El presidente estadounidense combina gesto económico y elogios políticos hacia la monarquía británica en un contexto de tensiones transatlánticas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este jueves la eliminación de los aranceles al whisky escocés, en lo que describió como un gesto hacia el rey Carlos III, tras su reciente visita de Estado a Washington junto a la reina Camila.
El propio Trump explicó la decisión en su red Truth Social con su estilo habitual:
«¡Los reyes me convencieron de hacer algo que nadie más había logrado, casi sin siquiera pedírmelo!», afirmó.
El anuncio se produce en paralelo a una serie de declaraciones inusualmente elogiosas hacia el monarca británico, a quien Trump calificó como «el más grande de los reyes», durante la ceremonia de despedida en la Casa Blanca.
«Es un gran rey, el más grande de los reyes, en mi opinión», declaró ante los periodistas, antes de añadir:
«Necesitamos más gente así en nuestro país».
Diplomacia simbólica en un contexto de tensiones
La visita de Estado de cuatro días de Carlos III y la reina Camila tenía como objetivo oficial reforzar la alianza entre Estados Unidos y el Reino Unido, coincidiendo con el 250º aniversario de la independencia estadounidense.
Sin embargo, el trasfondo diplomático es más complejo. El viaje buscaba también reducir las tensiones transatlánticas, agravadas por las divergencias en torno al conflicto con Irán y las posiciones enfrentadas entre Washington y Londres.
En este contexto, el gesto comercial de Trump —la supresión de aranceles— adquiere una dimensión política evidente, en un momento en que la llamada “relación especial” atraviesa una fase de fricción.
Entre fascinación y paradoja
La retórica del presidente estadounidense hacia la monarquía no ha pasado desapercibida. Trump, que en varias ocasiones ha bromeado con la idea de ejercer un poder “regio”, vuelve a mostrar una fascinación abierta por la figura monárquica, en contraste con la tradición republicana de Estados Unidos.
Esta inclinación resulta especialmente llamativa en el año en que el país conmemora su ruptura histórica con el Imperio británico.
Una visita con múltiples mensajes
Durante su estancia, los monarcas británicos visitaron el Cementerio Nacional de Arlington para rendir homenaje a los soldados estadounidenses, y mantuvieron encuentros institucionales y simbólicos, incluidos contactos con comunidades indígenas.
Tras su paso por Washington, Carlos III y la reina Camila continuarán su agenda con una visita al territorio británico de Bermudas.