El Guernica no irá a Bilbao: claves de un debate que no es solo técnico

22 avril 2026 - 06:52

El informe técnico del Museo Reina Sofía descarta de forma categórica el traslado del Guernica al Guggenheim de Bilbao, solicitado por el Gobierno Vasco para conmemorar el 90 aniversario del bombardeo de Gernika. La obra ha sido enrollada y desenrollada cerca de 80 veces, acumula grietas y pérdidas de pintura, y los conservadores del museo advierten de que cualquier movimiento podría causar daños irreversibles. El debate, sin embargo, no es solo técnico.

El Guernica de Pablo Picasso no se ha movido del Museo Reina Sofía desde 1992, cuando recorrió apenas un kilómetro desde el Casón del Buen Retiro hasta su sede definitiva en el edificio Sabatini. Ese desplazamiento mínimo exigió construir una caja especial antibalas, cortar la circulación en toda la zona, quitar semáforos y derribar un muro. La nueva petición del Gobierno Vasco —exhibirlo nueve meses en el Guggenheim de Bilbao— ha vuelto a poner sobre la mesa una disputa que combina conservación del patrimonio, simbolismo político y aritmética parlamentaria. El informe del museo, publicado el 25 de marzo, ha cerrado el debate técnico. El político sigue abierto.

El lehendakari Imanol Pradales trasladó la solicitud directamente al presidente Pedro Sánchez en La Moncloa, y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, pidió tiempo para estudiarla antes de dar una respuesta definitiva. Ambas partes acordaron retomar el asunto tras la Semana Santa. Estas son las cinco claves para entender por qué el Guernica no puede —o no quiere— viajar. 

  1. El diagnóstico del Reina Sofía: alto riesgo, caso cerrado

El informe técnico publicado por el Museo Centro de Arte Reina Sofía el 25 de marzo es el documento más completo sobre el estado de conservación del Guernica elaborado hasta la fecha con la tecnología disponible. El estudio, en el que participaron 33 profesionales de los museos e instituciones culturales más importantes del mundo, concluye que la fragilidad extrema de la obra «no deja lugar a dudas» y que no debe volver a exponerse a ningún tipo de movimiento fuera del museo. La obra ha sido enrollada y desenrollada cerca de 80 veces a lo largo de su historia, y cada operación de clavado y desclavado del bastidor genera sufrimiento acumulado en el lienzo.

Los daños documentados incluyen grietas, levantamientos y pérdidas de la capa pictórica, así como desgarros en el soporte. La historiadora del arte Genoveva Tusell, una de las expertas más reconocidas en la obra de Picasso e hija de Javier Tusell —el historiador que negoció la llegada del cuadro a España desde el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA)—, prescribe «reposo absoluto»: «El peligro es el movimiento», afirma. El Reina Sofía añade que la protección y el traslado no son términos incompatibles en abstracto, pero que en el caso concreto de esta obra el umbral de riesgo aceptable ya ha sido superado. 

  1. Un viaje con cicatrices: 41 exposiciones en 11 países

El Guernica es, paradójicamente, la obra más viajera de la historia del arte español del siglo XX. Pintado por Picasso entre el 1 de mayo y el 4 de junio de 1937 en su taller de la calle Grands-Augustins de París, tras conocer el bombardeo de la aviación alemana de la Legión Cóndor sobre la villa vasca el 26 de abril de ese año, el lienzo emprendió de inmediato un recorrido por Europa y América destinado a recabar apoyo económico para la República española. Se exhibió en el Pabellón de la República en la Exposición Internacional de París, viajó a ciudades como Londres, Milán, Bruselas, Ámsterdam y Estocolmo, y cruzó el Atlántico hacia Nueva York.

En 1939, con el fin de la guerra y el triunfo de Franco, Picasso cedió el cuadro en préstamo al MoMA, donde permaneció custodiado durante 42 años. La condición del artista era tajante: el lienzo solo volvería a suelo español una vez recuperadas las libertades. En 1981, ya en democracia, el Guernica llegó al Casón del Buen Retiro de Madrid en la bodega de carga de un avión de Iberia, custodiado por funcionarios españoles. En 1992 se trasladó al Reina Sofía, y desde entonces no se ha movido. Ese último desplazamiento, de menos de un kilómetro, resultó ser fatal para la obra: la intervención de restauración que siguió al viaje reveló que los materiales con que Picasso había tratado la tela se habían infiltrado en el lienzo, haciéndolo «doblemente sensible a cualquier vibración».

  1. Argumentos vascos: reparación simbólica o reclamo turístico

El Gobierno Vasco enmarca su petición en términos de memoria histórica y reparación política. Pradales ha descrito el préstamo como «una reparación simbólica y política» no solo para el pueblo vasco, sino también como mensaje internacional vinculado al 90 aniversario del bombardeo de Gernika. La vicelehenakari y consejera de Cultura, Ibone Bengoetxea, añade en un artículo de opinión publicado en El País que «rechazar el traslado sin explorar posibilidades es una decisión política, no técnica», y apela al precedente del Tapiz de Bayeux —cedido por Francia al Reino Unido en 2025— como demostración de que los préstamos de obras emblemáticas son posibles cuando existe voluntad política.

Los críticos del traslado cuestionan, sin embargo, tanto el argumento conservacionista como el simbólico. El exdirector del Reina Sofía Manuel Borja-Villel pregunta abiertamente: «¿No será que lo que interesa es lo que significa el cuadro como espectáculo y reclamo turístico?». Roberto Muñoz Bolaños, autor de Guernica, una historia de imagen (Espasa), añade que el cuadro «fue pagado por el Gobierno español, es el único legítimo y legal en 1937, y no por el autónomo vasco», y recuerda que fue la República quien encargó a Picasso que lo pintara para el pabellón español de la Exposición Universal de París, pagándole 150.000 francos. La petición es legítima, concluyen varios expertos, pero la salvaguarda de la obra debe primar.

  1. El espejo del Tapiz de Bayeux: ¿sirve la comparación?

La tribuna de Bengoetxea en El País invoca el acuerdo alcanzado el 8 de julio de 2025 entre el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro británico Keir Starmer para exponer el Tapiz de Bayeux en el British Museum entre septiembre de 2026 y el verano de 2027. El bordado normando del siglo XI, que narra la conquista de Inglaterra por Guillermo el Conquistador en 1066, llevaba décadas sin salir de Francia pese a numerosas solicitudes internacionales. Starmer y Macron describieron el acuerdo como «una nueva página de nuestra historia común» y como «un símbolo de memoria compartida».

El paralelismo, sin embargo, tiene límites precisos. El Tapiz de Bayeux no presenta el estado de deterioro acumulado del Guernica: no ha sido enrollado y desenrollado cerca de 80 veces, no ha sufrido una intervención de restauración fatal tras un traslado reciente y no tiene las dimensiones del lienzo de Picasso —casi ocho metros de largo por tres y medio de alto—, que hacen de cualquier operación de movimiento una empresa de ingeniería extraordinaria. Tusell es tajante: «Un préstamo se tiene que solicitar con un mínimo de dos años de antelación», y lo habitual es que la solicitud parta del museo receptor, no del Gobierno, con un proyecto curatorial e historiográfico previo que en este caso no existe.

  1. Dónde está la decisión: la técnica pone el límite, la política decide

El Gobierno central no ha cerrado la puerta, pero tampoco ha dado una respuesta afirmativa. Urtasun alegó ante el Senado que «los técnicos del Museo Reina Sofía desaconsejan rotundamente el traslado» y pidió margen para seguir analizando la cuestión. El Partido Nacionalista Vasco (PNV) exige al menos «el gesto» de abrir una mesa de trabajo, consciente de que el Gobierno de Sánchez depende de sus votos en el Congreso. Esa dependencia convierte cualquier respuesta definitiva en una decisión con consecuencias parlamentarias directas.

Bengoetxea resume la posición vasca con una frase que sintetiza el núcleo del debate: «La pregunta no es si el Guernica puede viajar, sino si existe la voluntad y la determinación política para hacerlo posible». Los técnicos del Reina Sofía han respondido con claridad a la primera parte de esa pregunta. La segunda parte —la voluntad política— sigue sin respuesta, y el calendario aprieta: el 90 aniversario del primer Gobierno vasco llega el 7 de octubre de 2026, y el del bombardeo de Gernika, el 26 de abril de 2027.

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