La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, participó en Ciudad de México en un acto en homenaje a Hernán Cortés que desató protestas de pueblos indígenas, la condena de la presidenta Claudia Sheinbaum y las críticas del Gobierno de Pedro Sánchez. El evento, celebrado en el Frontón México tras la cancelación de la sede prevista en la Catedral Metropolitana, tensiona la recomposición bilateral que ambos países habían impulsado en los meses previos.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, participó el lunes en Ciudad de México en el acto denominado Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México: Malinche y Cortés, una ceremonia organizada con la presencia del productor Nacho Cano y celebrada en el Frontón México de la capital. El evento se enmarca en una gira de diez días que la dirigente madrileña realizó con una agenda que combinó encuentros con el sector empresarial, actos políticos y actividades culturales vinculadas a la hispanidad, en un viaje que generó controversia desde su anuncio.
En su intervención, Ayuso defendió lo que denominó «cinco siglos de mestizaje» entre España y América Latina como un legado de esperanza y alianzas compartidas. Reivindicó la figura de Isabel la Católica como impulsora de ese encuentro entre civilizaciones y reclamó que «la libertad nunca tenga que pedir perdón por ser libertad», en referencia implícita a las demandas de disculpa por la conquista que sucesivos gobiernos mexicanos han formulado a la Corona española. La convocatoria reunió también a representantes del Partido Acción Nacional (PAN), principal formación conservadora del país.
El acto que canceló la catedral
El evento estaba concebido inicialmente para celebrarse en la Catedral Metropolitana de Ciudad de México. La Arquidiócesis retiró su autorización de manera oficial, alegando la falta de los permisos necesarios para la grabación, aunque el diario El País señaló que la decisión respondió también a la presión social y política generada por la convocatoria. Colectivos de pueblos originarios concentraron manifestantes en los alrededores del recinto para denunciar lo que describieron como una glorificación de los agravios infligidos a sus comunidades durante la colonización española del siglo XVI.
Al margen de la ceremonia central, Ayuso extendió su agenda a otras comparecencias. Ante asistentes de la Universidad de la Libertad sostuvo que «cuando se controla la justicia, se acaba todo», en referencia a la reforma del poder judicial impulsada por el Gobierno de Sheinbaum. En la Cámara de Comercio de España en México ofreció Madrid como «refugio de la libertad» para periodistas y opositores que, en sus palabras, afrontan condiciones adversas en el país. Los asistentes incluyeron figuras de la derecha mexicana y representantes empresariales de ambos países.
Sheinbaum responde desde Puebla
La presidenta Claudia Sheinbaum respondió al trasfondo político de la visita sin mencionar a Ayuso por su nombre. Lo hizo durante la conmemoración del 164 aniversario de la Batalla de Puebla —la victoria mexicana frente a la invasión francesa de 1862—, un escenario de hondo simbolismo soberanista. «Quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades están destinados a la derrota», afirmó la mandataria ante el Ejército. La elección del momento y el marco convirtió la respuesta en una declaración leída de forma prácticamente unánime como un rechazo frontal a la postura de la dirigente madrileña.
En el ámbito legislativo, las reacciones del partido gobernante fueron más directas. Legisladores del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en Ciudad de México calificaron a la presidenta de la Comunidad de Madrid de «fascista» en un comunicado oficial del grupo parlamentario. El senador Gerardo Fernández Noroña la describió como «súper fascista» en declaraciones a los medios. El escritor y consejero nacional de Morena Pedro Miguel envió además una carta formal al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para reclamar la exhumación de los restos de Hernán Cortés y su entrega a España. El INAH no ha emitido respuesta pública.
El Gobierno reprocha la «irresponsabilidad» de la gira
En España, la reacción del Ejecutivo de Pedro Sánchez no tardó en llegar. El ministro de la Presidencia, Óscar López, calificó la actuación de la dirigente madrileña de «la irresponsabilidad de la señora Ayuso», en referencia al momento en que el Gobierno trabajaba activamente en la recomposición de sus vínculos con México. López fue más allá en su valoración de los propósitos de la gira, sosteniendo en palabras propias que respondía al interés de «promocionar el musical de Nacho Cano y contactar a millonarios latinoamericanos» antes que a la agenda institucional de la Comunidad de Madrid.
La fractura entre la agenda de Ayuso y la política exterior del Ejecutivo resulta especialmente visible a la luz de los gestos de las semanas previas. El rey Felipe VI había reconocido públicamente la existencia de abusos durante la colonización de América en un encuentro con el embajador de México en Madrid, en una señal de distensión bien recibida por ambos gobiernos. La relación bilateral había atravesado años de tensión desde que el expresidente Andrés Manuel López Obrador exigió a la Corona española una disculpa formal por las consecuencias de la conquista del siglo XVI.
El viaje de Ayuso concluye así en el peor momento para los esfuerzos de Sánchez por normalizar los lazos con México. La dirigente madrileña había calificado previamente al país de «narcoestado» y lo había equiparado a regímenes como Cuba o Venezuela, un historial de fricciones que convierte la gira en un contrapunto explícito a la estrategia exterior del Gobierno central. La elección de Hernán Cortés como figura tutelar de la visita hace visible la hondura de la fractura entre el Partido Popular (PP) y el Ejecutivo en uno de los debates históricos más sensibles para la memoria del pueblo mexicano.