Los químicos británicos David Klenerman y Shankar Balasubramanian y el biofísico francés Pascal Mayer han recibido el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2026 por desarrollar la tecnología de secuenciación de ADN de nueva generación. Su método redujo el coste de leer un genoma humano completo de más de mil millones de dólares a menos de mil, y el tiempo necesario de una década a unas pocas horas. La candidatura se impuso a otras 55 procedentes de 24 países.
En 1953, Francis Crick anunció durante el almuerzo en el pub The Eagle de Cambridge que él y James Watson habían descubierto la estructura del ADN. Décadas después, en otro establecimiento de la misma ciudad situado a menos de dos kilómetros, dos profesores de la Universidad de Cambridge empezaron a esbozar las ideas que darían forma a la siguiente gran revolución genética. Shankar Balasubramanian solía proponer reunirse en el Panton Arms porque su despacho era demasiado pequeño. «Le dije al propietario que algún día lo haría muy famoso. Y me prometió que, si lo conseguía, ¡tendría cervezas gratis de por vida!», explicó a la prensa tras conocer el fallo del jurado. Cambridge vuelve a estar en el centro de la historia de la genética.
La Fundación Princesa de Asturias hizo público el miércoles en Oviedo el fallo del jurado del Premio de Investigación Científica y Técnica 2026, que recayó en Klenerman, Balasubramanian y Mayer por desarrollar la tecnología de secuenciación de ADN de nueva generación (NGS, por sus siglas en inglés). El galardón, tercero en fallarse en esta edición tras los premios de Comunicación y Humanidades —concedido a Studio Ghibli— y de las Artes —otorgado a Patti Smith—, se impuso a 55 candidaturas. La candidatura fue propuesta por el bioquímico Philip Louis Felgner, galardonado con el mismo premio en 2021 por su papel en el desarrollo de las vacunas de ARN mensajero contra la covid-19. La ceremonia de entrega tendrá lugar en octubre en el Teatro Campoamor de Oviedo.
De un pub de Cambridge al genoma en un día
Klenerman y Balasubramanian comenzaron a trabajar juntos en los años noventa sobre un problema que entonces parecía casi irresoluble: leer el genoma completo de un ser vivo de forma rápida, precisa y a un coste asumible. En el año 2000, secuenciar el genoma humano por primera vez había requerido una década de trabajo internacional coordinado y una inversión superior a los mil millones de dólares. Los dos profesores de Cambridge se propusieron hacer ese proceso accesible. A finales del siglo pasado cofundaron la empresa Solexa, integrada más tarde en Illumina, con el objetivo de convertir la investigación básica en una herramienta disponible para cualquier laboratorio del mundo. Pascal Mayer, por su parte, desarrolló el método de amplificación superficial del ADN que resultó clave para que la secuenciación masiva fuera técnicamente viable.
El método NGS funciona dividiendo el ADN en numerosos fragmentos pequeños que se inmovilizan en la superficie de un chip. Tras ser amplificados, los fragmentos son descodificados mediante técnicas de fluorescencia y ensamblados por un programa informático capaz de procesar miles de millones de secuencias en paralelo. El resultado es la lectura completa del genoma. Hoy, ese proceso puede completarse en un solo día con un coste inferior a los mil dólares. Klenerman reconoció que recibir el galardón «supone un gran honor», aunque subrayó que el hito no fue obra individual sino «el resultado de una colaboración extraordinaria» que implicó a decenas de equipos. Balasubramanian lo sintetizó como «un reconocimiento al trabajo realizado por muchas personas».
Una técnica que salvó vidas en la pandemia
El impacto clínico de la tecnología NGS se hizo visible de forma masiva durante la pandemia de covid-19. Cuando el virus SARS-CoV-2 comenzó a propagarse en 2020, la capacidad de secuenciar su genoma con rapidez permitió identificar nuevas variantes con una velocidad sin precedentes y orientar el diseño de las vacunas que se administraron en todo el mundo en tiempo récord. Antes de que existiera esta tecnología, ese proceso habría llevado meses o años. El jurado del Premio Princesa de Asturias subrayó en su acta que la NGS se ha convertido en «una herramienta genética de uso cotidiano» que ha transformado la medicina personalizada y ha abierto campos de investigación que hace apenas dos décadas resultaban inimaginables, como el estudio sistemático del microbioma humano.
La técnica tiene hoy aplicaciones en diagnóstico oncológico, enfermedades raras, pruebas prenatales, medicina forense y vigilancia epidemiológica. Ha dado lugar al primer secuenciador de nueva generación de uso clínico, el MiSeq, y ha permitido identificar a miles de organismos en estudios de biología y ecología. Mayer, en sus primeras declaraciones tras conocer el fallo, atribuyó el hallazgo a «una ciencia impulsada por la curiosidad y el pensamiento multidisciplinario», y confió en que el reconocimiento sirva de estímulo a los jóvenes investigadores.
El reconocimiento internacional de una carrera premiada
El Premio Princesa de Asturias no es el primer reconocimiento internacional que reciben los tres científicos por este trabajo. En 2022 compartieron el Breakthrough Prize, uno de los galardones científicos mejor dotados del mundo, y en 2024 recibieron el Novo Nordisk Prize. La acumulación de distinciones refleja el consenso científico en torno a la relevancia de su aportación: pocas tecnologías desarrolladas en las últimas décadas han tenido un impacto tan directo sobre la práctica médica cotidiana y sobre la capacidad de la ciencia para responder a emergencias sanitarias globales.
El acta del jurado del Princesa de Asturias, presidido por el físico español Pedro Miguel Echenique Landiríbar, recogió que la NGS ha «revolucionado la investigación en biología celular, biomedicina, medicina forense y ecología» en un tiempo excepcionalmente breve. La ceremonia de Oviedo pondrá nombre y rostro, en octubre, a una historia que empezó hace treinta años entre pintas de cerveza en un pub universitario.