La empresa aeroespacial SpaceX realizó este viernes un nuevo y decisivo vuelo de prueba de la última versión de su gigantesco cohete Starship, en una misión seguida con enorme expectación por la industria espacial y los mercados financieros, en un momento en que la compañía de Elon Musk prepara su histórica salida a Bolsa.
El lanzamiento, efectuado desde la base de Boca Chica, en Texas, se produjo poco después de las 17:30 hora local, apenas un día después de que un intento anterior fuera cancelado por problemas técnicos.
Aunque el vuelo no estuvo exento de incidentes, SpaceX consideró la misión un éxito parcial importante, especialmente después de varios meses sin pruebas y en plena presión por demostrar la viabilidad técnica del programa Starship.
Con 124 metros de altura, Starship es actualmente el cohete más grande y potente jamás construido. El proyecto constituye la pieza central de las ambiciones de Elon Musk para desarrollar viajes espaciales de larga distancia, establecer colonias humanas en Marte y reforzar el liderazgo estadounidense frente a China en la nueva carrera espacial.
Durante los aproximadamente 65 minutos de vuelo, el cohete logró despegar correctamente y separar de forma exitosa sus dos etapas principales. Sin embargo, el propulsor Super Heavy no completó toda la combustión prevista y cayó de forma descontrolada en las aguas del golfo de México.
Aunque SpaceX no tenía previsto recuperar intacto el propulsor, la empresa esperaba al menos un amerizaje controlado en una zona precisa, algo que finalmente no ocurrió.
La nave principal Starship también sufrió dificultades técnicas tras un fallo parcial de uno de sus motores. Para corregir la trayectoria, el sistema compensó utilizando durante más tiempo los otros cinco motores restantes.
“Yo no lo llamaría una inserción orbital nominal”, reconoció el portavoz de SpaceX, Dan Huot, durante la retransmisión oficial. No obstante, añadió que la trayectoria permanecía “dentro de márgenes aceptables”.
Pese a los problemas, el momento más celebrado llegó cuando Starship consiguió desplegar una serie de satélites experimentales, incluidos dos satélites Starlink modificados equipados con cámaras destinadas a analizar el comportamiento del escudo térmico de la nave durante la reentrada atmosférica.
Finalmente, la nave amerizó en el océano Índico, tal como estaba previsto, provocando una explosión de entusiasmo entre los ingenieros y empleados de SpaceX.
Elon Musk calificó el vuelo de “épico” en la red X y felicitó a sus equipos asegurando que habían “marcado un gol para la humanidad”.
La importancia estratégica de Starship va mucho más allá del prestigio tecnológico.
La NASA firmó con SpaceX un contrato multimillonario para desarrollar una versión modificada del vehículo capaz de servir como módulo de alunizaje en el programa Artemis, con el que Estados Unidos pretende regresar a la Luna antes de finales de la década.
La agencia espacial estadounidense quiere llevar astronautas al satélite en 2028 y teme quedar rezagada frente a China, que aspira a realizar una misión lunar tripulada antes de 2030.
Sin embargo, el calendario genera cada vez más dudas entre expertos del sector, debido a los retrasos acumulados y a la enorme complejidad técnica del proyecto.
El director de la NASA, Jared Isaacman, estuvo presente durante el lanzamiento y elogió posteriormente el avance logrado.
“Un paso más cerca de la Luna… un paso más cerca de Marte”, escribió en X.
La competencia en el sector espacial privado se intensifica además con Blue Origin, la empresa fundada por Jeff Bezos, que también compite por desarrollar sistemas de alunizaje para futuras misiones lunares.
En paralelo, SpaceX busca convencer a los inversores antes de su esperada oferta pública inicial (OPI), prevista para junio y considerada potencialmente una de las mayores salidas a Bolsa de la historia reciente del sector tecnológico.
El éxito parcial del vuelo de Starship llega así en un momento crucial para Elon Musk, cuya empresa se juega simultáneamente credibilidad tecnológica, contratos gubernamentales y enormes expectativas financieras.