La campaña andaluza llega a su última semana con el Partido Popular volcado en garantizar la mayoría absoluta sin necesidad de Vox y el Partido Socialista Obrero Español intentando concentrar el voto progresista para evitar su peor resultado histórico en la comunidad. La muerte de dos guardias civiles en Huelva durante una persecución a una narcolancha alteró el ritmo de la campaña y abrió un frente de reproches cruzados entre ambos partidos.
La campaña andaluza de cara a los comicios del 17 de mayo ha entrado en su fase decisiva con un escenario que no admite demasiada ambigüedad: el Partido Popular (PP) parte como ganador indiscutible según todas las mediciones disponibles, pero la dirección del partido sabe que el resultado concreto —y, sobre todo, si Juanma Moreno puede repetir mayoría absoluta sin depender de Vox— determinará la lectura política de la noche electoral. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), por su parte, pelea para que su candidata, la exministra de Hacienda María Jesús Montero, no encabece el peor resultado socialista en la historia de Andalucía.
El contraste entre los dos actos del pasado domingo sintetizó esa asimetría. En el pabellón Javier Imbroda de Málaga, el PP reunió a unas 5.500 personas en torno a Alberto Núñez Feijoo y Moreno Bonilla. En La Línea de la Concepción, en Cádiz, el acto del PSOE con Pedro Sánchez como cabeza de cartel congregó a unas 1.200 personas según los datos facilitados por la propia formación. La guerra de cifras, como ocurre en toda campaña, tiene un valor simbólico que ningún partido ignora.
La baza de Feijoo
El líder del PP llegó a Málaga con un mensaje que reflejaba la tensión entre la confianza en la victoria y la necesidad de evitar la complacencia. «Aquí no venimos a celebrar nada antes de tiempo. Aquí venimos a trabajar hasta el último minuto», declaró Feijoo ante los asistentes al acto, en una frase que condensa la estrategia del partido: movilizar a su electorado como si el resultado no estuviera decidido para blindar la mayoría absoluta.
Los datos avalan la posición de Moreno Bonilla. La encuesta de la Fundación Centra, el organismo de referencia demoscópica en la comunidad, indica que el candidato popular transmite tranquilidad o confianza al 50% del electorado andaluz. Su principal rival, Montero, genera rechazo en el 56,1% de los encuestados, una cifra que los estrategas del PP leen como un activo para la movilización propia. Feijoo describió a Moreno como «el mejor presidente en la historia de la Junta de Andalucía» y subrayó que «no gobierna contra nadie» ni «necesita dividir para ganar», en contraste implícito con la política de pactos de Sánchez a escala nacional.
El objetivo declarado de la dirección popular es claro: reproducir o superar los 58 escaños del Parlamento andaluz obtenidos en 2022 para gobernar sin necesidad de los once diputados que Vox logró entonces. Los acuerdos que el PP ha suscrito con la formación de Santiago Abascal en Extremadura, Aragón y Castilla y León erosionan la narrativa de autonomía que ha resultado rentable para Moreno, y la dirección del partido es consciente de que una dependencia similar en Andalucía complicaría el relato de moderación que el candidato ha construido en dos legislaturas.
El cálculo de Sánchez
Desde el otro lado del tablero, el secretario general del PSOE admitió en Cádiz que el escenario no es favorable, aunque se negó a dar la batalla por perdida. «Luego nos entenderemos con todas las izquierdas, pero primero hay que votar a aquella persona y aquel partido que puede liderar ese Gobierno», afirmó Sánchez ante los militantes, en una apelación directa a la concentración del voto progresista en la papeleta socialista. Su diagnóstico fue que, si esa concentración se produce, «hay partido».
Las encuestas disponibles sitúan al PSOE en riesgo de caer por debajo de los 30 escaños que obtuvo Juan Espadas en 2022, lo que convertiría el resultado en el peor de la formación en unas elecciones andaluzas desde que el partido perdió el gobierno de la Junta en 2018 tras casi cuatro décadas de hegemonía ininterrumpida. La vinculación de Montero con el Gobierno central, que fue uno de sus argumentos de autoridad al comienzo de la campaña, ha operado también como lastre en un electorado andaluz que las encuestas describen como refractario a trasladar el apoyo al Ejecutivo de Sánchez al voto autonómico.
La sombra de los guardias civiles
El ritmo de la recta final se vio alterado por un episodio ajeno a la política: la muerte de dos guardias civiles durante la persecución de una narcolancha en Huelva. El PP y el PSOE suspendieron sus actos el sábado. Feijoo y Moreno asistieron al funeral por las víctimas; Montero también estuvo presente, pero no así Sánchez. La ausencia del presidente del Gobierno fue aprovechada por la dirección popular para agudizar su ofensiva. «Han pasado 48 horas desde la muerte de estos dos guardias civiles y dos años desde la muerte de otros dos en Barbate, y nadie del Gobierno ha pedido perdón», reprochó Feijoo en Málaga.
Moreno fue más allá y reclamó que Feijoo, cuando llegue a la presidencia del Gobierno, promueva un endurecimiento de las penas aplicables a los narcotraficantes, enlazando el episodio con una de las demandas históricas del centroderecha en zonas del litoral atlántico con alta presión del narcotráfico. Desde Cádiz, Montero respondió con una denuncia del uso político del duelo: «Tengo que denunciar que algunos siempre intentan hacer caja con las tragedias», afirmó la candidata socialista. El cruce de declaraciones sobre los guardias civiles trasladó al tramo final de campaña una tensión que ningún partido había buscado pero que ambos han intentado gestionar a su favor.
La semana que queda hasta el 17 de mayo definirá si la movilización del voto de izquierda que reclama Sánchez llega en la magnitud suficiente para sostener la posición del PSOE, o si el PP consolida un resultado que, según todas las proyecciones, lo situará como fuerza dominante del panorama político andaluz durante una nueva legislatura.