde la pandemia, convive con un paro juvenil del 24% y con el aumento de quienes compaginan empleo y estudios por necesidad económica.

España ha reducido a la mitad en doce años la proporción de jóvenes que ni trabajan ni estudian. En 2013, en el peor momento de la Gran Recesión, ese porcentaje alcanzó el 22,5%. En 2025, según los últimos datos de Eurostat, la cifra se sitúa en el 11,5%, medio punto por encima de la media de los Veintisiete, que es el 11%. La diferencia con Europa es la mitad que un año antes, y la más reducida desde que la oficina estadística europea comenzó a recopilar datos comparables. Los analistas atribuyen la mejora a la confluencia de dos tendencias: la caída sostenida del paro juvenil y el retroceso del abandono escolar.

El dato tiene un recorrido histórico que ayuda a dimensionarlo. En 2019, antes de la pandemia, la tasa se situaba en el 14,9%. El confinamiento y la crisis económica derivada de la covid-19 la elevaron hasta el 17,3% en 2020. Desde entonces ha descendido de forma ininterrumpida hasta el mínimo actual, que queda incluso por debajo del nivel registrado durante los años de la burbuja inmobiliaria. La convergencia con Europa, que durante la Gran Recesión llegó a ser de más de seis puntos porcentuales, es hoy de apenas medio punto. Los especialistas consultados consideran probable que esa brecha se cierre en los próximos años si se mantienen las tendencias actuales.

Las dos palancas del descenso

La presidenta del Consejo de la Juventud de España, Andrea González, identifica dos factores principales detrás de la mejora. El primero es el aumento de la ocupación juvenil en los años posteriores a la pandemia: el paro entre los menores de 25 años ronda actualmente el 24%, frente a niveles superiores al 50% registrados en 2013. El segundo es lo que González describe como «el incremento de la permanencia en estudios y formación». El abandono escolar se situó en el 12,8% en 2025, menos de la mitad que al inicio de la Gran Recesión, cuando superaba el 32%.

La secretaria confederal de Juventud de Comisiones Obreras (CC OO), Pau Garcia, apunta a las políticas activas como elemento explicativo. «Se han impulsado políticas para combatir el abandono escolar que han demostrado ser eficaces», señala, con el impulso a la Formación Profesional como ejemplo central. La reforma laboral aprobada en la legislatura anterior también ha dejado huella en el mercado de trabajo juvenil: la proporción de trabajadores de entre 16 y 29 años con contrato temporal ha pasado del 55,4% antes de la reforma al 33,7% en la actualidad, una reducción de casi 22 puntos que el Ministerio de Trabajo incluye entre los factores que explican la caída de la tasa.

Lo que el dato no cuenta

La convergencia estadística con Europa no disuelve las brechas estructurales que los propios expertos señalan. Juan Antonio Báez, del grupo juvenil de la Unión General de Trabajadores (UGT), advierte de que «España sigue teniendo un mercado laboral precario y con mucha desigualdad para su juventud». La tasa de paro de los jóvenes de 25 años o menos es del 24,1%, frente al 9,1% del resto de grupos de edad, una distancia que no tiene parangón en las economías del norte de Europa. Báez menciona también los abusos en las prácticas formativas y la ausencia de un estatuto del becario, cuya aprobación sigue pendiente en el Parlamento.

La desigualdad de género añade otra capa de complejidad. En la mayoría de países europeos, la proporción de mujeres jóvenes sin empleo ni estudios supera a la de hombres, en parte por la mayor dedicación femenina a las tareas de cuidados. En España, sin embargo, los porcentajes están igualados por sexo —11,5% para ellas y 11,4% para ellos—, una anomalía que Báez relaciona con la «falta de apuesta en políticas de reparto de cuidados» y que se traduce en mayor interrupción de la carrera profesional femenina. La tasa de mujeres españolas ya está por debajo de la media europea para ese colectivo (12%), pero la de hombres españoles (11,4%) sigue bastante por encima de la de los europeos (9,9%).

El reverso: los sisís

Tanto el Consejo de la Juventud como los sindicatos rechazan el término nini por considerarlo una etiqueta que traslada a los jóvenes la responsabilidad de una situación estructural. «Sirvió para estigmatizar a toda una generación que veía cómo se derrumbaban sus expectativas de futuro», señala Garcia, que lo califica de «profundamente injusto». La representante de CC OO recuerda que ese contexto de exclusión fue también el caldo de cultivo de las movilizaciones del 15M, que en 2011 expresaron el hartazgo de una generación condenada, según sus protagonistas, a la incertidumbre permanente.

El reverso estadístico del fenómeno es el de los sisís: jóvenes que trabajan y estudian al mismo tiempo. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), 1,11 millones de trabajadores de entre 16 y 29 años cursaban estudios en 2025, el 33% de los ocupados en ese tramo de edad, frente al 25% registrado antes de la pandemia. Para Garcia, ese aumento no es un indicador de dinamismo sino de precariedad: «Tiene mucho que ver con el encarecimiento de la vivienda, la precariedad laboral y los procesos de privatización que afectan a la Formación Profesional y a la universidad». González comparte la cautela: «La cuestión no es solo cuántas personas jóvenes estudian o trabajan, sino en qué condiciones lo hacen». El dato agrega lo que las condiciones laborales desagregan.

Compartir el artículo