Bardem denuncia en Cannes el silencio de Hollywood sobre Gaza

19 mai 2026 - 17:15

El actor español llega al festival con «L’Être aimé» de Rodrigo Sorogoyen en competición oficial y convierte Cannes en tribuna de denuncia. Bardem asegura que Hollywood ha perdido el control del relato sobre Gaza y que la nueva generación de espectadores ya no acepta el silencio. El caso de Susan Sarandon, apartada de su agencia por defender a los palestinos, preside el debate sobre la libertad de expresión en la industria del entretenimiento.

Javier Bardem llegó este fin de semana a Cannes con «L’Être aimé» (El ser amado), lo último de Rodrigo Sorogoyen, en competición oficial, y aprovechó la visibilidad del festival para hacer algo que en Hollywood resulta cada vez más arriesgado: hablar con claridad sobre la guerra en Gaza. El actor español, de 57 años, aseguró al diario Libération que el año pasado fue el más cargado de su trayectoria y que «nunca había recibido tantas ofertas de todas partes, incluidos los Estados Unidos». El motivo, sostiene, es que el viento está cambiando.

Bardem lleva meses posicionado públicamente contra la ofensiva israelí en Gaza, un gesto que le ha valido el respaldo de una parte de la industria y el escrutinio de otra. En Cannes, su nombre ha aparecido en boca del miembro del jurado Paul Laverty, guionista habitual de Ken Loach, que denunció que actores como Bardem, Susan Sarandon y Mark Ruffalo han sido represaliados por sus declaraciones en defensa de la población civil palestina, y concluyó con una apelación directa a sus colegas: «Vergüenza para quienes actúan así en Hollywood».

El precio de hablar en Hollywood

El caso de Sarandon, omnipresente en el festival, ilustra esa tensión. La actriz oscarizada perdió su contrato con la agencia United Talent Agency a finales de 2023 tras pronunciarse públicamente en favor de la causa palestina. En Cannes circula este año su imagen en época de Thelma y Louise con la mirada fija en el objetivo, una presencia que para muchos en el sector condensa la paradoja de la industria: reconoce a sus estrellas cuando envejecen con gracia, pero las penaliza cuando hablan con independencia política.

Bardem se sumó a las palabras de Laverty a través de una vía indirecta. Sin conocer personalmente al guionista británico, hizo llegar por medio de un contacto común un mensaje de reconocimiento en el que le transmitía que era «una referencia, en lo profesional y en lo personal». Los filmes que Laverty ha escrito junto a Ken Loach figuran entre los referentes del propio Bardem. El actor conecta esa solidaridad con el movimiento más amplio que percibe en la sociedad: «Ya no controlan el discurso general. La gente sabe, ha visto, ha sentido el dolor».

La nueva generación dice basta

El argumento central de Bardem es generacional. «El pueblo palestino sufre desde hace décadas y la nueva generación dice basta», declaró a Libération en una afirmación que sitúa la recepción del conflicto en un terreno distinto al del ciclo informativo habitual. El actor considera que esa presión social acumulada ha modificado las reglas del juego dentro de la industria: quien silencia voces críticas se arriesga ahora a que su nombre sea señalado en público. La transparencia como contrapeso del poder.

En «L’Être aimé», Bardem encarna a un director de cine todopoderoso y tiránico cuyo personaje se llama Martínez, en guiño al hotel de lujo homónimo de Cannes donde el actor se alojaba cuando Sorogoyen le ofreció el papel en un Festival anterior. El propio Bardem observa que «es un hombre de su época», conectado con lo que hoy se denomina «masculinidad tóxica»: la convicción de estar en el derecho de controlar a quienes le rodean, en particular a las mujeres. El personaje debe cuestionarse ese perfil para reconectar con su hija.

De la España franquista a la conciencia global

El recorrido de Bardem difícilmente puede entenderse sin su genealogía familiar. Hijo de la actriz Pilar Bardem y sobrino del cineasta Juan Antonio Bardem, uno de los directores que desafiaron la censura del régimen franquista desde dentro de la industria cinematográfica española, el actor se crió en un entorno donde cultura y compromiso eran inseparables. En España comenzó su carrera como arquetipo del macho ibérico, encarnación de una virilidad sin matices en Jamón, jamón de Bigas Luna, junto a Penélope Cruz, que más tarde se convertiría en su esposa.

La evolución posterior lo llevó a registros muy distintos: interpretó al escritor cubano Reinaldo Arenas, perseguido por su homosexualidad, en Antes que anochezca de Julian Schnabel, y alcanzó su mayor proyección internacional como villano de James Bond en Skyfall de Sam Mendes. Esa trayectoria de ida y vuelta entre el macho mediterráneo y el antihéroe complejo explica, en parte, la autoridad con que hoy habla de masculinidad. «Tuve la suerte de que me criara una mujer», afirmó en Cannes, en una reflexión que conecta su trayectoria artística con la formación recibida en casa.

En Cannes, Bardem recordó que su padre, Carlos, representó la masculinidad «en su peor y mejor versión»: «Era violento, violento con mi madre, y al mismo tiempo muy sensible, muy cultivado». Una figura que le enseñó a no compadecerse de sí mismo y a no mostrar ninguna emoción. Frente a esa influencia, su madre era «todo lo contrario». «Eso me salvó de la influencia masculina en la España en que crecí», dijo, añadiendo que esa huella persiste y exige conciencia. Desde esa conciencia construye ahora un personaje que puede costarle un premio en el palmarés del festival.

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