La última Encuesta de Población Activa registra 611.600 pluriempleados en España, un 44,6% más que hace una década. Detrás del dato hay una realidad que los sindicatos llevan meses denunciando: la combinación de contratos parciales no deseados y una crisis de vivienda que hace insuficiente un único salario. Los expertos advierten de que tener empleo ya no garantiza salir de la precariedad.
Mirei Boddien tiene 27 años, trabaja cinco horas y media al día en una escuela infantil de Barcelona y estudia un grado de Educación online por las noches y los fines de semana. Entre la salida del parvulario y el inicio de sus clases, aprovecha las tardes para hacer de canguro a uno de los niños del centro. Cobra alrededor de mil euros al mes, paga 400 por una habitación en un piso compartido y a final de mes no llega. «Tengo dos trabajos y no llego, muchas veces dependo de la ayuda económica de mis padres», dice. Le gustaría tener un único empleo con jornada completa y sueldo digno. Por ahora, no es una opción.
Su situación no es excepcional. La Encuesta de Población Activa (EPA) publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) para el primer trimestre de 2026 registra 611.600 personas con un segundo empleo en España, la cifra más alta desde que comenzó la serie histórica en 2002 y un 44,6% más que hace una década. El fenómeno afecta de forma desproporcionada al sector servicios, donde la mayoría tiene su contrato principal, y tiene rostro mayoritariamente femenino en lo que respecta a la jornada parcial: las mujeres representan el 72% del trabajo a tiempo parcial en España.
Un máximo histórico con matices
El dato récord admite una lectura más matizada. Los pluriempleados representan el 2,7% del total de ocupados, una proporción que sigue estando por debajo de la media europea, situada en el 4,1% según datos de 2025. Los Países Bajos lideran el indicador con un 10,4% de trabajadores que combinan al menos dos empleos, seguidos de Dinamarca con un 8,9%. España se encuentra, por tanto, en la parte baja de la tabla europea, aunque con una tendencia de crecimiento sostenido en la última década que los expertos consideran significativa.
El catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona (UB) Raúl Ramos sitúa el fenómeno en su contexto: «La segunda jornada sirve para complementar el sueldo, algo frecuente en la hostelería y los servicios en general». También señala que hay quienes ya trabajan a tiempo completo pero añaden un empleo de fin de semana en sectores donde escasean los trabajadores. Sin embargo, el catedrático de Derecho Laboral de la misma universidad, Jordi García, apunta a una causalidad más compleja: «A principios de los años 70 había muchas personas con dos o tres trabajos. En ese momento era un problema de salarios muy bajos, mientras que ahora vemos un efecto más complejo». García lo atribuye en parte a los vacíos que dejó la última reforma laboral de 2021, que multiplicó los contratos fijos discontinuos.
La vivienda como detonante invisible
Los sindicatos llevan meses vinculando el pluriempleo a la emergencia habitacional. Albert Ferrer, responsable de Mercado de Trabajo y Economía de Comisiones Obreras (CC.OO.) de Catalunya, lo formula sin rodeos: «Que tu sueldo sea suficiente depende de los costes que tengas y la vivienda se ha encarecido enormemente. Muchas personas con un empleo principal ya no llegan a pagar el alquiler o la cuota de su hipoteca». El pasado Primero de Mayo, los sindicatos incorporaron la crisis de la vivienda a sus demandas laborales de forma explícita, un giro que refleja hasta qué punto ambos fenómenos se han vuelto inseparables.
La historia de Bárbara —nombre ficticio— ilustra esa intersección. Tiene 26 años, un hijo pequeño y combina un contrato de 20 horas semanales como limpiadora en un hotel con una decena de horas como empleada doméstica que cobra en negro. Vive con su madre. Intentó comprar un piso junto a ella, pero el banco les denegó la hipoteca por la escasez de horas de su contrato. Las condiciones de acceso al alquiler y al crédito hipotecario «muy a menudo dejan fuera a las personas que no cuentan con una jornada completa», señala Óscar Riu, secretario de Acción Sindical de la Unión General de Trabajadores (UGT) en Catalunya, que alerta además de la economía sumergida que aflora en forma de segundos empleos en negro y de horas extra no cotizadas.
Lo que los datos no cuentan
Más allá de las cifras de la EPA, el pluriempleo tiene una dimensión que los indicadores estadísticos no capturan con facilidad: la de quienes acumulan empleos sin que ninguno de ellos llegue a constituir una jornada completa. Según la EPA, el 13,6% de los ocupados en España tiene un contrato parcial. De ese grupo, casi la mitad lo acepta porque no ha podido encontrar una jornada completa, y un 20% adicional lo hace por necesidades de cuidado de hijos o familiares. Solo una minoría, menos del 15%, escoge esa fórmula por voluntad propia para compaginarla con los estudios.
El resultado es un mercado laboral en el que tener empleo no garantiza salir de la precariedad. Según Eurostat, el 11,2% de los trabajadores españoles viven en riesgo de pobreza, el tercer peor dato de la Unión Europea. «La contratación a tiempo parcial se ha convertido en una forma de flexibilidad para las empresas, pero esta pluriocupación reproduce mucha precariedad y en su mayoría no es deseada», insiste Riu. Ferrer añade que el objetivo debe ser avanzar hacia un mercado laboral «de un solo empleo». Para Mirei, Ramon, Laura, María Jesús y Bárbara, ese horizonte sigue siendo, por ahora, una aspiración.