España rechaza una vez más las amenazas de Trump

01 mai 2026 - 18:00

El presidente estadounidense Donald Trump calificó a España de «horrible» en el Despacho Oval y abrió la puerta a reducir la presencia militar de su país en las bases de Rota y Morón, extendiendo a España e Italia las presiones previamente dirigidas a Alemania. La ministra de Defensa, Margarita Robles, rechazó las amenazas con rotundidad, defendió el historial español de compromiso con la OTAN y reiteró el rechazo del Gobierno a colaborar en una guerra que considera contraria al derecho internacional.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abrió el jueves una nueva línea de presión sobre España al calificar al país de «horrible, absolutamente horrible» en una comparecencia ante los medios en el Despacho Oval y dejar abierta la posibilidad de reducir o retirar la presencia militar estadounidense en las bases de Rota, en Cádiz, y Morón de la Frontera, en Sevilla. Cuando una periodista le preguntó si consideraba aplicar en España las mismas medidas que había anunciado horas antes para Alemania, Trump respondió: «¿Por qué no debería hacerlo?»

La ministra de Defensa, Margarita Robles, respondió este viernes con contundencia. En declaraciones a la prensa durante un acto en el Matadero de Madrid, afirmó que su Gobierno no cede ante presiones externas. «Nosotros no aceptamos amenazas de nadie», declaró. Las advertencias de Washington, añadió, «ni proceden y desde luego no tienen ningún marco legal». El Gobierno, insistió Robles, mantiene un «firme compromiso» con el cumplimiento del derecho internacional, con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y con las misiones de paz desplegadas en todo el mundo.

La escalada que llegó desde Berlín

Las declaraciones de Trump siguieron una secuencia que comenzó el miércoles en Berlín. Tras las críticas del canciller alemán Friedrich Merz a la falta de estrategia de Washington en la guerra de Irán, Trump publicó en su red social Truth que Estados Unidos estudia la posible reducción de sus tropas en suelo alemán. Al día siguiente, en el Despacho Oval, extendió esa presión a Italia y a España con el mismo argumento: «Les ayudamos con Ucrania. Y cuando los necesitamos, no estaban ahí».

El contexto en que llegaron las amenazas resulta relevante. La decisión del Gobierno de cerrar el espacio aéreo a los aviones militares de Estados Unidos vinculados a la Operación Furia Épica y de negar el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones ofensivas contra Irán no es nueva: el Ejecutivo de Pedro Sánchez adoptó esa postura desde el inicio del conflicto, el 28 de febrero, y la ha mantenido sin variación. Lo que añade esta semana es que Trump ha articulado por primera vez una amenaza explícita de represalia sobre las instalaciones de uso compartido.

La respuesta del Gobierno

Robles rechazó que Washington pueda cuestionar el historial español en la Alianza. La titular de Defensa subrayó que España es uno de los países aliados que mejor cumple con sus compromisos en la organización y que esa trayectoria le otorga plena legitimidad para disentir sobre el uso concreto de sus instalaciones militares. El Gobierno, argumentó, está comprometido con la paz y el derecho internacional, y ese historial no es compatible con participar en una operación que considera ajena al marco multilateral.

La réplica no llegó únicamente desde el Ministerio de Defensa. La ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, secundó la posición del Ejecutivo desde Valencia, donde participaba en el acto del Primero de Mayo. Morant señaló que Trump es capaz de alterar en horas el marco multilateral sobre el que se han construido las relaciones internacionales, y resumió la postura española ante esa presión: «Nosotros vamos a estar de nuevo del lado de la legalidad». Aunque eso pueda suponer seguir siendo señalados por Washington, la ministra insistió en que la posición del Ejecutivo no cambiará.

Los límites reales de la amenaza

Las advertencias de Trump tienen, sin embargo, límites de naturaleza jurídica e institucional. El Congreso de Estados Unidos aprobó a finales de 2025 un mecanismo que prohíbe reducir por debajo de 76.000 el número de efectivos desplegados en Europa durante más de 45 días, lo que acota el margen de maniobra del presidente. A ello se suma el contraste con la reacción del propio canciller alemán Merz, que tras sus críticas a Washington intentó rebajar la tensión al día siguiente: «La relación personal sigue siendo buena, al menos desde mi punto de vista».

España no ha buscado ese tono conciliador. Desde el inicio de la Operación Furia Épica, el Gobierno de Sánchez ha mantenido una línea coherente: rechazo a autorizar el uso de las bases y del espacio aéreo para operaciones bélicas, invocación del derecho internacional como referencia y defensa del marco multilateral. Tampoco el tono de Washington ha alterado esa posición en los últimos dos meses. Robles dejó claro que el Gobierno no reconoce a nadie la potestad de dictar a España cuándo y cómo emplea sus instalaciones militares.

La escalada verbal de Trump añade una nueva dimensión al pulso diplomático que enfrenta a Madrid y Washington desde el inicio del conflicto. El Ejecutivo había cerrado ya el espacio aéreo a los aviones militares vinculados a la ofensiva, retirado a su embajador en Israel y negado el acceso a Rota y Morón desde el primer día. La posibilidad de reducir la presencia militar estadounidense en territorio español no tiene por ahora ni plazo ni plan concreto, pero sitúa la relación bilateral en un punto de fricción sin precedentes en las últimas décadas.

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