Carlo Ancelotti pisó el césped del Corinthians en São Paulo con la serenidad que lo caracteriza, pero también con la curiosidad de quien inicia un camino nuevo. Fue su primer entrenamiento oficial al mando de la selección brasileña, en un ambiente que, desde los primeros minutos, le recordó que dirigir a Brasil implica mucho más que fútbol.
Acostumbrado a la discreción europea, donde la prensa apenas ve el calentamiento, Ancelotti se encontró con periodistas atentos a cada gesto. Durante la sesión, los titulares realizaron ejercicios suaves mientras el italiano conversaba con su cuerpo técnico, delineando lo que será su debut contra Ecuador este jueves en Guayaquil, por las Eliminatorias rumbo al Mundial 2026.
El italiano comenzó su estadía en Brasil con diplomacia. Visitó la Granja Comary, sede de la CBF, caminó por los campos de entrenamiento y probó un tradicional churrasco antes de visitar al Cristo Redentor, donde recibió una bendición casi simbólica para el inicio de esta nueva etapa. “Hay mucha historia aquí. Ojalá podamos continuarla”, dijo. En ese “nosotros” resumió la expectativa colectiva de un país que considera la selección un patrimonio sentimental.
Durante la semana, Ancelotti aprovechó para ver partidos de Flamengo, Botafogo y Corinthians. Su inmersión en la dinámica del fútbol local indica que buscará amalgamar las figuras europeas con los talentos del Brasileirao. Por ahora, sin embargo, no dio pistas sobre la alineación. Apenas 22 de los 25 convocados participaron en su primer entrenamiento. Los tres finalistas de la Champions League (Marquinhos, Beraldo y Carlos Augusto) se sumaban en la noche.
La selección brasileña, cuarta en la tabla de las Eliminatorias con 21 puntos, enfrenta un escenario complejo. Ecuador, su rival inmediato, suma 23 y se perfila como un examen serio para este debut. Después, Brasil recibirá a Paraguay en São Paulo el 10 de julio, partido que significará el primer contacto de Ancelotti con la torcida.
El reto es grande. Brasil sueña con recuperar la autoridad regional y global que tuvo en décadas pasadas. Con un técnico que lo ha ganado casi todo en Europa, la expectativa crece, pero el fútbol de selecciones es terreno distinto: menos tiempo de trabajo, presión constante y un entorno político y mediático que supera cualquier club. Ancelotti lo sabe. Sus primeras declaraciones muestran prudencia, pero su experiencia indica que no tardará en dejar su marca, siempre serena y eficaz, en la selección más exigente del mundo.