Crece la presión sobre Keir Starmer tras el desplome laborista en las elecciones locales

12 mai 2026 - 11:48

La crisis política comienza a cercar seriamente al primer ministro británico, Keir Starmer, después del duro revés sufrido por el Partido Laborista en las elecciones locales y regionales celebradas la semana pasada.

La presión interna sobre Starmer aumentó este lunes hasta niveles inéditos desde su llegada al poder en julio de 2024. Según varios medios británicos, entre ellos The Guardian y Sky News, figuras destacadas de su propio Gobierno ya le habrían pedido que prepare un calendario para abandonar el cargo.

Entre quienes habrían expresado su malestar figuran la ministra del Interior, Shabana Mahmood, y la jefa de la diplomacia británica, Yvette Cooper.

Al menos 70 diputados laboristas habrían solicitado ya la dimisión del primer ministro, una cifra que refleja la creciente fractura interna dentro del partido gobernante.

El detonante de la crisis fueron las elecciones locales del 7 de mayo, donde el laborismo perdió cerca de 1.500 concejales y sufrió un avance significativo del partido antiinmigración Reform UK, formación que continúa capitalizando el malestar social y el desgaste de los partidos tradicionales.

La derrota resulta especialmente dolorosa para Starmer porque se produce menos de dos años después de la amplia victoria laborista que puso fin a catorce años de gobiernos conservadores en el Reino Unido.

Consciente de la gravedad de la situación, el primer ministro intentó recuperar la iniciativa política con un discurso pronunciado este lunes.

—Sé que la gente está frustrada con el estado del Reino Unido, frustrada con la política y algunos también frustrados conmigo— reconoció el dirigente laborista.

Starmer trató de reposicionar a su Ejecutivo prometiendo reconstruir las relaciones con Europa y anunciando además un proyecto de ley destinado a nacionalizar British Steel, en un intento de recuperar el apoyo de sectores obreros e industriales.

Sin embargo, el discurso no logró frenar las tensiones internas ni disipar las dudas sobre su liderazgo.

El desgaste político del primer ministro se ha visto agravado por una economía estancada, el aumento persistente del coste de vida y las consecuencias internacionales de la crisis en Oriente Medio.

A ello se suma además la polémica generada por el nombramiento y posterior destitución de Peter Mandelson como embajador británico en Washington, tras revelarse vínculos con el financiero estadounidense Jeffrey Epstein.

En Westminster comienza así a instalarse una pregunta incómoda para los laboristas: si el hombre que debía devolver la estabilidad política al Reino Unido puede convertirse ahora en un factor de fragilidad para su propio partido.

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