La flotilla presiona a la UE para endurecer su posición con Israel

25 mai 2026 - 16:14

Las imágenes del ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, humillando a los activistas internacionales de la Flotilla Global Sumud han acelerado un reposicionamiento europeo ante Israel. Italia, hasta ahora aliado firme de Benjamín Netanyahu, ha pedido formalmente sanciones contra Ben-Gvir. España, Irlanda y Polonia ya las respaldan, pero la exigencia de unanimidad entre los Veintisiete convierte cualquier acuerdo en un ejercicio de geometría diplomática de resolución incierta.

Las imágenes de activistas internacionales maniatados y arrodillados mientras el ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, reía a su alrededor han generado un impacto político en Europa que la diplomacia comunitaria no ha podido ignorar. El Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea (UE) había logrado a principios de mes un acuerdo político para imponer sanciones contra colonos israelíes violentos, una medida que los propios diplomáticos europeos reconocían como limitada. El incidente de la Flotilla Global Sumud, la coalición de barcos que intentaba llevar ayuda humanitaria a Gaza, ha reabierto la presión para ir más allá y sancionar directamente a Ben-Gvir y al ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, los dos miembros más extremistas de la coalición de Netanyahu.

La propuesta de sancionar a ambos ministros había sido planteada por Bruselas con anterioridad, pero los estados miembros la bloquearon. La alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, explicó la semana pasada ante el Parlamento Europeo que aunque en un primer momento las sanciones contra Smotrich y Ben-Gvir formaban parte del mismo paquete que el de los colonos, «al final se decidió separar el asunto porque el problema es que los estados miembros no aceptaron sancionarlos». España es uno de los países que ha prohibido la entrada a ambos ministros desde hace meses, junto a Irlanda, dos de los estados más activos en la presión sobre Tel Aviv.

Italia abandona su posición de bloqueo ante las imágenes

La novedad geopolítica de mayor calado es el cambio de postura de Italia. Hasta ahora, Roma había sido —junto a Alemania— el principal obstáculo para suspender los aspectos comerciales del Acuerdo de Asociación de la UE con Israel, una medida que solo requiere mayoría cualificada de los Veintisiete, no unanimidad. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, exigió personalmente una disculpa por parte de Israel tras las imágenes de la flotilla. Un día después, el ministro de Exteriores, Antonio Tajani, anunció que pondrá sobre la mesa de la próxima reunión de ministros europeos una propuesta formal de sanciones contra Ben-Gvir por sus «acciones inaceptables» contra los activistas.

La presión de la opinión pública italiana está detrás de este giro. El incidente ya había generado tensiones diplomáticas previas: la suspensión de la renovación automática del acuerdo de Defensa con Israel provocó fricciones bilaterales, pero Roma mantuvo su posición de bloqueo en los foros europeos. Las imágenes de la flotilla han cambiado ese cálculo. Francia también anunció sanciones contra Ben-Gvir el mismo fin de semana, aunque el ministro de Exteriores galo, Jean Noel Barrot, no ahorró críticas a la propia flotilla, a la que calificó de iniciativa que «no produce efectos útiles e impone una carga añadida a los servicios consulares».

Costa y Kallas piden liberación; Von der Leyen guarda silencio

Las instituciones europeas respondieron al incidente con posiciones divergentes que reflejan la fractura interna de la UE ante el conflicto en Gaza. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, tachó de «completamente inaceptable» el trato dado a los activistas por Ben-Gvir y exigió su liberación inmediata. Kallas se alineó con esa posición y anticipó que podría llevar la cuestión a la reunión informal de ministros de Exteriores prevista en Chipre para tantear el terreno sobre nuevas medidas. La alta representante tiene margen de iniciativa para impulsar el debate, aunque la decisión final corresponde a los estados miembros.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, guardó silencio. El portavoz comunitario de Exteriores, Anouar el Anouni, recordó que las sanciones de la UE se adoptan por unanimidad de los Veintisiete y estableció una distinción relevante: «Una cosa son las peticiones públicas y otra las discusiones entre ministros, es diferente». La Comisión no se pronunció sobre si las imágenes de la flotilla pueden cambiar el equilibrio de fuerzas entre los estados miembros, aunque la incorporación de Italia al bloque favorable a sanciones modifica el mapa de alianzas que había bloqueado cualquier avance hasta ahora.

La unanimidad, el muro que frena a Bruselas

El obstáculo estructural para cualquier avance en sanciones contra Ben-Gvir sigue siendo la regla de unanimidad. Por mucho que Italia se haya sumado al bloque de los partidarios, falta que el resto de países reticentes —entre los que se encuentran varios estados miembros con posiciones históricamente más favorables a Israel— también lo hagan. Polonia ha adoptado una postura de mayor distancia con Tel Aviv, prohibiendo la entrada al país durante cinco años al ministro de Seguridad Nacional. Pero la aritmética diplomática europea exige convencer a cada uno de los Veintisiete, y los últimos precedentes no invitan al optimismo: la medida contra los colonos israelíes, mucho menos ambiciosa, tardó semanas en superar el veto húngaro.

España e Irlanda, que abogan por la suspensión completa del Acuerdo de Asociación con Israel, han respaldado las peticiones de Tajani y presionarán en la reunión de Chipre para convertir el impulso generado por las imágenes de la flotilla en una decisión concreta. El episodio ilustra la tensión permanente en la política exterior europea: la capacidad de las instituciones para condenar verbalmente es amplia; la de actuar con instrumentos vinculantes, limitada por la regla de la unanimidad que cualquier estado miembro puede usar para bloquear cualquier iniciativa que considere contraria a sus intereses nacionales.

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